La costa de Pontevedra es un lugar excepcional para pasar unas vacaciones, pues nos ofrece gastronomía, enoturismo, playa, naturaleza y, si lo deseamos, vida urbana para quienes tengan el mono. Hay mil restaurantes que visitar, platos que descubrir, vinos que probar, playas en las que perdernos y otros mil motivos para volar a Vigo y dejarse seducir por los mil encantos de Galicia, concretamente de esta zona costera con su particular microclima que son las Rías Baixas. Aquí van 3o, pero hay muchos más.
1- El vino. La Ruta do Viño D.O. Rias Baixas nos conduce a numerosas bodegas y restaurantes en las que reina el vino albariño, y donde podremos entender las particularidades de un brebaje muy ligado a un clima cálido y húmedo, que da lugar a estos vinos tan ácidos y veraniegos, frescos, frutales y deliciosos. La ruta nos descubrirá las cinco subzonas de la D.O. y nos conducirá a bodegas grandes y otras familiares y prácticamente artesanales, descubriremos desde los vinos más ‘mainstream’ a otros poco conocidos, desde bodegas ‘high-tech’ a pazos de ensueño… Y disfrutaremos, claro, de una de las joyas de la zona: sus albariños.
2- El clima. Pese a que Galicia suele tener un clima difícil, con frecuentes lluvias y cielos nubosos, la costa de Pontevedra puede presumir de un microclima muy preciado en toda la comunidad: a menudo llueve en Santiago y hace un día de playa en localidades como Cambados, Sanxenxo, Portonovo o Bueu. Las temperaturas son suaves, perfectas para poder disfrutar de la playa casi a diario, una playa, por cierto, que no suele estar excesivamente masificada pese a la afluencia de turistas que, sin duda, se nota en verano. El agua del bendito Atlántico, además, está fría, cosa que sin duda va a sacar de un plumazo a los mediterráneos que tengan la suerte de poder darse un chapuzón en la costa gallega del sopor existencial en que llevan semanas sumidos.
3- Vigo. Los urbanitas irredentos que, pese a estar de vacaciones, necesiten una dosis de asfalto para ser felices, tienen en Vigo una ciudad muy interesante, tal vez no la más bonita de Galicia pero sí la que tiene más vida cultural. El Casco Vello, antaño una zona degradada y poco recomendable, es ahora un reducto ‘hipster’ con restaurantes, bares y tiendas que han sabido conjugar a la perfección tradición y moderneo. Visita La Matina, La Colegiala, O Bañista y A mordiscos y comprobar esa voluntad de cosmopolitismo-que-no-pierde-las raíces, aunque si lo que te pide el cuerpo es pulpo, la calle Laxe es un caballo ganador.
4- Las Cíes. Sólo podrás acampar, porque estas islas a las que hay que llegar en ferry desde Vigo son un paraíso de playa y naturaleza asalvajada sin el más leve atisbo de urbanización. Salen en todos los listados de las playas más hermosas del mundo que elaboran revistas de viaje de los más diversos rincones del planeta, así que por algo será.
5- Santiago Ruiz. Fue el hombre que situó el albariño en el plano internacional hace más de cincuenta años gracias a un vino, que lleva su nombre, que el bodeguero elaboraba para amigos y conocidos en su pequeña finca. Hoy en día es una institución por su complejidad, su persistencia y su fuerte personalidad, además de por una etiqueta de estilo indiscutiblemente contemporáneo que no es más que el mapa que una de sus hijas dibujó para los invitados a su boda. Su bodega es un pequeño museo en el que se recogen enseres de cómo se fabricaba el viño antaño, de forma artesanal. Otras bodegas de visita obligada son Lagar de Cervera y la encantadora Quinta Couselo, un lugar en el que además es obligatorio quedarnos a comer en su preciosa terraza con vistas a los viñedos.
6- El marisco. Es, sin duda, una de los principales activos de la zona y probablemente su principal fuente de negocio. Si estamos de vacaciones y no nos importa madrugar, aunque sea un día, es una buena idea pasarse por la lonja de Portonovo, donde asistiremos a una subasta de marisco en la que aprenderemos muchas cosas, y vivremos una experiencia auténtica e inolvidable, de apenas 20 minutos.
7- ¿Y si mariscamos? Estamos ante una actividad que hay que hacer, sin duda, si nos gusta la gastronomía, la historia, las almejas y presumimos de ser personas intrépidas y con inquietudes. Y es que Guimatur, la Asociación Cultural «Mulleres do Mar de Cambados», organiza estas rutas para turistas en las que no sólo nos van a explicar cómo se marisca, sino que nos van a enseñar a hacerlo.
Aquí vamos a aprender todo sobre una profesión durísima pero con un punto de misticismo, practicada exclusivamente por mujeres, y vamos a introducirnos en el mar y recoger almejas con nuestras propias manos, mientras una de las ‘marisqueiras’ nos explica las particularidades de una práctica que suele pasar de generación en generación. En la playa de Cambados vamos a entender un poco mejor esa Galicia que todavía vive del mar, y a reconocer los diferentes tipos de marisco, y vamos a tener claro de por vida que si las mujeres que forman la asociación fundasen un partido político capaz de reflejar la inteligencia y clarividencia con que entienden Galicia, España y el universo, nosotros íbamos a votarlas de por vida. Lástima.
8- Un restaurante: Rías Gallegas, en el Hotel Louxo, en la isla de A Toxa, un lugar en el que tradicionalmente ha veraneado la alta sociedad gallega y que actualmente, por fortuna, suele estar al alcance de muchos. Este hotel a pie de mar con fantásticas vistas es un lugar perfecto para disfrutar de una cena basada, claro, en un marisco fresquísimo en un espacio elegante y muy agradable.

9- Y otro restaurante: el Club Náutico de Sanxenxo es lo más parecido al paraíso terrenal que vamos a encontrar en mucho tiempo, y allí, en su flamante terraza con vistas al Atlántico vamos a disfrutar de una panorámica espectaculares y de una dosis de marisco que no vamos a olvidar jamás. Si el pulpo del Rías Gallegas era un escándalo, aquí, de entre las numerosas ‘delicatessen’, nos quedamos con unas navajas que quitan el hipo.
10- Los pazos. ¿Y es que a quién no le gusta sentirse un poco Angela Channing? Lo cierto es que cuando caminas por alguno de los pazos abiertos al público que encontramos por la zona, muchos de los cuales cuentan con viñedos y bodegas propias, te sientes una malvada pero inteligente capataz de puño firme pero ciertos atisbos de humanidad. Una buena parada es Pazo Baión, un espectacular complejo presidido por una mansión hermosísima que en su día fue propiedad del narco Laureano Ubiña y donde se elabora uno de los albariños más cotizados de la zona, con el mismo nombre. Otro de ellos es Quinteiro da Cruz, una casa solariega del siglo XVIII cuyos jardines son lo más parecido que nos hayamos echado en cara jamás a los lugares por los que deambulaba Alicia, el personaje de Lewis Carroll. En este paraíso rodeado de camelias podremos disfrutar de un ritual del té que, por momentos, sólo por momentos, nos hará sentir en algún rincón de Londres y olvidar que nos encontramos en Galicia.







1 comentario
que hermosura, como estraño eso
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