Dejas atrás los canales, llegas al acceso a una finca regia, llamas al timbre, abren desde la cocina y entras por la puerta de atrás al tiempo que te recibe una tremenda escultura que te insta a guardar silencio. Impone tanto que te quedas sin palabras. Esa estampa compone una primera apariencia que, si no engaña, sí sugiere una realidad distinta a la que imaginas de inicio. Porque aquí no hay que guardar la compostura ni cumplir reglas. Ni siquiera las no escritas.

Se suceden las estancias de techos altos, los objetos vintage, los juegos de luces y, al fin, la cocina. Ahí están Matias Perdomo y Simon Press, dos chefs que sonríen tanto como hablan y ante la acogida, sólo deseas sentarte con ellos, brindar y empezar a disfrutar. Pero tú tienes tu espacio reservado en la sala y por mucho que curiosees entre ollas y demás vajilla, la pizarra con las comandas y la bodega soterrada, el bueno de Thomas Piras te acabará guiando hasta tu silla.

Los tres están al frente de Contraste, el restaurante al que ahora mismo hay que ir en Milán. Por diferente, interesante y hasta cierto punto irreverente. Porque juega a una cosa y a la otra; a los extremos; a las estridencias; y especialmente, a los trampantojos. Con un mensaje claro, pero sin darlo masticado. Ahí está sin ir más lejos el espejo de la carta, exento de coquetería y cargado de intención, justo antes de que sigas leyendo para decantarte por una u otra opción. ¿Quieres seguir con lo que ves o te atreves con lo que reflejas? La reflexión está echada. Si te dejas en manos de los cocineros, como hice yo, sólo querrán saber cuáles son tus apetencias para interpretarlas sobre el plato. Sin más preguntas que las que permitan eludir alergias y malos tragos.

Contraste Milán Milano Gastronomistas
Spaghettoni, ajo, aceite y guindilla. ©GuidoDeBortoli

En Contraste se practica la cocina a medida como expresión de libertad en un alarde de desnudez que sólo busca impactar al comensal. Con la provocación y el efecto sorpresa como constantes. Una propuesta a ciegas, si se quiere, si bien la memoria te hace ver la luz en ocasiones… Sobre todo si conoces los pasos previos de los tres socios y copropietarios de este nuevo restaurante. Me dejé llevar y ante mí aparecieron platos ya degustados, pero de los que guardaba tan buen recuerdo que bravo desde aquí para esos chefs por caer en la cuenta de mis primeras impresiones.

La carta y cada menú degustación ‘al gusto’ incluyen platos que reinterpretan la tradición italiana en ingeniosas composiciones que luego también cumplen en boca. Es el caso del donut alla bolognesa; el spaghettoni con ajo, aceite y guindilla; el risotto al azafrán; o los gnocchi de patata con anguila y burrata. Me resultaron geniales en su presentación los noodles de vieira y ese postre ‘paisajístico’ que Simon se sacó de la manga sabiendo de mi preferencia por el chocolate y la combinación de texturas. El postre Pulp Fiction, en cambio, no me cautivó tanto.

En Contraste el gusto evoluciona para volver a emocionar, también a partir del flash-back. Basta con seguir alimentando recuerdos y sueños, como los que han llevado a Matias, Simon y Thomas a tener ese lugar donde reciben como en casa. Así me hicieron sentir con su menú a medida, al que siguió una sobremesa junto a la escultura de la entrada a cuyo gesto me encomiendo para llegar al punto y final.


Contraste
. Via Giuseppe Meda, 2. Milán.
+39 02 4953 6597

Mi ubicación
Cómo llegar
Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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