Diez platos típicos (y no tan típicos) de Israel y dónde comerlos

10 platos típicos (y no tan típicos) de Israel y dónde probarlos

Israel es un país inclasificable de cuya historia reciente cuesta abstraerse cuando una se encuentra allí, probando su exquisita cocina, disfrutando del cosmopolitismo y amabilidad de sus habitantes y sorprendiéndose ante sus infinitos contrastes. Porque los últimos 74 años están constantemente presentes aunque nadie los mencione, de manera que el viajero va –poco a poco, a trompicones y sirviéndose de su intuición, de las pocas  herramientas que tiene y de alguna confesión por lo bajini–, haciéndose una idea probablemente vaga e imprecisa de cómo vive, de cómo siente un país que resulta fascinante desde el primer momento.

El puerto de Tel Aviv

Israel seduce por muchas cosas. En primer lugar, resulta una rara avis, al ser una suerte de Occidente rodeado de países musulmanes, porque en Israel nadie es de Israel (o no lo son sus padres, o no lo eran sus abuelos), lo que hace de este país un lugar decididamente cosmopolita, moderno, sin lugar a dudas seductor.

Cuenta con lugares como Tel Aviv, una hermosa ciudad mediterránea que parece repleta de profesionales liberales que se desplazan en bici para acudir a trabajos relacionados con el diseño, atestada de hermosas tiendas, restaurantes, cafés, museos, galerías de arte y un sinfín de encantos que atrapan al viajero intrépido. O como Jerusalén, una combinación singular entre las ciudades árabes y las modernas urbes europeas, donde conviven, separados por barrios, judíos, árabes y católicos y en cuyas callejuelas se puede palpar la historia de nuestra civilización.

Un rincón de Tel Aviv

Viajamos por primera vez a ambas ciudades para asistir al Open Restaurants, en Jerusalén, un certamen dedicado a la gastronomía que se celebró por última vez en 2019 –y que esperamos ver de regreso muy pronto–, un festival culinario urbano con eventos, showcookings, ofertas especiales y una serie de propuestas para poner en valor la ecléctica gastronomía de la ciudad.

La conclusión tras descubrir los placeres gastronómicos de Israel es que seguramente estamos ante uno de los países del mundo en que mejor se come, ya que en él se da una confluencia de tradiciones gastronómicas que lo convierten en un lugar muy especial.

Israel bebe del huerto mediterráneo, y su cocina es fresca y colorida, rica en frutas, verduras y hortalizas de gran calidad. Cuenta, además, con una gran influencia árabe, cosa que dota de exotismo, aromas y especias a su gastronomía, en la que confluyen además ingredientes de otros países: de los de los numerosos judíos que se instalaron aquí en la segunda mitad del siglo XX y que, todavía hoy, siguen llegando de todos los rincones del mundo. No es extraño, pues, encontrar también sabores argentinos o de la Europa del Este, por poner solo algunos ejemplos de esta coctelera de ingredientes,  texturas y, en definitiva, maneras de hacer y de vivir que es la gastronomía israelí.

Durante nuestra estancia recorrimos numerosos restaurantes y bares y descubrimos platos típicos de Israel que no conocíamos. Estos son algunas de las recetas que probamos y los locales en los que se pueden degustar. Empezamos el recorrido:

1- El challah, en Satya

Ubicado en la zona nueva de Jerusalén, Satya es uno de esos locales hipsters que abundan en el país, donde nada más llegar nos recibe el olor inconfundible del challah, el típico pan trenzado, riquísimo, muy presente en las mesas israelíes, que suele ir acompañado de diversas salsas para empezar a abrir boca antes de que empiece el festín.

En el caso de Satya probamos un pesto de cilantro, servido en un cuenquito en el centro de la mesa junto con otras salsas como la de yogur o una salsa de tomate, un buen ejemplo de la multiculturalidad inconfundible de la cocina israelí. Lo acompañaron de una hamburguesa de cordero, un pollo al grill y una coliflor frita con especias árabes muy interesante.

Otra curiosidad de Israel es que es tierra de vinos (el enoturismo, por tanto, es una gran actividad para los amantes de la gastronomía que visiten Israel),  cosa que resulta especialmente llamativa si se llega a este país procedente de los países de alrededor, todos ellos musulmanes y, por tanto, libres de alcohol.

2- Un pastelillo israelí, en David Pastry Shop

Atención a David Laor. Podría ser un hipster más de Nueva York o Londres, pero es un israelí formado en París en materia pastelera que decidió abrir una pastelería creativa y decididamente cool en un barrio industrial, Maraset Lion, ubicado a las afueras de Jerusalén. Ocho años lleva ya sirviendo cruasanes gigantes –su especialidad– a la parroquia y hace un par de años que se ha trasladado a su nuevo espacio, a pocos metros del anterior, dada la popularidad de la oferta.

Laor trabaja con ingredientes frescos, muchos de ellos clásicos de la pastelería francesa, y su pequeño y coqueto establecimiento cuyo olorcito nos llama a gritos es uno de los mejores lugares de la ciudad para disfrutar de un ‘ugat shmarim’, versión israelí del típico pastel ‘babka’ de Europa del Este elaborado con masa trenzada y chocolate. Los más atrevidos que visiten David Pastry Shop deben emprenderla con un cruasán XXL relleno de alcachofas, aunque también los prepara de brie y remolacha, o de crema de pistacho y chocolate, entre otros.

3- Un bagel típico de Jerusalén (y una comida vegana) en Atalya

Cualquier aficionado a la gastronomía y apasionado de los sabores mediterráneos debería desplazarse hasta la localidad de Ein-Karem, a las afueras de Jerusalén, para visitar a Atalya Ein Mor en su propia casa. De familia polaca y libanesa, la cocinera abre las puertas de la casa en que nació tanto para comidas privadas en grupos como para recorridos culinarios por la zona o para un exitoso brunch los fines de semana.

La suya es una cocina tradicional delicada que entra por los ojos, basada en ingredientes de primera calidad, donde hasta la más sencilla de las recetas muestra la sensibilidad de una chef que conoce al dedillo el producto que trabaja y siente un profundo apego a la tierra. De hecho, Atalya plasmó todos sus conocimientos culinarios, a base de historias y recetas, en un libro que le valió hace unos años el Gourmand Cookbook Award.

Ir a casa de Atalya significa sumergirse en la tradición gastronómica de Jerusalén, alejada aún de un Tel Aviv donde imperan las tendencias, y degustar, entre otras cosas, los típicos bagels de Jerusalén que la cocinera hornea personalmente. Estos bagels alargados, muy presentes en la ciudad, los inventaron los musulmanes, y en casa de Atalya podemos tomarlos solos o acompañados de las múltiples delicias que emergen de su cocina: hummus, seis tipos de mermelada, panes de espinacas, de orégano, de calabaza, zumos naturales, pasta de almendras, noodles y otras delicatessen.


4- Un señor hachapuri, en Hachpuria (Machane Yehuda)

El hachapuri no es un plato típico de Israel, ya que es una especie de focaccia sui generis propia de la cocina georgiana. Ocurre, sin embargo, que en Israel habitan miles de judíos procedentes de este país y de muchos otros, lo que ocasiona que múltiples establecimientos ofrezcan platos típicos de otros países. Este rasgo es también una de las señas de identidad de un lugar en el que abundan las cocinas del mundo, que confluyen, a veces solas o en ocasiones mezclándose con otras gastronomías, en un sinfín de restaurantes.

Hachapuria, donde degustamos este delicioso plato al estilo georgiano con queso fundido, huevo y otros ingredientes, es un lugar de culto en el emblemático Machane Yehuda, el fascinante mercado de Jerusalén que por sí solo ya merece una visita. Aquí suele haber grandes colas de parroquianos hambrientos deseosos de hincar el diente a un buen hachapuri disfrutando del aura informal e inconfundible de este ambientadísimo mercado en el que podríamos pasarnos horas y horas. Los acharuli, con un huevo en el que mojar pan, también son un hit y, como toda la carta, su precio es muy ajustado. Si es posible, lo mejor es reservar mesa en la terraza: la experiencia lo vale.

5- Un bocata de pan de pita en Dwiny

Seguimos el recorrido por el Machane Yehuda volviéndonos locos con su ambiente y sus colores, decidiendo qué delicatessen de las cocinas de todo el mundo vamos a adquirir o degustar in situ, e incluso parando a tomar un café o un zumo en alguno de sus establecimientos más modernos y contemporáneos. Podemos empezar por los tacos de Pepito’s, muy populares, seguir con las delicias iraquíes de Morduch (un clásico), hacer una parada en el obrador de Tali Friedman y disfrutar, tal vez, de uno de sus cursos, o hincar el diente a uno de los platos gigantescos que nos preparan en Azura.

También podemos hacer un alto en el camino en Dwiny Pita Bar, un local efervescente a más no poder donde su propietaria y alma mater, Dini Kasorla, nos va a deleitar con un sonrisón y nos va a preparar un rico pan de pita acompañado de los más diversos ingredientes. Tienen pescados, carnes y delicias vegetarianas y veganas y, como ocurre en el resto del mercado, es un buen ejemplo de cómo la cocina internacional más gamberra y callejera, desde Marruecos a Etiopía, Rusia o Argentina, elaborada con ingredientes del huerto mediterráneo, campa a sus anchas por todos los rincones.

No podemos abandonar el mercado sin alzar la vista y contemplar sus murales, que comenzaron siendo escenas bíblicas, y sin tomar una copa en el emblemático Jimmy’s, un pequeño rincón empapelado con fotos de famosos en el que ver las horas pasar en este mercado que, como suele ocurrir, en su día fue popular y hoy cuenta ya incluso con su propio tostadero de café y otros rinconcillos hipsters.

6- Un hummus (o lo que se tercie) en The Eucalyptus

Llevamos ya unos días en Israel y empezamos a habituarnos a eso de llegar a un restaurante y encontrarnos nada más entrar ante un flamante pan trenzado (challah), acompañado de un hummus o alguna salsa para mojarlo. El que prepara el chef Moshe Basson, un veterano de la cocina kosher, en su hermoso restaurante ajardinado donde cada plato parece una obra de arte, no tiene desperdicio.

Conviene visitar The Eucalyptus con el estómago vacío y ganas de hincar el diente a las propuestas kosher que prepara este cocinero de referencia en la zona. Aquí los platos son sencillos, muy mediterráneos, cocinados y presentados con una sensibilidad exquisita, que se aprecia mucho mejor si se degustan en su hermoso jardín lleno de flores. Ya sea la berenjena al horno con tahini, un delicado hummus, el ceviche oriental, el falafel de pescado o el fattoush, una ensalada típica libanesa: todo funciona en The Eucalyptus.

La carta es cambiante y cuenta, además, con numerosos platos de temporada que demuestran el compromiso de este cocinero y su equipo con el producto de temporada y proximidad. Una buena manera de reponer fuerzas, la mejor, tal vez, después de haber quemado las naves en el Machane Yehuda, con su adorable cocina de batalla.

7- Shakshuka y otras delicias de brunch en Benedict

Ya estamos en Tel Aviv, a quien muchos llaman la Nueva York de Israel, y aquí los ritmos, los tiempos y las costumbres son otros. Esta ciudad vibrante y cosmopolita, muy mediterránea, cuenta con tres restaurantes Benedict, donde si uno quiere se puede entregar al placer de un brunch a cualquier hora del día durante los siete días a la semana.

Nosotros escogimos este espacio ubicado fuera de la ciudad antigua, un buen lugar para comer 24/7 opciones que van desde un desayuno completo israelí (que recomendamos, aunque también tienen propuestas internacionales) a platos como el popular shakshuka, que podemos encontrar, en realidad, en prácticamente cualquier lugar. Es una especie de pisto de origen magrebí muy habitual en las cartas de los restaurantes, que lleva huevos, tomate, pimiento, berenjena y comino. Tomarlo con uno de los panes de Benedict es un auténtico placer.

8-Vinos israelíes en Bodega Amphorae

Llegamos a Bodega Amphorae, ubicada en la montaña Carmel, para pasear entre viñedos y asistir al proceso de elaboración de los vinos israelíes, que acompañamos de un buen surtido de quesos en su jardín con vistas. Sus responsables explican que su vino no es kosher, ya que ellos no son judíos practicantes y –bromean– «los sábados por la noche bebemos vino».  Para que un vino sea kosher, nos cuentan que un judío religioso debe sacarlo de la barrica.

Visitar esta bodega y degustar un aperitivo con vistas a la montaña es una buena manera de descubrir los vinos israelíes al tiempo que se disfruta de alguna de sus numerosas actividades: música en directo, catas, paseos, etc.

9- Pescados frescos en Hatzalbanim

Llegamos al Caesarea National Park, una ciudad romana cuyos restos se conservan aún más que bien, ubicada entre Tel Aviv y Haifa, visita obligada para los amantes de la historia y uno de los reclamos turísiticos más visitados de Israel. En Caesarea encontramos teatros, baños, un gran puerto, vistas, estatuas romanas, palacios y algunas construcciones que se encuentran bajo el agua, de manera que hay que bucear para verlas.

Fue aquí donde ocupamos mesa en el que ha sido nuestro restaurante preferido del viaje: Hatzalbanim, un despliegue de cocina mediterránea de mercado de raíz israelí, sugerente y divertida, que cuenta con un gran asador, bonitas vistas y unos pescados frescos cocinados con la técnica precisa que marcan la diferencia.

La presencia del puerto hace de Tel Aviv y sus alrededores lugares idóneos para degustar buenos pescados, de manera que si la vida nos lleva –y hagamos todo lo posible para que lo haga– a Hatzalbanim, lo mejor es pedir uno: sus empanadas de pescado o el shawarma de pescado de mar son algunas opciones.

10- Y la traca final: un cóctel de autor en Bellboy

Nuestro lugar favorito para pasar las largas noches en Tel Aviv comentando todo aquello que se ve pero sobre todo lo que no se ve es, sin duda, el increíble Bellboy. Esta coctelería que evoca los años 20  forma parte de la prestigiosa lista 50 Best Bars y no es que se encuentre en los bajos del pequeño hotel boutique Berdichevsky, sino que es el propio lobby del hotel, y es también ese lugar al que cíclicamente soñamos con regresar.

Su halo clandestino, sus cócteles de autor con envases peculiares y esa mezcla entre solemnidad y buenas vibraciones que se respira en su interior, hacen de Bellboy un sitio mágico, cuya carta me dediqué a probar –sí– casi enterita en mi visita a Tel Aviv y cuyos secretos, si a alguien le interesa, expliqué en su día en este post.

Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.