Un fin de semana descubriendo Nimes, la Roma francesa

Un fin de semana descubriendo Nimes, la Roma francesa

No es tan conocida como Montpellier, Marsella o Aviñón, pero vale la pena poner en el mapa a la coqueta ciudad de Nimes y disfrutarla en una escapada exprés. Un fin de semana da para conocer sus hotspots, degustar sus especialidades locales y tomar el pulso a la apacible villa. ¿El atractivo principal? Sus monumentos romanos destacan como los mejores conservados del mundo. El anfiteatro -”les Arènes”- y la Maison Carrée son dos de sus mayores orgullos. Con razón.

Nimes se ubica a tres horas y 40 minutos de Barcelona en tren. Renfe SNCF cuenta con dos frecuencias diarias: por la mañana para la ida y por la tarde para la vuelta. La estación de Nimes te deja al lado del centro, muy cerca del anfiteatro romano. Nos hospedamos en un apartamento con mucho encanto a medio camino: Appart’ City Nîmes Arènes.

Un paseo por lo más destacado de Nimes

En la Oficina de Turismo, situada frente a les Arènes, se pueden reservar visitas guiadas para conocer mejor la ciudad. En ellas, es fácil que te contagien la pasión de los nimeños por su pasado. Fundada en el siglo 500 a.C. por una tribu celta a los pies de un manantial, en el siglo I Nimes se convirtió en una villa importante del Imperio Romano. De ese periodo de esplendor, surgen algunos de sus monumentos principales y el nacimiento de un icono que aún perdura en la ciudad: el cocodrilo y la palmera. Fue usado en una moneda acuñada en Nimes tras ganar César Octavio a Cleopatra en la batalla de Accio (31 a.C.) y hoy todavía se usa como imagen de la ciudad. No pararás de ver en todas partes su versión rediseñada por Philippe Starck.

Merecen una visita:

El anfiteatro romano

Se construyó en el siglo I d. C. a imagen y semejanza del Coliseo de Roma, pero a una escala menor. Es el mejor conservado del mundo romano -cuenta con su elipsis completa- y acogía a 24000 espectadores. Era el lugar de encuentro de hombres y mujeres, de emperadores y soldados, de ricos y pobres. Su visita te dará a conocer detalles curiosos sobre los gladiadores y el estilo de vida romano y te derribará algunos mitos (pocos eran los gladiadores ejecutados, por ejemplo). Además, conocerás las diversas vicisitudes históricas por las que pasó el edificio: llegó a acoger una ciudad entre sus muros.

Lo mejor es que “les Arènes” aún cumple esa función de epicentro social, aunque con la mitad de espectadores: hoy acoge numerosos conciertos, espectáculos y las populares corridas de toros de Camarga (los mozos tienen que coger unos adornos que llevan junto a los cuernos). «Nosotros no matamos al animal», se defienden. Los nimeños tienen verdadera devoción por las corridas camarguesas, así que a lo largo de tu escapada encontrarás numerosas estatuas, pinturas y referencias a los toros y a los toreros.

Si te interesa mucho el mundo romano y quieres profundizar en el tema, no dudes en visitar el Museo de la Romanidad (Musée de la Romanité), al lado de les Arènes. Si no, pásate igualmente para disfrutar de su peculiar arquitectura contemporánea, creada por Elizabeth de Portzamparc: su fachada emula una toga de vidrio plisada.

La noria

Junto a les Arènes, llama la atención una noria gigante que te permitirá disfrutar de otro punto de vista del anfiteatro y de la ciudad y sacar a relucir ese niño o niña que llevas dentro. Al atardecer, mientras las piedras romanas se iluminan de colores cambiantes, la experiencia tiene algo de mágica.

La Maison Carrée

Un imponente templo romano, construido en el siglo I d.C en honor a los nietos adoptivos del emperador Augusto y epicentro del Foro. Su conservación también es soberbia. Fíjate en los capiteles. En la época romana se usaba como templo religioso -como indica su falta de ventanas-, pero posteriormente se usó incluso como establo. Una curiosidad: “maison carrée” significa “casa cuadrada”, aunque la estructura, de cuadrada no tiene nada, es totalmente rectangular. En el francés antiguo, la palabra “carrée” aludía tanto a los cuadrados como a los rectángulos.

En confrontación con la Maison Carré, luce un museo erigido por sir Norman Foster, quien trasladó las líneas romanas al estilo contemporáneo. Se trata del centro de arte contemporáneo Carré d’Art Jean Bousquet.

Los Jardines de la Fontaine

Construidos a partir del manantial que, gracias al pueblo celta, dio origen a la villa de Nimes. Agua, esculturas de estilo clásico y unos árboles preciosos teñidos del color otoñal, invitan a un paseo sin prisas. Hay que hacer una parada en el romántico Templo de Diana, las ruinas de un templo romano del que no se tiene apenas información. Tampoco la necesitas para disfrutarlo. Un pequeño salto a lo alto de la colina te permitirá disfrutar de la Torre Magna, que tuvo en su origen una función defensiva y que hoy nos permite disfrutar de unas bellas vistas de la zona.

Panorámica de los Jardines de la Fontaine
Templo de Diana.

El centro histórico

Entre les Arènes, la Maison Carrée y la Porta Auguste se despliega un entramado de callejitas peatonales, con rincones encantadores, bellas placitas y tiendas. Una curiosidad: la historia industrial de Nimes está fuertemente asociada con el textil (fíjate en la otra palabra usada para el vaquero: denim, ¿de dónde dirías que viene?). Independientemente de eso, vale la pena perderse por esta zona.

La excursión

Si vas con tiempo suficiente (no fue nuestro caso), puedes hacer una excursión al acueducto Pont du Gard, construido nuevamente en el siglo I d.C. y patrimonio mundial de la Unesco. Cuenta con una longitud y una altura excepcionales: 275 metros de largo por 48 de alto. Está a media hora en coche de Nimes.

Dónde comer cerca del anfiteatro

Le Table du 2

En la segunda planta de Museo de la Romanidad se ubica este restaurante de decoración chic y estupendas vistas al anfiteatro romano. Se trata de un bistrot firmado por el chef dos estrellas Michelin Franck Putelat que, además de renovar algunos platos clásicos, ofrece un menú diario imbatible, a 19,90 euros. Lo han bautizado “Au fil de temps”, consiste en un entrante, un plato principal y un postre y lo ofrecen los mediodías de lunes a sábado. Si quieres algo un poco más especial, cuentan con otro menú denominado “Au fil de l’Automne”, a 32 euros. 2 bis Rue de la République.

The Wine Bar Cheval Blanc

Un clásico imprescindible en la ciudad, regentado por Michel Hermet, quien además de ser emprendedor gastronómico también es un apasionado viticultor. Cocina tradicional donde encontrar algunas de las especialidades de la zona, que aquí sirven magníficamente bien, como la tapenade, la brandada de Nimes (el bacalao pochado en leche y con aceite de oliva se transforma en una crema untuosa que se puede degustar fría o caliente), paté de setas, la charcutería local y las carnes francesas (con especial predilección por los platos de casquería como la andouillete). Cuenta con diversas opciones de menú para comer y para cenar. 1 Pl. des Arènes.

Les Halles: una parada deliciosa

El mercado cubierto Les Halles es el lugar ideal para ir a conocer las especialidades gastronómicas locales y, claro, para comprarlas. Pero si hay un día especial para ir, ese es el domingo por la mañana, cuando los nimeños acuden en masa no solo para comprar, sino para disfrutar del «apéro» (o el vermut dicho a la manera francesa) y comer en las diferentes barras con las que cuenta el mercado.

Entre las muchas paradas con las que cuenta el mercado, te indicamos algunas interesantes:

Les Olives Daniel

En general, las olivas son aquí una institución en sí misma, especialmente las Picholine. Aquí podrás comprar no solo olivas y tapenade (de olivas negras o verdes), sino también brandada de bacalao al estilo nimeño.

La Fromagerie Vergne

Entre las multitud de oferta quesera -ya sabemos cómo se las gastan los franceses con este tema-, pregunta por la especialidad local les Pélardons des Cévennes. Se trata de uno de los quesos de cabra más antiguos de Europa, untuoso y herbáceo. También nos recomendaron un queso en forma de flor con olivas negras, muy rico.

Thierry Bosc Charcutier et Traiteur

Aquí podrás degustar la gardiane de taureau, un contundente guiso elaborado con toro de la Camarga, y los «Petit Pâté Nîmois», unos pastelitos de hojaldre rellenos de carne (ternera y cerdo) o de brandada.

Maison Villaret

Una panadería centenaria especialista en los Croquants Villaret, unas galletas crocantes elaboradas con almendra y perfumados con flor de naranjo: una verdadera institución dulce en la zona.

De izquierda a derecha: croquants Villaret, tapenade, brandada y queso Pelardon des Cévennes.

Otros restaurantes recomendables:

Le Ciel de Nîmes.

Ubicado en la terraza del centro de arte contemporáneo Carré d’Art y con excepcionales vistas a la Maison Carrée.  16 Pl. de la Maison Carrée.

Le Dé-K-Lé

Un bistrot con encanto y especialidades francesas como el foie gras de canard mi-cuit, el camembert rôti au miel, el filet mignon de cerdo la raclette o la burger con foie gras. 40 rue de la Madeleine.

La Bodeguita

En la bonita plaza de Assas, cerca de la Maison Carrée, un agradable bar de tapas y bar de cócteles (presumen de mojito). 1 Place d’Assas.

La Piazzeta

Pizzas y cocina italiana en general en una bonita plaza cerca de la catedral. 2A. Pl. du Chapitre.

Pinocchio

Otro italiano con encanto y una gran terraza. 29 Rue de la Madeleine.

The Bird

Bistrot con pasión por los productos locales y los vinos regionales. 2 Rue Tedenat.

 

Fotografías: Isabel Loscertales

Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.