A pequeños (y a mayores) les suele gustar la película de Tim Burton Charlie y la Fábrica de Chocolate (o la original de Gene Wilder de 1971 ). Además, suele volver a verse cuando se acercan las fechas navideñas, esa época del año que es una oda al azúcar y a las comidas en general. Y no es de extrañar que la historia nos encandile porque, ¿a quién no le gustaría beber de un río de chocolate aún a riesgo de caerse en él como el glotón Augustus Gloop? ¿O quién no querría comerse champiñones de bizcocho y césped de chocolate sin pensar en las calorías que ingiere o en una posterior visita al dentista? La fábrica de Wonka es el paraíso de cualquier amante de lo dulce. O de cualquiera que quiera sentir un flashback a la infancia.

Por eso se echaba en falta en Madrid un museo como Sweet Space, que abre sus puertas en diciembre de este distópico 2020. Situado en el centro comercial ABC Serrano, propone distintas salas que son un universo onírico en torno a los dulces y a la imaginación. Predecimos que harán las delicias de los golosos. También de los instagramers, porque se trata de un museo creado ad hoc para la red de las fotografías.

A lo largo de un recorrido interactivo, el visitante accede a distintas salas, a cada cual más bonita. Han sido creadas por un total de once artistas que irán cambiando a medio-largo plazo. Entre los que han colaborado está Ágatha Ruiz de la Prada, con un cielo en formato dulce; Antonyo Marest (con sus particulares nubes de azúcar); el pastelero Christian Escribà, etc.

Se prevé que el recorrido pueda hacerse en aproximadamente hora y media aunque vaticinamos que, con niños de por medio (que sería lo idóneo), la visita se extienda como un chicle. Hay un flamenco de tiovivo en el que subirse (maravilloso). También una sala donde saltar y resbalar a voluntad, cohetes de videojuegos o un cielo de piruletas descomunales. Es maravilloso el bosque de caramelos y setas con columpio en el que evadirse. Y no podemos olvidarnos de una de las atracciones fetiche. Nos referimos al tobogán, creado por Okuda San Miguel, en el que los niños estarán encantados de deslizarse. También los adultos, felices de volver a sentirse niños. En total, diez instalaciones a lo largo de dos plantas que, damos fe, se le harán cortas.

La visita se completa con degustación de chuches, no podía ser de otra forma. También habrá magos, laboratorio de helados o gofres de formas caprichosas. Por supuesto, también está la ineludible visita a la tienda de las golosinas. Es la guinda final de este azucarado recorrido. La tienda, por cierto, es de acceso libre para cualquier persona, no hace falta haber pasado previamente por el museo. Eso sí: ten en cuenta que si eres vegano o tienes algún tipo de intolerancia, el museo no ofrece este tipo de dulces a día de hoy.

La entrada general son 18 euros. Los niños de 3 a 11 años pagan 14 euros. Para menores de 3 años es gratis. Los tickets ya pueden adquirirse aquí. El museo cumple con las normas de seguridad para la Covid-19 (puedes verlas aquí).

Lucía Martín
Lucía Martín

Criada entre Francia y España, es fan del foie gras y de la tortilla de patatas. Con cebolla, por supuesto. Lleva más de 20 años trabajando como periodista y también, comiendo, porque no todo iba a ser la letra. De postre: un buen vino tinto acompañado de un cuadradito de chocolate negro.

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