Toma Café se hace mayor

Hubo un momento en que parecía que solo abrían Starbucks. Astrud, el mejor dúo de la historia del pop español, lo denunciaba en Acordarnos, al quejarse amargamente de que habían cambiado su bar favorito por un nuevo establecimiento de la cadena cafetera. También ¿bromeaban? sobre ello en la que es la mejor serie de la historia, Los Simpsons: Bart acudía a un centro comercial para hacerse un tatuaje y el 90% de los locales eran… Starbucks.

Color y café.

Dicho esto, no podemos por menos que congratularnos de que Toma Café, cual irreductible aldea gala de Astérix, decidiera aprovechar el verano para ampliar su diminuto local de la calle La Palma. Esta casa de cafés y espressos lleva más de dos años ofreciendo algo más a los que huyen como de la peste de los bebedizos que se ofrecen en la gran mayoría de los bares madrileños. Con respeto por el cliente y materia prima de calidad, Toma Café consiguió en poco tiempo una clientela fija formada por la parroquia de Malasaña, que se arrejuntaba junto con sus bicicletas en unos pocos metros cuadrados al calor de sus tazas humeantes. El resultado era que casi siempre estaba a tope y que lo más sensato resultara, en fin, coger el café para tomarlo sobre la marcha. Tal fue su éxito que abrieron corners en locales que demandaban cafeína de alta calidad, como The Passenger, en la calle Pez.

EL café.

Con la remodelación, prácticamente han doblado el espacio, que ahora resulta más cómodo, aunque sigue habiendo un número de sillas justitas. La mesa en la que se ubican el agua, el azúcar y las servilletas resulta un sitio perfecto para aquellos que andan con cierta prisa. Para los que tienen un poquito más de tiempo, media docena de sillas (cada una de su padre y de su madre, como mandan los cánones actuales de la decoración) con mucha rotación a primera hora de la mañana y un poquito menos según avanza el día. También ayudan a dar sensación de desahogo las dos puertas abiertas a la calle que, además, invitan a entrar.

Retrato de café con bici al fondo.

En cuanto a lo que importa, el café, todo sigue igual, lo que quiere decir BIEN. Con su máquina La Marzocco presidiendo la barra y asegurando la calidad de los cafés que aquí se sirven, desde el ristretto (con 15 segundos de extracción) al doble espresso (de 25 a 30 segundos), nada puede ir mal. Además, café con leche, capuccino, mocca, iced caramel, bombón y vienés. Mientras el tiempo aguante, y con el veranillo de San Miguel a cuestas, ofrecen también un blend helado muy agradecido a mediodía. ¿El truco? Una selección de variedades de Kenia, Colombia, Papúa o Guatemala, a la vista del cliente  en saquitos dispuestos en una vitrina. Para acompañar, brownie, tortas de aceite, bizcocho de pistacho sin gluten, tarta de zanahoria, scones ingleses y cookies. Una variada oferta dulce que se ampliará, en cuanto se acabe de montar la cocina, con, como no, sándwiches. Mientras tanto, seguiremos dejándonos caer por allí para probar el café de “los muy cafeteros” que ha conquistado a Malasaña.

Toma Café. La Palma, 49.

Horario: de lunes a viernes, de 08.00 a 20.00 horas. Sábados y domingos, de 10.00 a 20.00.

Lo mejor: el arte de los baristas. El cartel recomendando tomar el café sin azúcar.

Lo memorable: faltan unos taburetes altos que harían un gran servicio.

 

Banda sonora: Big Star- September Girls.

Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

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