Estoy muy de acuerdo con los 5 motivos por los que no deberías hacer dieta que nos daba Laura Conde. Pero cuando en poco tiempo te pones como un tonelete y empiezan a dispararse tus niveles de colesterol malo, ya tienes dos motivos para sí hacer dieta. Siendo Gastronomista, recibiendo invitaciones a los mejores restaurantes y disfrutando como disfruto del buen comer y beber, no es un cometido fácil. Sin embargo, estoy camino de conseguirlo, así que os paso unos consejillos que a mi me han sido útiles:
1. Ir a una dietista. Yo he ido a Oxigen, dirigido por Estrella Pujol, uno de los mejores centros de adelgazamiento de Barcelona. No es barato pero sí efectivo. Cada semana te preparan una dieta a medida y te pesan: no es lo mismo hacerlo en la intimidad con tu báscula, que hacerlo delante de un especialista a la que tienes que rendir cuentas. Es un método psicológico que, al menos a mi, me da resultado. La dieta que te hacen es mediterránea (e hipocalórica, claro), sin locuras de atracones de proteína y demás. La combinan con tratamientos estéticos que ayudan muchísimo a eliminar líquido y grasa: ultrasonidos, sudación, cavitación, mesoterapia, presoterapia…
2. Agua depurativa para comenzar. Tan cargado debía de tener el hígado antes de empezar que me dieron un buen truco para preparar mi cuerpo. Durante seis días tuve que beber dos litros de agua de pepino, limón y jengibre. Tan simple como prepararla la noche anterior: en dos litros de agua pones un pepino pelado y cortado a rodajas, un limón también a rodajas y un trozo de jengibre a pedacitos. Dejar macerar y tomar solo el agua a lo largo del día siguiente.
3. Al desayunar. Solo levantarte es bueno tomar uno o dos vasos de agua (del tiempo) para activar el metabolismo y desayunar un kiwi o pieza de fruta y un café. Tranquis, luego llega el bocadillo de media mañana (mejor de pan de espelta y jamón de pavo).
4. Caldo y puré. Los primeros días es muy recomendable tomar caldo depurativo, a base de apio, cebolla y perejil, antes de empezar la comida y la cena. Si antes de tomar una taza exprimes medio limón, mejor. Es soso como ni te imaginas, pero por lo visto va muy bien. A los días, cambias el caldo depurativo por puré de verduras, lo que es de agradecer. Otro de los trucos de la dieta es que algunos días comes prácticamente lo mismo para comer y para cenar, así haces trabajar menos al estómago y evitas mezclas poco recomendables.
5. Decir mentiras. Nunca he dado tantas excusas para no ir a las muchas presentaciones gastronómicas a las que me han invitado. Como dice Estrella, si vas y explicas que estás a dieta nadie te toma en serio y te convencen de que lo dejes para mañana. Y yo que soy fácil de convencer, mejor evitar la tentación… A alguna que sí he ido he intentado trampear como he podido: comer lo que sabes que es apto para tu dieta y apenas probar lo que no, no mojar en salsas, evitar el postre, tomar más agua que vino…
6. De cena con los amigos. Malditos todos los bares de tapas de toda la maldita ciudad. ¿Cuándo se volverá a poner de moda el primer y segundo plato de toda la vida? Elegir restaurante cuando estás a régimen es un martirio porque los mediterráneos tradicionales, de plato, escasean. Las tapas son el Darth Vader de las dietas. La mezcla de muchos platillos no es nada buena si quieres adelgazar y menos si la carta es a base de minihamburguesas con foie, croquetas de jabugo, bravas y demás. El otro día fui a uno que, además de platillos, servía platos: amén. Me tomé una merluza con verduritas y trompetas de la muerte que, además de apta para mi dieta, estaba fantástica. Antes de quedarte en casa, busca opciones, que haberlas las hay. No te conviertas en un flaco deprimido.
7. El alcohol. Las bebidas alcohólicas engordan. Esto es así, para mi desgracia. Agua y té verde o infusiones son las bebidas que más recomiendan. Una tónica para una excepción. Pero claro, con una vida social activa cumplir eso a rajatabla es difícil… Muy de vez en cuando te puedes permitir una copa de vino. El truco está en tomar sorbitos pequeños para que te dure eternamente y evitar lo que estás deseando: acabarte la botella.
8. ¡He caído en la tentación! Sí, somos humanos y es fácil caer un día en la cena de tapas, que por un día no pasa nada, piensas ingenuo de ti. Dependerá de tu metabolismo, pero a mi sí me ha pasado factura alguna que otra excepción que me he permitido. Mi dietista recomienda tomar piña antes de ir a dormir y compensarlo los días siguientes siendo más estrictos y preparando una buena cantidad de puré de verduras (calabacín, cebolla, puerro y apio).