4 bodegas de Barcelona imprescindibles

La Barcelona gastro más auténtica, la que guarda los sabores de toda la vida, la que probaban nuestros padres y abuelos, está a buen recaudo en las numerosas bodegas populares que salpican los barrios de la ciudad. Pocas filigranas y mucho plato casero, del que deja un gusto largo en el paladar y en la memoria. Visitamos cuatro bodegas de Barcelona imprescindibles para que disfrutes de lo genuino.

1. Bodega d’en Rafel

“Esta es tu casa”, te suelta Rafel Jordan cuando pones los pies en su establecimiento. Y no lo dice como si fuera un compromiso, sino porque así lo siente y así te lo hace sentir. Rafel, un tipo afable donde los haya, compra en el vecinísimo mercado de Sant Antoni los productos con los que luego prepara unos platos caseros irresistibles. A saber: fricandó, cap i pota, pies de cerdo, empanadas de atún… Además, como va a menudo a su tierra natal, Astell (en el Pirineo), se trae de allí quesos, embutidos y carne ecológica. Lleva 33 años en el barrio, cuando recogió el testigo de su suegro, así que a él las modas gastronómicas se la traen al pairo. Él y su local de aspecto tronado ya estaban allí cuando Sant Antoni se puso de moda. Manso, 52.

2. Bodega la Palma

Ubicada en una pequeña calle del Gòtic, este negocio es casi tan histórico como el barrio, ya que abrió en 1935 como tienda de ultramarinos y en 1940 como bodega. Mira si tiene pedigrí que el ayuntamiento lo incluyó entre los 300 locales de la ciudad considerados como emblemáticos. Ahora es una gastrobodega en manos de Judit Giménez y el sumiller Albert Rial, lo que significa que miman un poco más los platos que sirven, aunque sin hacer fuegos artificiales, y tienen una carta de vinos muy pero que muy interesante. Me encantaron las gildas, muy suaves, y el botifarró de arroz con compota de manzana y las clásicas bravas, aunque hay que anotar también cositas más curradas como la caballa escabechada con verduritas y la remolacha al horno gratinada con queso de cabra, trufa y piñones. Ah, y los mediodías laborables ofrecen un menú de 13 euritos. La Palma de Sant Just, 7.

3. Bodega Bartolí

David Trueba, Joan Manuel Serrat, Carlos Latre, Josep Maria Bartomeu, Quim Monzó… no pueden estar equivocados. Y nosotros tampoco. Ya te lo avisamos de antemano: Bodega Bartolí merece una visita YA. Este establecimiento no solo vive de carisma e historia (abrieron en 1939), que los tiene, sino de una carta de-li-cio-sa que alcanza la categoría de excelsa cuando toca los caracoles y las setas. Así que, si lo ofrecen, no dudes en pedir los revueltos con rossinyols  o el fricandó o las albóndigas con setas. Y si pasas de caracoles y hongos, hinca el diente a tótems como los pies de cerdo, el cap i pota, la sepia con alcachofas o los calamares con cebollla y judías. El menú de mediodía cuesta 13 euros. Vallespir, 41.

4. Bodega Pàdua

Lo fácil sería hablar del frontal del 600 que cuelga de una de las paredes del local, o de la parte trasera de otro modelo de Seat que puede verse en otra. Pero mejor dejarlo como anécdota (es el local social del Club 600 Catalunya) y hablar de lo rica que está su cocina catalana casera, como los celebrados caracoles, los pies de cerdo a la catalana, el fricandó con setas, la carrillera de cerdo al horno… Ah y de su vermut artesanal. Por cierto, otra anécdota de este local que abrió en 1949: la fascinante colección de objetos vintage que guarda, desde radios y máquinas de coser hasta fotografías históricas de Barcelona. Sí, las barricas de vino también las puedes considerar como objeto vintage. Pàdua, 92.

 

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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