Sète: guía de sus mejores restaurantes a buen precio
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Sète: dónde comer en el paraíso del pescado y el marisco

“He ido este finde a Sète, y ha sido un descubrimiento maravilloso”. Entusiasmado, me dispongo a contar como ha sido mi escapada a esta pequeña ciudad de la costa del sur de Francia. “¿Sète?”, me preguntan los amigos. Sí. Sète, queridxs. La ciudad natal del cantante George Brassens y del poeta Paul Valéry está a tres horas en tren desde Barcelona a bordo de un Renfe-Sncf, unos 30 kilómetros por debajo de Montpellier. Es decir, que está más cerca que de València, por ejemplo. Y sin embargo, es tan desconocida… Y tan encantadora y tan rematadamente gourmet

A la Venecia del sur, como la conocen en el país vecino por sus canales, hay que ir por muchas razones, pero la gastronomía es una de las principales. Y en tren es muy cómodo, pues sales del centro de tu ciudad y llegas al centro de Sète, sin tener que facturar maletas y sin estrés. Te subes y te llevan.

Hay otras razones por las que visitar Sète. Por ejemplo, por las justas náuticas, una versión de las justas medievales en las que dos marineros (en vez de caballeros) se enfrentan con una lanza y un escudo de madera a bordo de sendos barcos de remeros (en vez de caballos). Un espectáculo gratuito que se celebra los fines de semana de verano.

Pulpo, ostras, mejillones, atún…

Eso sí, ya te aviso de antemano: si no te gusta el pescado ni el marisco, deja de leer. Pero si disfrutas con el pulpo, las ostras, el atún, los mejillones, la dorada… querrás quedarte a vivir una temporada. Con decirte que la plaza del ayuntamiento está presidida por la estatua de un pulpo gigante… Un reflejo también del carácter de sus habitantes: alma mediterránea, espíritu afable, alegre, simpatía a raudales. ¿Franceses? Oui!! ¡Pero de Sète!

Pero es normal que aquí mande el pescado y el marisco porque ya antes de que Luis XIV hiciera levantar de la nada la ciudad en 1666 para dar salida al canal du Midi, que une Mediterráneo y Atlántico (Toulouse), aquí faenaban pescadores desde tiempos inmemoriales. Y los italianos, que llegaron a mediados del siglo XIX trajeron consigo la tielle, una especie de empanada (la masa en este caso es más esponjosa) con pulpo, pimentón, sofrito de tomate y cebolla que ahora come todo quisque en Sète. Basta con ver a sus gentes pasear con unas cajitas como de pizza que guardan en su interior este manjar que tantas versiones tiene hoy en día.

Mercado para particulares en la lonja

Sigue siendo un puerto pesquero de primer orden, y basta con visitar el mercadillo junto a la lonja, en el llamado ‘quai de la Marine’, para comprobarlo; allí, los pescadores venden sus capturas a los particulares. Lo saben bien las gaviotas que merodean el espacio aéreo.

Te propongo 10 paradas en Sète donde disfrutar de la gastronomía hasta límites insospechados. Antes o después, te recomiendo dos cosas: que te embarques en el bote que hace el Canauxrama (navegación panorámica por los canales durante 45 minutos por 11 € los adultos y 6 los menores de 12 años). Y que subas Le Mont Saint-Clair, cuyos miradores a 182 metros de altura (el homónimo y el de les Pierres Blanches) te permitirá ver y entender mejor esta ciudad. A un lado, el mar, al otro, la laguna de Thau, de donde salen ostras, mejillones y navajas que zampas en cualquiera de sus bares y restaurantes. ‘Bon appetit’!

 

1. Les Halles

El mercado es una visita obligadísima. Los puestos son un auténtico espectáculo, con una calidad del género, sea fruta, verdura, pescado, carne, platos preparados o delicatessen varias que son pura tentación. Muchos de ellos tienen zona de degustación. En Les Halles (rue Gambetta), las ostras van que vuelan.

Halles et Manger. Es uno de los dos únicos restaurantes donde te sirven en la mesa. En este, te preparan los platos en funcíón de lo que encuentran en el mercado. La ‘lamelle de seiche au chorizo et ses légumes de saison’ es su hit: fríen un choricito y luego pasan por esa sartén la sepia. Otra curiosidad interesante es el ‘halles et retour’: compras la carne en el mercado y te la preparan por 7,5 €.

The Marcel. El segundo restaurante de Les Halles es este, con una barra y un pequeño espacio para degustar la ‘cuisine de chef’ Fabien Fage, con una estrella Michelin por otro restaurante homónimo en Sète (también tiene un tercero llamado The Rio, del que te cuento más adelante). Puedes comer sus platos elaborados allí o llevártelos contigo.

Giulietta. Referencia en la ciudad por sus tielles. También tienen un local en Petit Paris, solo para llevar, donde lo petan con  la tradicional y con la de berenjena, tomate y queso parmesano.

CianniOtro hot spot en lo que a tielles se refiere. Están en el mercado con este puesto pero hay otro en la no muy lejana calle de Mario Roustan.

La Boutique Dassé. Otro puesto del mercado especializado en tielles.

La Poulperie. En una calle adyacente está terraza nuevo cuya carta está consagrada al pulpo: carpaccio, a la gallega, en un arroz, a la parrilla… Solo abre de abril a septiembre.
2, Ter rue Alsace-Lorraine.

Bien Venu. Restaurante pegado al mercado que sirve cocina internacional bien elaborada. Gazpacho y humus están en la carta. 9, rue Gambetta.

Le Barajo. Bar de ostras con una concurrida terraza frente al mercado. Un sitio con ambientazo para sentarse y ver la vida pasar mientras comes unas ostras y unas navajas y unos mejillones gratinados o una tapenade de anchoas. La carta de bebidas extensa. 2, rue Gambetta.

Café Lumière. Contiguo a Le Barajo, tiene una oferta gastronómica y una terraza similar. 4, rue Gambetta.


2. Grande Rue Mario Roustan

Es la milla de oro de la gastronomía de Sète, a rebosar de tiendas y restaurantes que te harán salivar en cero coma.

Maison Politi. El paraíso de las delicatessen italianas: pasta que hacen ellos mismos, limoncello, aceites, arroces, vinos, quesos, embutidos y platos preparados como ñoquis, melanzane parmigiana, lasaña… que puedes llevarte a casa o calentar en su microondas para comértelo en una mesita frente a una ventana con vistas al canal Royal. 23, Grande Rue Mario Roustan.

Sophie Cianni & Co. La bisabuela Adrienne fue la primera en vender tielle en Sète. Siguen haciéndolo sus descendientes. Las hay de varios diámetros, con precios a partir de 2,90 €. 19, Grande Rue Mario Roustan.

Leelou Bistrot et Gourmandises. Restaurante de cocina de mercado creativa con productos frescos donde solo puedes comer porque no sirven cenas. Hacen brunch los sábados. Su coqueta sala tiene dos ventanas que dan al canal Royal. Y si te gusta su decoración, que sepas que puedes comprar cualquier accesorio. 29, Grande Rue Mario Roustan.

Maison Janicot. En esta institución gastronómica de Sète se autodefinen como épicerie gourmande y les faltaría añadir que con encanto. Venden los mejores bocados del mundo en un ambiente retro. Si levantas la cabeza verás unos cuantos jamones 5J colgados del techo. 18, Grande Rue Mario Roustan.

La Crèmerie Marie-Anne Gros. Venden quesos de pequeños productores. 3, Grande Rue Mario Roustan.

Le Gascon. Charcutería artesana de gran calidad. 9, Grande Rue Mario Roustan.


3. Rue André Portes

Callejón muy gastro cerca del mercado donde casi cualquier restaurante es de calidad.

Fritto. Restaurante diminuto especializado en pescaditos fritos, siempre adquirido ese mismo día en la lonja. 11 rue André Portes.

La Prohibition. Cocina ‘gourmande’ con especialidades de Sète. Es tan popular que hay que reservar mesa con antelación. 14 rue André Portes.

L’Arrivage. Uno de los restaurantes más caros de Sète. Pese a sus tarifas, su cocina creativa merece la visita. 13-15 rue André Portes.


4. Place Léon Blum

Es la plaza donde está la sede de la alcaldía de Sète. La foto de la fachada del ayuntamiento, con la bandera francesa ondeando de fondo con la escultura del pulpo en primer plano es impagable. Vive la France y vive le poulpe!

Chez Boule. Cada miércoles prepara macaronade, uno de los platos típicos de Sète, a base de pasta con carne y salsa de tomate. Vende el copioso plato con una copa de vino por menos de 10 €. 18 rue Paul Valéry.

L’atelier du Flamant Rose. Esta diminuta heladería y salón de té no está en la misma plaza pero solo hay que caminar unos 50 metros desde el ayuntamiento. Antoine Pirot es un excarpintero apasionado por su nuevo trabajo que aprendió de Yves Gerla, campeón del mundo de heladería 2003, y se nota que es buen alumno porque sus helados artesanos y ecológicos ya están generando colas a diario. Los de jengibre (pica que da gusto) y pistacho (con una textura rugosa y densa y un sabor auténtico) son los más famosos, pero valen la pena los de mango, los de higo… siempre cremosos y sabrosos. Se jacta de conocer a cada productor de sus ingredientes. 15 rue Paul Valéry.


5. Quai de la Marine

Un rincón con un encanto único, en el muelle de los pescadores, al lado de la lonja, y a dos palmos de sus barcos. Cuesta elegir dónde comer o cenar porque es una sucesión de restaurantes infinita. Esta es mi recomendación.

Oh Gobie. Gobie es el pescado de descarte. Su terraza, adornada con redes de pescadores y cañas a modo de pérgola le da un aire de taberna marinera. Puedes tapear en las mesas altas o sentarte a comer o cenar platos más elaborados y tomar cócteles. El chef de Oh Gobiérnales había sido cocinero de barcos de lujo y tiene pescadores amigos que le llevan el género directamente al restaurante. Aquí, tienes que pedir, sí o sí, el carpaccio de rape con fresa y rúcula que te dejará el alma tan melosa como los cortes del pescado.

Ojito también al espectacular lomo de atún, que se corta como si fuera mantequilla y que va aderezado con crema de estragón y cebollas confitadas. Y no hay que olvidar las sardinas en escabeche, que se deshacen en la boca de tal manera que te comes hasta las espinas. Tremendo. Un consejo: reserva con antelación. 9 quai Maximin Licciardi.

Aqui Sian Ben. Muy popular entre los habitantes de Sète como lugar donde ir a tapear. 5 quai Maximin Licciardi.

Bar Resto Le Bobar. Dicen que es el lugar donde tienen la mejor relación calidad-precio de sardinas a la plancha. 42 quai Maximin Licciardi.


6. Canal Royal

El canal principal de Sête, es una postal por su belleza que durante los fines de semana de verano se convierte en el escenario de las justas náuticas.

The Rio. El restaurante de moda de Sète desde que abrió en 2018. Fue un antiguo cine y ahora, además de dar de comer, de cenar y de beber, organiza exposiciones, proyecciones, conciertos… El chef Fabien Fage, que tiene otros dos restaurantes en la ciudad (uno de ellos es The Marcel, con una estrella Michelin), firma una carta en la que sobresalen ‘l’ardoise de la mer’ (pizarra de pescados ahumados), las ostras, el pulpo roc, los arancini de gamba, el pulpo rebozado y la mayonesa cítrica.

Mi recomendación es dar cuenta de tragos y bocados en las mesitas que tienen frente al canal. Ah, y mejor reservar. 7 quai Léopold Suquet.


7. La Pointe Courte

Un barrio auténtico-auténtico de pescadores. Como la Barceloneta hace bastantes años. En este pueblo dentro de Sète verás cabañas de madera donde guardan sus herramientas y casas sencillas donde viven. Con el buen tiempo, sus habitantes hacen vida en la calle. Allí veraneaba la cineasta Agnès Varda, que rodó en esas calles su primera película y que tiene un retrato que la recuerda en una fachada.

Chez Espagne. Este restaurante clandestino que conocen todos los ‘sétoises’ ocupa una de las barracas sobre el agua. Allí te darán ostras, macaronade (uno de los platos típicos de Sète, a base de pasta y carne) y les moules farcies (mejillones rellenos de carne). Dique George Brassens.

Le Passage. El bar del barrio, con una agradable terraza sobre el canal. Su especialidad: los pescados del día a la plancha. 1 quai du Mistral.

Le Mas de la Pointe. Al lado de Le passage, sirve tielle, mejillones gratinados, ostras, tablas de queso y embutido, entre otros bocados. 26 rue du Passage Pointe Courte.


8. Quartier haut

Uno de los barrios más altos Sète y el primero que habitaron los pescadores. Una zona tranquila de clase popular que algunos denominan la pequeña Nápoles por ser el epicentro de los pescadores del golfo de Nápoles que inmigraron a mediados del siglo XIX.

Café Social. El alma del quartier Haut, sede de la asociación de justas náuticas del barrio. Si ves en la cara tantos platos españoles (pan con tomate con jamón, anchoas de L’Escala, pulpo a la gallega, crema catalana, mel i mató…) es porque su dueño, Olivier Virosta, es hijo de un asturiano que huyó de la guerra civil. A Café Social se va a tapear, rebañar con pan el platillo de cambembert al horno con pan, a probar el tartar de ostra (una ostra hecha añicos aderezada con cebolla, soja, jengibre y piñones), a chupar las tallarinas, a rascar el tuétano hasta no dejar un ápice de chicha… 35 rue Villaret Joyeuse.

La Coquerie. ‘Coquerie’ viene a significar la cocina en un barco o de un puerto para los marineros. Y más o menos es lo que ofrece este caro restaurante, famoso por sus pescados hechos a baja temperatura y sus pescados ahumados. Te preparan, si quieres, el llamado menú Ojos cerrados: solo dices si tienes alergias o intolerancias alimentarias, del resto se encargan ellos. Sus vistas sobre el mar son inolvidables. 1 chemin du Cimetière Marin.


9. Petit Paris

Un barrio clavadito a cualquier barrio de París.

Brasserie Le Victor Hugo. Junto al teatro Molière, es un lugar donde se rodaron muchas películas y se escucha jazz en directo. Agradable terraza bajo unos plátanos donde probar platos típicos de Sète. 30 avenue Victor Hugo.

Au Valéry. No es un restaurante, sino el hotel donde me alojé: un dos estrellas sencillito con 19 habitaciones, muy familiar, cuyos precios por persona parten de los 56 € en temporada baja y 76 € en alta. Está a cinco minutos andando de la estación de tren, alquilan bicis y tándems e incluso te guardan la maleta aunque no seas cliente suyo (cuesta cinco euros al día). 20 rue Denfert Rochereau.


10. La Corniche y la playa

La Corniche es el barrio de la playa. No dirías que pertenece a la ciudad sino que parece una población de veraneo. Ahí comienza una playa hacia el sur de 12 kilómetros de longitud. Lo mejor de todo es que apenas hay edificios alrededor. Casi casi es una playa virgen.

Sky Bar del Hotel Impérial. La azotea de este establecimiento hotelero de La Corniche es un buen mirador de la costa de Sète cuya vista alcanza, cuando el cielo está despejado, al Cap de Creus y el Canigó. De día o de noche, puedes tomar una copa en esta terraza chill out poco conocida por los turistas. 84 place Edouard Herriot.

La Ola. Un chiringuito de playa (en la zona de Ville Roy) tan popular que incluso llamando para reservar te costará encontrar sitio. Hasta el alcalde come allí (lo he visto con mis propios ojos). Lo lleva Claude Hersog, de padres cordobeses, cuyo gracejo con los clientes ha convertido este lugar en uno de los más populares de Sète. Puedes probar platos del sur de Francia y tapas porque tiene cocineros españoles que hacen croquetas de jamón, salmorejo cordobés, entre otras elaboraciones conocidas en este lado de los Pirineos. También tiene tumbonas sobre la arena en las que puedes comer cualquier cosa de la carta y sirven cócteles hasta la noche.

Tienes que probar la sensacional y adictiva sepia a la plancha con aceitunas negras sobre un fondo de pisto y pimienta de Espelette, y a partir de ahí te dejo elegir: ensalada de pulpo, sardinas en escabeche, navajas con ajo y perejil, atún rojo a la plancha, tahine de atún, bacalao al horno con allioli, pasta con almejas… Abre de abril a septiembre. Accès 17, 201 Promenade du Lido.

Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en 'Cata Mayor', el canal especializado de 'El Periódico de Catalunya', y en 'On Barcelona', la sección de ocio del mismo diario. Antes, había sido responsable de la sección de Gente, donde ya contaba qué se cocía y qué se comía por ahí.

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