Cocina sobre ruedas en la 'tierruca' - Gastronomistas

Cocina sobre ruedas en la ‘tierruca’

Lejos de quedarse en el típico restaurante de carretera, La Bicicleta ya es más destino planificado que lugar de paso. De hecho, si uno no anda con ojo puede pasárselo fácilmente en un pueblo que apenas ocupa unos kilómetros de recta. Está en Hoznayo, Cantabria, entre viales varios pero bien rodeado del verde que tanto oxigena la tierruca. La propiedad se ha esmerado en hacerlo visible desde lo alto e incluso cuando todos los gatos son pardos. Porque es precisamente por la noche cuando recobra su mayor encanto -sobre todo en verano- y cuando más apetece comer en su terraza, que aunque bien delimitada, mal iluminada. Tanto es así que mi primera vez allí tuve que cambiar de mesa para poder leer la carta…

La Bicicleta lleva ya dos años en marcha y su cocina va, nunca mejor dicho, sobre ruedas. Cristina y Eduardo, la pareja al frente del negocio, han conseguido armar en tiempos revueltos un equipo que no sólo participa del restaurante sino que también pedalea con ganas para llevarlo cada vez más lejos. El perfeccionamiento aquí es continuo y un estímulo tanto para el que cocina como para el que come lo que se cocina. Doy fe, porque justamente conocí a parte del grupo devorando ponencias en un congreso gastronómico, de que el ansia de mejora de esta gente es constante. Si alguien o algo no funciona, se esforzarán por mejorarlo o por cambiarlo. Sin manías. Son de esa clase de emprendedores a los que empuja más la pasión que la razón. El mero hecho de viajar por el mundo en sus contadas vacaciones o de navegar por la red para ver qué se cuece en otros lados ha permitido a la pareja saber qué es lo que no quiere para La Bicicleta.

Las rabas de pulpo salen tanto como la hamburguesa de rabo de toro y foie.
Las rabas de pulpo salen tanto como la hamburguesa de rabo de toro y foie.

Así es como poco a poco han hecho de su remozada casona del XVIII una bucólica parada y fonda donde pijos, modernillos, surferos y mamas&papas se explayan a gusto en territorio de camioneros.

El hecho de cuidar tanto la forma como el contenido de cada plato y de propiciar una vuelta de tuerca respecto a la oferta circundante erigen este lugar en estandarte de la más coqueta ‘neococina’ local. Su carta para mayorías es un envoltorio más de cuantos adornan el restaurante. Distingue entre el picoteo y la degustación pausada, excluye todas esas veces que la cocina se va por las ramas para que las cante el personal de sala y especifica las particularidades de algunas propuestas.

La calidad de producto es la obsesión de la casa y en ciertas elaboraciones queda al descubierto esa intención de reinterpretar recetas consabidas, como ocurre con las rabas de pulpoLa Bicicleta practica cocina de mercado a partir de proveedores locales pero también de aquellos que están más allá de su km.0, como es el caso de Triticum, cuyo pan incluso se echa de menos ante según qué plato…

El hummus del aperitivo actual resulta un acierto dados los primeros tempos del servicio. En mi última visita le siguieron la tosta con yema a la plancha, jamón de pato y pimiento verde frito y una ensalada de ibéricos con frutos secos. Platillos sin complicaciones de esos que siempre acabas diciendo que podrías hacer tú misma en casa…hasta que llega a la mesa la hamburguesita de rabo de toro y foie y te (me) hace callar la boca.

bonitoencebollado
El bonito encebollado era esa noche el pescado fresco del día.

La clientela habitual suele conformarse con dos o tres platillos para picar, pero mi adn gastronomista me pidió más. Esto es, un timbal campestre que se traduce en un revuelto de morcilla, jijas, patata y huevo de corral; y un bonito del Cantábrico encebollado en su perfecto punto de cocción. Raciones contundentes que no me impidieron llegar al postre. El apartado dulce, todo de factura casera, se va agotando a medida que avanza el servicio, al igual que otros platos de la carta. Me ocurrió con el tartar de aguacate, tomate y queso de cabra y con la pera en salsa toffe con teja de almendras y helado de vainilla, por lo que para el punto y final me decanté por la crema de yogur con salsa y helado de frutos rojos, que hubiera preferido precisamente más cremosa.

Para afrontar la sobremesa o finiquitar la velada quedan tanto la terraza junto a la que descansa el diminuto huerto de la propiedad como las mesitas al fresco frente a la fachada. La amplia barra del interior del local, en cambio, sirve de preámbulo o bien de consolación cuando te has quedado fuera del cupo de reservas. Este último es el reducto privilegiado para tomar algo rápido mientras observas (con o sin disimulo) cómo se las ingenia en cocina ese ‘pelotón’ que mantiene en tan buena forma al restaurante.

 

Lo mejor: La puesta en escena, la calidad de producto y las raciones.

Lo mejorable: La iluminación de las mesas más íntimas de la terraza, el pan de la «hamburguesita» y el número de apartados de la carta.

 

La Bicicleta. Barrio La Plaza, 12. Hoznayo, Entrambasguas. Cantabria.
Teléfono: 942 52 45 38
Horario: En agosto, abierto de martes a domingo, mediodía y noche. Lunes, cerrado. El resto de meses de verano y en primavera, el restaurante cierra también el martes. En otoño e invierno abre de miércoles mediodía a domingo noche.
Precio medio: 30 euros.

 

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.