Ay, ay, la ‘Guía de buenas prácticas de manipulación y elaboración para el sector de la restauración’ promovida por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Estamos en Fase 1, hace calor y las terrazas han abierto. Fenomenal. Y resulta que esta guía establece que mejor “evitar raciones para compartir”. Esto me ha puesto un poco melancólico, como cuando, de golpe y porrazo, eres consciente que ya no vas a volver a tener 20 años nunca más.
Pero no es mi intención ponerme serio, sino exponer aquí una serie de cosas que espero que vuelvan ante la nueva normalidad. Y si podemos reírnos un poco de paso, pues mejor que mejor.

Las raciones. Empezamos por lo más obvio. Que sí, que me diréis que se crearán fórmulas novedosas y emplatados invididuales y que podremos seguir adelante, pero NO. Necesito compartir con amigos un plato de bravas o de ensaladilla rusa mientras arreglamos el país, discutimos sobre el cine de Robert Zemeckis o hacemos nuestro quinteto histórico de jugadores malos de la NBA. Tenedor contra tenedor, en el mismo plato… Una ración de calamares fritos es una ración de calamares fritos y pensar en que esto vaya a desaparecer para siempre jamás me toca la patatilla.

Las barras. De Nakeima a Casa Camacho. Acomodarse en un mostrador con personas al lado. Habrá quien no sea un animal de barra y preferirá la burguesa comodidad de una mesa, pero, ¡oh! las cañas servidas por el barman a la velocidad de la luz o los platos cocinados a menos de dos malditos metros de distancia. ¿Será esta la estocada final a los bares de viejos? ¿Y a los conceptos modernitos de barras gourmet? Ver veremos, pero me niego a un mundo sin barras. No puede ser que el alterne de pie vaya a desaparecer.

María y Xavi ante su alijo de pinchos. © Ferran Nadeu

Los pinchos. Me refiero a esas barras de pinchos ostentosas, con su aroma llegándote debido a la proximidad. Esa capacidad única de generar una necesidad. Están, por supuesto, las del País Vasco, pero también las de cualquier otra región con una calle dedicada a la francachela y el tapeo. ¿Estarán a partir de ahora parapetados tras una mampara de plástico? ¿Y que hay de la bandeja de pinchos que un camarero saca de la cocina en regiones como Asturias para obsequiar al cliente y que zigzaguea por todo el local hasta quedar vacía?

jamón ibérico monte nevadoLos platos de jamón. Pongo jamón, pero aquí puede incluirse salchichón, fuet, chorizo, cecina o cualquier otra delicia de origen animal y cortada para nuestro placer. ¿Hasta qué punto podremos seguir tomando ese jamón con las yemas de nuestros dedos? ¿Es que vamos a empezar a utilizar un tenedor?  Mira que he hablado con miles y miles de entendidos en el mundo del jamón, de productores a cortadores, y todos coinciden en una cosa: el jamón hay que cogerlo con las yemas de los dedos.

Los platos que son sí o sí para compartir. Aquí entran desde el cachopo a la tortilla de patata. Si a partir de ahora no se van a poder comer entre varias personas esos manjares, quizá sea el momento de aceptar la verdad: vamos a engordar. O eso o los cachopos comienzan a tener el tamaño de una croqueta. Y la tortilla de patata, el de un dado de parchís. Esto sí que va a ser la verdadera cocina en miniatura.

La sidra. El consumo de la sidra, siempre bajo sospecha. Por ser una bebida para compartir. Por ser una bebida que, por ejemplo en Asturias, se toma en la calle. Y porque hasta no hace mucho se tomaba con un vaso compartido entre todo el grupo. Lo que nos quedará tras esta crisis será una versión aún más descafeinada. Por no hablar de los litros o minis de ferias, fiestas y festivales de música. Se acabó, amiguitos. Es el fin del kalimotxo tal y como lo conocíamos hasta ahora.

Los actos gastronómicos caóticos. Hay eventos que se prestan a la ceremonia de la confusión. Estoy pensando en una agrupación de food trucks, una barbacoa, una fondue, un cóctel o cualquier otra celebración con comida y bebida en la que se pueda llegar a un momento de caos descontrolado. Del “¿dónde he dejado mi plato?” al “eh, esa copa de vino era mía”. Es la sal de la vida y parece que nos va a tocar seguir con ella. Eh, pero que todo bien. Es solo un momento para llorar por los soldados perdidos. Y seguir adelante. Aunque ya no haya platos de patatas ailoli para cuatro personas.

Banda sonora. REM – It’s the end of the world as we know it

 

 

Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

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