A falta de uno, dos. Dos bares. Ambos con nuevos aires. De ahí la razón de este post. Revisitarlos tras meses sin pisarlos puede llevarte de la indiferencia al entusiasmo o la desilusión. Sensaciones encontradas que, por el contrario, no van a coincidir en las próximas líneas. Históricos, solventes y ‘tuneados’, el Núria y el Venezia sacan ahora la cabeza para recordarnos que siguen ahí. Que por ellos no pasan los años y que la pérdida de clientes no es condición indispensable para renovarse o cambiar de piel.
El Núria se ha puesto ‘guapo’ como pocos. Como probablemente jamás lo hubiéramos imaginado. Los barceloneses, digo. Orgulloso de su pasado, reivindica su vínculo con la Rambla y retrata de forma gráfica la ciudad, sus tradiciones y sus gentes. Debería corregir, eso sí, esa manía de indicar parte de su oferta (precio incluido) a modo de grafito en la cristalera de la entrada.
Con la barra de ostras y jamón a modo de escaparate asume su filón turístico y es en la diversidad de rincones del resto del espacio donde busca sacar partido a una carta que no te la acabas. Y así te ves obligado a volver. Especialmente si eres local. Los platillos están en su mayoría por debajo de los 10 euros y cuentan con la supervisión última del veterano y viejo conocido Antxon Arribillaga. Muy buenos los buñuelos de bacalao y convincente el bocata de calamares a la romana con alioli. Para los que ‘tiran’ de clásicos, también hay ensaladilla rusa, bravísimas, megacroquetas, arroces y el pijama de postre.
El Venezia se aleja del epicentro de Barcelona para ofrecer refugio a un público más de barrio y menos de paso. Del día a la noche son diferentes las generaciones que entran y salen de este bar, que profundiza en su oferta gastro como gancho. Que el enorme plasma del local no os confunda. Aquí también se puede picar bien. Desde un buen hummus con sus tostaditas o unos nachos con guacamole -sin queso fundido estarían aún mejores- a un bikini bien planchado -como instauró su fundador- y una coca de aire con escalibada y anchoas que no está mal. Las acertadas guarniciones provocan que estés continuamente picando y llevándote la copa también a la boca…
En ambos casos se notan las buenas intenciones por procurar que sus cocinas vayan de menos a más. Nos vemos en estos bares.
Bar Núria. Rambla de Canaletes, 133. 933 02 38 47. Barcelona.
Abierto todos los días.
Precio medio: 20 euros.
[mappress mapid=»75″]
Bar Venezia. Gran Via de les Corts Catalanes, 667. 932 22 32 22. Barcelona.
Domingos cerrado.
Precio medio: 15 euros.
[mappress mapid=»76″]

