En Mallorca han surgido unas cuantas perlas gastronómicas este 2020. Para mi gusto, todas más impresionables que cualquier ajuar de Majorica.
En este post voy a referirme a dos que apenas distan unos metros entre una y otra.
Son las cocinas de autor que albergan los “hoteles rurales” Ca’n Simoneta y Pleta de Mar, respectivamente. Ambas se están aún adaptando al nuevo escenario, tanto físico como contextual. Pero con tiento.
Dos apuestas personales de la propiedad que comparten ambos establecimientos por hacer de sus restaurantes un destino en sí mismo.

Estos días de pandemia abren exclusivamente para sus huéspedes, que llegan a este exquisito refugio del Este mallorquín con ganas de dejarse hacer pero también de hacer a su aire.

La decisión forma parte de la política de empresa de estos “hoteles rurales”, que buscan transmitir así una mayor seguridad e infundir más confianza a sus clientes.

Alojarse en cualquier ‘hotel Canyamel’, por cierto, no tiene precio. En especial en un año en que viajar se hace más llevadero -por no decir placentero- que nunca, pese a lo que divulguen otros medios.

En Ca’n Simoneta hay que saborear la cocina ‘mextiza’ de David Moreno, un talento al alza que deja una estrella allá por donde pasa… De hecho, participó de las que recibieron en su día Dos Palillos y Andreu Genestra.
Este ex Espai Sucre domina el equilibrio de los contrastes con sabores punzantes que gustan también al paladar menos avezado.
Tras una tímida aproximación al México lindo del que se nutre y provee, Moreno ya se atreve con un menú 100% de autor. Liberado del consabido tex-mex y de las licencias de un hotel de esta categoría, se expresa como siente. Fresco, gustoso y, cómo no, picante.

Una propuesta que merece más premio del que ya supone tener carta blanca para crear y recrearse en cocina. Lo tendrá. Tiempo al tiempo.

 


En cuanto al fichaje del brit Marc Fosh para el Pleta de Mar, la verdad es que el restaurante del hotel ha ganado enteros de una temporada a la otra
. La carta, en formato QR por ahora, presenta una personalidad que luego se percibe sobre el plato.
Los enunciados de producto (local), se describen lo justo para conseguir el efecto deseado. Sugieren y sorprenden a partes iguales. Sin grandilocuencias ni florituras.
Entre la materia prima excelsa, la manipulación mínima y el calor de la brasa se vertebra una oferta gastro que también contempla un menú degustación de temporada. Quizá la mejor muestra de la nitidez culinaria que firma Fosch en este oasis turístico y que ejecuta con precisión su equipo.

 

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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