Vamos a abrir un melón: sin duda, estamos viviendo en la edad de oro del delivery. Pero eso no quiere decir que todo valga. Tanto los restaurantes tradicionales como los de nuevo cuño están adaptándose a un momento único y la oferta es amplísima. Pero nos hemos dado cuenta de que no todo vale: hay recetas que no viajan bien. Por eso, hemos seleccionado aquí siete opciones que creemos que no compensa pedir a domicilio.

Frituras en modo ‘street food’
  • Frituras. La gran debilidad del ‘delivery’ tradicional. Si siempre que pedimos hamburguesas con patatas fritas, las patatas llegan chuchurrías y medio frías, esto ya nos da una pista sobre lo mal que viajan frituras andaluzas, croquetas o tempuras. Solo algunos auténticos pros como Nino Redruello con su escalope Armando han conseguido cuadrar el círculo. Así, el escalope revive mágicamente con unos segundos en el horno. Pero es una excepción. En general, las frituras viajan regulinchi.
  • Platos que se acaban en el momento. Nos lo contaban los chicos de Sr. Ito (Madrid), que montaron su delivery durante el confinamiento. Nos explicaron que aunque su nigiri de anguila flambeado es uno de sus grandes éxitos, no lo mandan a domicilio. Claro, tendrían que mandar al cocinero con el soplete para que lo rematara allí y eso no puede ser. Esto vale para cualquier otro plato de los que requieren un toque final a base de braseado, gratinado o cualquier otra técnica. La versión que va a a llegar a nuestra casa no será la misma.Coca tostada de ahumados, sardina y algas-verduras texturizadas y Gamoneu_Arbidel_Gastronomistas
  • Platos con mucho montaje. Imaginemos la típica tosta en la que sobre el pan va un trozo de queso, encima una picada de tomate y a lo mejor, hasta un poco de cebollino cortado, trufa, etc. Los platos con montaje vertical suelen venirse abajo con facilidad y, por mucho cariño que le ponga un rider, lo más seguro es que llegue desmoronado. Lo mismo suele pasar con bocadillos con numerosos toppings, brochetas demasiado espectaculares o pinchos que crecen cual rascacielos. Llegan como llegan.
  • Baos. Por muy ricos que estén los baos, creemos firmemente que es el típico producto que no aguanta un viaje. Algo ocurre con esos panecillos al vapor en cuestión de segundos que los convierte en bocados poco apetecibles. Baja la temperatura y el pan blandito y esponjoso se convierte en porexpan. Mejor tomarlos siempre en el local de turno.
  • Carnes a la brasa. Otro drama de los gordos. Si en un buen restaurante con brasa o con parrilla ya te advierten que no te duermas en los laureles, imagínate en un ‘delivery’. Aunque el repartidor vaya a 200 por hora, lo más fácil es que la carne llegue ya fría, con la grasa endurecida y acabes tomando una suela de zapato.
  • Mousses y espumas. Cualquier plato que tenga alguno de estos dos elementos va a acabar llegando a casa sin parecerse en nada al original. Los mousses y las espumas duran un suspiro en alto y lo que sube, también baja. Seamos realistas: transportar una mousse de limón o un plato con espuma o con aire de nosequé es virtualmente imposible.
  • Ensaladas de hoja verde. Cualquier packaging recuece la hoja verde y reduce su atractivo hasta límites inconcebibles. La hoja que en el restaurante resulta tersa, crujiente y sabrosa llega blandurria, calentorra y poco sexy. Las ensaladas, mejor hacerlas en casa si no queremos comernos un amasijo verde sin ninguna gracia.

Banda sonora. Babyshambles – Delivery

 

Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

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