Imprevisto es el proyecto compartido de cuatro socios (tres italianos y uno ecuatoriano) que coincidieron en su día en el equipo del restaurante Caelis (al mando de Romain Fornell, con una estrella Michelin). Lo que empezó como la fantasía compartida de abrir un local propio en Barcelona, donde sin perder la estela de la alta gastronomía pudiesen desarrollar un proyecto más personal, acabó convirtiéndose sin saber bien cómo en una realidad. Una realidad llamada Imprevisto, un nombre que dice mucho sobre lo que vamos a encontrar en este coqueto restaurante del Eixample de aire clásico pero espíritu decididamente contemporáneo.
En Imprevisto todo es una sorpresa desde que nos recibe sonriente la jefa de sala Isabella Vivarelli, que nos conduce a una mesa donde nos servirán un menú degustación del que no sabemos absolutamente nada. Así es la fórmula de Imprevisto, que cuenta con dos menús degustación (uno largo de 10 pases y otro corto de 7, a un precio de 65 € y 47 € respectivamente, sin incluir las bebidas), de los que no sabíamos nada previamente, más allá de un breve cuestionario sobre alergias, intolerancias y preferencias a la hora de hacer la reserva. Se trata de que todo sea, como su nombre indica, imprevisto.
Su cocina es juguetona y creativa pero ejecutada con el rigor de dos chefs (Lucca Pinna y Raffaelle D’Avico) forjados en la cocina de Caelis. Esto implica un conocimiento preciso de las técnicas y los productos, pero también muchas ganas de huir del corsé de lo que se espera de un lugar con estrella Michelin ubicado en el mismísimo hotel Ritz.
También tienen carta, que funciona solo a mediodía, pero a quienes les va la marcha deben escoger ese menú que supone un viaje a través de la imaginación de unos chefs capaces de crear una propuesta sin parangón en la ciudad. Y es que tras comer en Imprevisto, aunque si bien nos recuerda a otras propuestas que parten de la gastronomía de altos vuelos para llevarla a un lugar, sin duda, más divertido, llegamos a una conclusión que no es habitual: no se parece a nada.
Mención aparte merece una carta de vinos seleccionada con rigor por el sumiller Alberto Jaime León, el ecuatoriano de la crew, cuyo paladar recorre el mundo para ofrecer joyas poco conocidas pero también numerosos vinos catalanes. Y es que lo ideal es optar por el menú con maridaje, que permite degustar joyas como un Riesling de Ansgar Clüsserath, perfecto para acompañar el pan con aceite de oliva virgen extra de montaña Rifer Montseny que da comienzo a la aventura.
Así, con esa explosión de contrastes en el paladar, comenzó el viaje por un menú de 7 pases en el que todos los platos eran sorpresa y que nos enviaron al día siguiente por Whatsapp, como a todos los comensales que lo solicitan.
Lo realmente destacable de Imprevisto, más allá de un storytelling singular y de una cocina que bebe de la tradición mediterránea pero acaba siendo inclasificable, es que todo está muy bueno. Mucho. Es decir, que acostumbrados como estamos a locales con discursos magistrales y platos pensados al milímetro que a la hora de la verdad no llegan a emocionarnos, en Imprevisto sí que se obra el milagro: su cocina nos emociona. Incluso algunas combinaciones aparentemente heterodoxas y que (para qué mentir) nos generaron ciertas dudas cuando llegaron a la mesa resultaron ser, más allá de consideraciones intelectuales, simplemente deliciosas.
Sirva como ejemplo el pani puri con crema de alcachofa y bottarga con el que arrancó el menú, o la caballa curada con salsa catalana, berros y shiitakes confitados. Nos encantó el magret de pato Aylesbury de bellota con puré de boniato, mole cítrico y naranja a la llama, una carne sorprendentemente jugosa que adquieren a Ànec 5 Aglans, un productor del Lluçanès, un buen ejemplo del rigor con el que el equipo de Imprevisto selecciona a sus proveedores.
Nos gustó también la berenjena thai con salsa de zanahoria en escabeche, vino Porto, avellanas y guanciale crujiente, un guiño a la Italia natal de los chefs pero también a las cosas que les gustan, desde el Alto Douro a los mercados callejeros de BangKok.
La corvina salvaje a baja temperatura resultó un gran plato para medir el pulso de los cocineros, puesto que es fácil que quede seca e insípida o bien que acabe siendo enmascarada por su guarnición. No fue el caso. De hecho, la crema de Parmiggiano Reggiano madurado 24 meses de la que se acompaña no hace más que potenciar su cocción perfecta, igual que la delicada crema de kale que acaba de redondear el plato.
De postre comimos cremoso de gianduja con gel de fruta de la pasión, bizcocho de chocolate y crujiente de almendra (perfecto para todos aquellos a los que no nos gustan los postres muy dulces). Una propuesta que demuestra, como el resto, que Imprevisto es un lugar donde se cocina sin ideas preconcebidas y sin límites autoimpuestos, y donde se mira al mundo para traerlo al Mediterráneo.
Imprevisto
C/ Bailén, 104
08009 Barcelona
Tel. 931 451 152
Horario: De martes a sábados, mediodía y noches (cocina de 13.30 – 15.00h y de 20.00 -22.00h). Cerrado lunes y domingos.
@imprevisto.restaurant
Menú degustación 7 pasos: 47 € (bebidas no incluidas).
Menú degustación 10 pasos: 65 € (bebidas no incluidas).
Precio medio carta de mediodía: 40 €






