The Attendant o los lavabos públicos convertidos en un Café

The Attendant exteriorAcostumbrados a encontrarlos siempre al fondo a la derecha, estos lavabos, en cambio, están soterrados. Y ‘customizados’. Porque los artífices de The Attendant, una de las aperturas de 2014 en Londres, han recuperado unos WC públicos de estilo victoriano abandonados tras la Segunda Guerra Mundial para convertirlos en un coqueto Café con urinarios, cadenas y estilosas baldosas a la vista. Ante la angostura del espacio, la propiedad ha optado por mesas altas no excesivamente anchas y por una extensa barra complementada con taburetes para tener a los clientes bien alineados y ‘en sus puestos’. Las intenciones por guardar cierta relación con la apariencia original son todas y ahí es donde mejor se aprecia el valor del interiorismo. Bien resuelta la estructura de la entrada desde el exterior, sus escaleras te invitan a bajar y descubrir el interior. Normalmente repleto de gente con prisas pero con el tiempo justo para tomarse un espresso o un cappuccino rápido.

En estos antiguos retretes ahora ‘brotan’ flores, el ambiente es mucho más cálido de lo que solía ser costumbre y se sirven un café y unos sándwiches correctos. Sin mayores alardes. Tostadas -como las clásicas french toasts-, homemade pies y ensaladas constituyen parte del grueso de la oferta gastronómica de este local, con el que topas en mitad de la calle y nada te hace pensar cuanto esconde en sus bajos. Desafiando incluso al frío más demoledor, en The Attendant han habilitado una modesta banqueta como las que aguardan en cualquier marquesina de una bus stop para los que prefieren tomar algo al fresco, contemplando cuanto pasa en esta city.

The Attendant no es una cafetería al uso sino un Café al estilo del Somewhere Café del que ya hablé por aquí y de cuantos ya son tendencia en todo el mundo, como el Tom & Serg de Dubai. Un local en el que reparar, donde dejarse caer a cualquier hora del día y en el que ir al lavabo, of course.

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Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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