Hoteles rurales fuera de lo común en Mallorca - Gastronomistas

Hoteles rurales fuera de lo común en Mallorca

La primera vez que leí «hotel rural» en alusión a uno de los hoteles de Mallorca que cito en este post no pude evitar sonreírme. Lo hice al revisitarlo y fijarme justo en esa inscripción. Fue entonces cuando comprendí que no le hacía del todo justicia. Que se quedaba cortísima, vaya.

Basta recorrerlos, perderse por ellos y soñar en ellos, que no con ellos, para darse cuenta de su excepcionalidad. Porque hay pocos como éstos en la isla.
Unos han puesto en práctica su acogida en plena pandemia; el resto (me) ha confirmado su singularidad incluso a pesar de la pandemia.

Los cuatro hoteles de este post son destinos en sí mismos.

 

 

Es Racó d’Artà.

Qué difícil se (me) hace describir un «rincón» tan especial… Para que te hagas a la idea, quédate con la panorámica cenital que abre este post.

Desde el acceso a sus dominios hasta la escalera que lleva a la recepción te pasarán por la cabeza unas cuantas (tele)novelas. Cuando descubras todo lo que se amaga más allá de su restaurante habrá transcurrido tranquilamente media mañana… Al tiempo.

Esta posesión típica de Mallorca es un canto a la vida slow. Desde por la mañana con la sesión de yoga en la casita donde verás cuándo empezó todo, al último chapuzón en su infinity pool o en la piscina del spa con vistas.

Bienestar mayúsculo junto a la reserva natural del Llevant mallorquín, entre 220 hectáreas que invitan a “conectar” con el entorno y olvidarse de todo lo demás. A tomar conciencia de lo que es un break o de lo que son vacaciones de verdad.

Saca tiempo para conocer su recóndita bodega y no olvides pasar también por los aseos de las zonas comunes. Son puro arte.

Para el desayuno y la cena confía en el producto 100% mallorquín que nutre su despensa, pero sobre todo, sus terrenos. Y en las habitaciones, aprecia la conciencia ecológica de cada amenity de Green Mood.

Descansa como si no hubiera un mañana durante tu estancia porque cuando la dejes atrás, la echarás en falta.

Can Simoneta.

Lo pisé por primera vez para conocer su restaurante, una joya del mismo nombre que tampoco deberías perderte en tu escapada a Mallorca. Su cocina “mexiterránea” es tan acertada como coherente, sabrosa y bien armonizada. Uno de los lujos, sin duda, de este “hotel rural” erigido sobre un acantilado.

Paséalo a gusto, independientemente de donde se encuentre tu estancia, porque irás asombrándote a cada paso. Entre el verde que todo lo envuelve, el azul turquesa de fondo y las atenciones del staff  te sentirás de veras privilegiado.

Aprovéchalo de la mañana a la noche porque tienes acceso directo a la playa -imagina su amanecer aquí-, piscinas varias y sauna al aire libre que podrás visitar incluso antes de irte a la cama. Palabra.

Siempre te acompañará una magnífica panorámica a lo largo de la vasta extensión que ocupa Ca’n Simoneta. Junto al mismo, por cierto, se halla otra de mis debilidades en Mallorca: el hotel Pleta de Mar de la misma propiedad.

 

Can Beneït.

Escribí en su día que este «agroturismo» está para santigüarse y me reafirmo. Enclavado en el valle de Binibona, en el corazón de la isla, se levanta como un auténtico fortín con numerosos puntos fuertes.

La piscina te parecerá lo de menos pese a encontrarte un tanto lejos de la playa. Porque aquí se viene a apreciar el recogimiento, la discreción y la calma para con todo. Y la naturaleza del propio entorno, con la sierra de Tramontana a lo lejos, incitándote a redescubrir el paraje.

Lo mejor de Can Beneït son sus terrazas panorámicas; tanto las que disponen las distintas estancias -apenas 11- como las de los espacios comunes. Su berenar con vistas es una delicia y ya no lo digo sólo por sus “huevos Beneït” sobre ensaimada del vecino horno Can Felip.

El aperitivo en plena hora baixa y la merienda recogida por ti mismo de sus árboles frutales quedan para el recuerdo. Como su capilla, donde espero que acojan en breve distintas celebraciones porque sé que las harán igualmente inolvidables.

Can Beneït dispone incluso de almazara, tan antigua como la misma posesión mallorquina, y ya ultiman una bodega para ofrecer también sus propias referencias vinícolas. ¡Brindemos!

 

 

Finca Serena.

Mi primera vez aquí, los viñedos aún no habían dado ningún fruto. Con el aceite de sus olivos, en cambio, salpiqué a gusto mis tostadas del desayuno. Éste incluye, por cierto, una de las mejores ensaimadas de Mallorca.

La gastronomía es sin duda uno de los atractivos de este otro lujoso hotel, que acaba de incorporar al chef Óscar Velasco -dos estrellas Michelin en el extinto Santceloni- como director de toda su oferta gastronómica. Es por ello que el restaurante Jacaranda de la propiedad ya sirve algunos de sus clásicos más célebres, como el jarrete de ternera o la caldereta de langosta.

Junto al cocinero in house, David Martínez, impulsarán también la despensa local y los cultivos propios. Esos mismos que en Finca Serena emplean en talleres gastronómicos para involucrar aún más a sus huéspedes con el entorno.

No renuncies tampoco a su spa, caddy mediante, ni a una siesta al fresco en la amplia terraza que precede a cada habitación.

 

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.