La capital austriaca supone una tentación continua, con sus pastelerías exhibiendo gigantes huevos de Pascua y sus cafeterías tradicionales invitando a tertuliar frente a calóricas merendolas. De hecho, Viena es más popular por su vertiente golosa que por la sibarita: tienen especialidades como el Schnitzel que no deja de ser un escalope, por muy bien que lo hagan, o el Gulash, un contundente estofado de carne que sirven en las típicas tabernas o ‘beisl’ acompañados de una jarra de cerveza. Suena rudo y poco sofisticado, pero ¡tranquilos ‘hipsters’ trotamundos! porque la ciudad está comenzando a bullir con locales nuevos y cosmopolitas al estilo del Mitte berlinés. Algunas direcciones:

Daniel Bakery. En los bajos del hotel de diseño Daniel, una panadería-cafetería de lo más ‘trendy’ que ha sabido ganarse al público local con sus brunch del fin de semana. La combinación estilo industrial, elementos de madera y detalles reciclados (tambores de lavadoras a modo de estantes o palés a modo de mesas), han sido reclamo suficiente para atraer a una clientela joven y ávida de ambientes creativos. A eso hay que añadir una carta internacional sencilla, donde cabe una ensalada italiana, una burger a la americana o un falafel oriental; una irresistible vitrina de pasteles caseros –los hace una vecina del barrio, Elisabeth Razumovski-; y un buffet libre a la hora del desayuno (fines de semana hasta las 12.00 horas) por 17 €. Landstraßer Gürtel, 5.

Dachboden. De nuevo un espacio en un hotel nuevo y de diseño, éste muy cerca del Barrio de los Museos: el 25 hours. A la hora del ‘afterwork’, la gente guapa acude en tropel al lounge-coctelería de su último piso, al que vale la pena acudir sólo por las vistas de su terraza. Luz tamizada, música electrónica al ritmo del dj de turno y detalles circenses (todo el hotel está inspirado en el mundo del circo).
Lerchenfelder Straße, 1-3.
MuseumsQuartier o Barrio de los Museos. Ya quisiéramos para nosotros este recinto cultural, con una extraordinaria oferta abierta a la ciudad gracias a sus 70 instituciones. Exposiciones, teatro, danza, cine, presentaciones… y, claro, bares y restaurantes que, más que alta gastronomía, prometen un ambiente joven, bullicioso y divertido. Dos recomendaciones: el café-restaurante Halle, dentro del Museo Kunsthalle, con una carta internacional (sándwiches, risotto, entrecot…) y un ambiente informal dentro de un palacete; y el Corbaci, de cocina austriaca y un magnífico techo abovedado con mosaicos arábigos.

Café Sperl. Es obligada la visita a una cafetería tradicional, a pesar de sus precios a veces abusivos. Es una de las más bonitas. Mucho antes de que existiera el gin tonic, aquí ya inventaron el ‘perfect serve’ pero en versión café: lo sirven con su bandejita, con abundante espuma de leche y con su correspondiente vaso de agua. Y estando en Viena, toda operación bikini se va al traste. Cualquiera de los pasteles que pidas te llevará al séptimo cielo a pesar de los remordimientos. La Sacher es probablemente la tarta de la que más presumen en la ciudad, pero hay muchas otras recetas dulces igual de apetecibles. Gumpendorfer Straße, 11.
Nachmarkt. Este famosísimo mercado aglutina más de 120 puestos donde encontrar los productos y la cocina elaborada más variopinta: infinidad de aceitunas turcas, delicias italianas, ‘schnaps’ austriaco, frutas y verduras, restaurantes de todo tipo… Punto de encuentro de jóvenes urbanitas, el sábado acuden en masa a un rastro contiguo. Entre Karlsplatz y Kettenbrückengasse.





