Dicen los que conocen el restaurante Impar, ubicado en la planta baja del hotel Sofía, que a estas alturas sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de las inmediaciones de la Diagonal a la altura de María Cristina. Es cierto, porque Impar es un restaurante más que solvente que consigue agradar incluso al visitante más exigente sin ser rompedor en nada, y ese es precisamente su mérito.
Su carta es un despliegue de cocina de mercado bien entendida, con pocos ingredientes, buenos, de proximidad y bien trabajados, y su interiorismo resulta agradable y acogedor sin estridencia alguna. En su carta encontramos también, como se espera de un hotel de sus características, alguna pincelada de cocina internacional destinada a satisfacer a los turistas que cada día ocupan asiento tanto en su comedor abierto y agradable, de marcado carácter mediterráneo, o en una barra que da juego a todas horas.
Y así, sin ofrecer ninguna receta mágica, Impar consigue meterse en el bolsillo a un comensal que pretende comer bien, sano y de mercado sin aglomeraciones ni prisas. Porque aquí no se busca la creatividad, ni falta que hace: su carta es una sucesión de platos generalmente populares, todos ellos muy trabajados, que resultan reconocibles y a su vez apetitosos para un público formado por locales y turistas.
No olvidemos, además, que el servicio de sala de Impar es propio de un hotel de lujo y eso siempre suma. Un hotel que hace unos pocos años pasó de llamarse Princesa Sofía a simplificar su nombre y, con este gesto, abandonar también el clasicismo para ir adoptando un aire más moderno y contemporáneo sin renunciar a la sofisticación.
El restaurante Impar parece responder precisamente a la misma pulsión que llevó al hotel a recortar su nombre: la de alzarse como un hotel de lujo que no asuste a aquellos que no suelen frecuentarlos.
Así pues, cualquiera que esté dispuesto a invertir unos 40-45 € por comensal puede disfrutar de una buena cena en Impar (también en su concurrida terraza, ideal prácticamente en cualquier época del año), con platos que van desde unas croquetas de ibérico caseras a unas gambas fritas a la andaluza, la tortilla de patata recién hecha, unas bravas con salsa de tomate natural picante y alioli o unos chipirones a la andaluza, por mencionar solo algunos de sus entrantes.
Frituras exactas, cocciones correctísimas y una buena materia prima nos dan una idea de la solvencia de los platos principales. Un arroz de pollo con cremoso y espárragos y azafrán es uno de los platos que demuestran el buen dominio de los tiempos del chef ejecutivo de la casa Roberto Holz, responsable también de una oferta de desayunos interesante.
Otros platos principales que merecen la pena son el ramen con ibérico, setas, pasta miso y huevo o su selección de carnes, desde la costilla de cerdo lacada con encurtidos o el solomillo de ternera con tatín de chalotas y salsa cortada.
Entre sus postres, destaca la crep con crema de cacao y plátanos, el mousse ligero de chocolate con haba tonka y fruta o un tiramisú de la casa. Todos ellos son caseros y entre ellos no puede faltar la crema catalana de rigor.
Tienen también un muy buen café y eso no ocurre todos los días. Y si encima el espacio invita a paladearlo sin prisas y a alargar la velada con una buena sobremesa, el éxito está servido.
IMPAR
Plaça de Pius XII, 4.
08028 Barcelona
Desayunos de 7 a 11 h. Almuerzos y cenas de 12.30 a 23.30 h.
Precio medio: mediodía 45 € y cena 65 €.






