Hace solo cuatro años que los hermanos Magid y Mani Alam apostaron por el ‘delivery. Y en estos meses de pandemia, suerte han tenido de él: entonces era un pequeño plus para su creciente negocio, The Fish & Chips Shop, que con el tiempo ha pasado de uno a seis locales, y ha tenido un hermano llamado Baby Jalebi; en los últimos meses, gracias a su éxito, se ha convertido en su tabla de salvación. Tal cual. Os lo explicamos en esta crónica de la charla que hemos mantenido con ellos en la Antiga Fàbrica Damm, dentro del ciclo de encuentros gastronómicos de nuestro canal de Instagram TV. Puedes recuperarla aquí.

Magid resopla con una sonrisa de oreja a oreja: “Nos ha salvado. No hemos cerrado ningún local, no hemos despedido a nadie, y solo tuvimos en ERTE a nuestros empleados muy pocos días, así que no hemos pedido ninguna ayuda económica. Ahora mismo, supone el 30% de la facturación y hemos contratado a dos personas más para preparar la comida a domicilio”. Una buena noticia en medio de tanta miseria, sin duda.

Casi pioneros

Todo comenzó con el primer The Fish & Chips Shop. Servían en el local de la calle de Rocafort, 70, y algún que otro take away, pero no se atrevieron con la comida a domicilio porque querían consolidar el negocio. “Lo primero es atender bien a quien viene a nuestro restaurante. A nosotros nos pasa igual como clientes: buscamos sitios con alma”. Así que dijeron que no a Glovo, que por aquel entonces también echaba a andar y les había propuesto incluirlos en su plataforma.

Dos años después, su popularidad a menudo les desbordaba (“alguna vez ha habido gente esperando una hora para llevarse un fish & chips a casa porque no aceptábamos encargos, y a veces nos habíamos quedado sin pescado”). Así que aceptaron su propuesta. Casi casi fueron pioneros. Y desde el principio disfrutaron del éxito del delivery. Eso sí, tuvieron que hacer ajustes. “A veces el repartidor llegaba 40 minutos tarde, a veces no hacíamos ninguna entrega y no nos importaba… Nos daba menos del 10% de la facturación. Además, no teníamos el mismo packaging. Poníamos el cucurucho en la bolsa y se repartía”, recuerda Magid.

Trucos para una entrega perfecta

Ahora, lo han perfeccionado para que la comida llegue a casa en las mejores condiciones. Por ejemplo, preparándola cuando el repartidor está a punto de llegar, cociendo un poco menos el pescado porque encerrado con el calor en el interior de la caja se acaba de hacer, y usando cajas con unos agujeritos que evitan que, precisamente, el vapor cueza demasiado el pescado”.

Trucos que convierten su fórmula en una de las más populares de Barcelona. La otra, además del sabor y el buen estado en el que entregan sus platos, es el precio: super gastronomista. Y eso que dejan de ganar bastante dinero en cada pedido: “Solo la bolsa, la servilleta, las tarrinas de salsa, los cubiertos, la caja… que son reciclables, cuestan más de un euro, y Uber Eats, con los que trabajamos ahora, se lleva su comisión. De manera que por cada entrega el cliente paga un 8% más respecto a si lo hiciera en alguno de nuestros locales, y nosotros ganamos menos. Pero si montásemos nuestro propio servicio no nos saldrían las cuentas”.

Las prisas de los clientes

Los Alam, a los que muchos colegas han pedido consejo para abrir esta línea de negocio, creen que no todos los platos sirven para el delivery, y en su caso el fish & chips sí que se adapta bien a esos minutos viajando por la ciudad, como el pollo a l’ast, la pizza o la burger. Otro inconveniente al que tienen que hacer frente son las prisas de los clientes: “Todo el mundo lo quiere para ya mismo, y hay que gestionar bien la cocina para dar salida a los pedidos del restaurante y de las casas. Básicamente, hemos aprendido a hacerlo todo corriendo”.

Con el confinamiento el éxito del delivery ha alcanzado cotas inimaginables para cualquiera, también para ellos. “Tras un mes parados, decidimos retomar la actividad con la comida a domicilio. Comenzamos nosotros dos entregando los platos en persona y enseguida tuvimos que reclutar a nuestra gente -recuerda Magid-. ¡En abril, había momentos en que los pedidos llegaban cada minuto!”.

“No habrá tanta demanda como hasta ahora”

La pregunta es obvia. ¿El delivery ha llegado para quedarse? Y responden con un “sí” tan rotundo como matizado. “No habrá tanta demanda como hasta ahora porque estamos en una cultura mediterránea de salir a comer fuera aunque la gente joven tiene más costumbre de ver algo en Netflix y pedir comida a domicilio. Cuando todo esto acabe -augura Mani-, será una opción más, sobre todo los días que haga mal tiempo o la gente que no tenga ganas de salir y antes no pensaba en esta alternativa. Pero no alcanzará estos niveles”. Lo ejemplifica con el último fin de semana: en el The Fish & Chips Shop de la Barceloneta (Pepe Rubianes, 37) han estado haciendo unas 20 entregas cada sábado durante meses y el último, con un día soleado y cálido, con el restaurante y las playas llenas, solo prepararon una.

Mientras siguen haciendo marca con el delivery, como dicen ellos, están ultimando un nuevo proyecto: a finales de abril abrirán en el centro comercial La Maquinista un ‘food hall’ de 10.000 cuadrados. Se han asociado con el Grupo Mosquito, Chivuo’s, Van Van y Machete, y cada uno tendrá su propio quiosco, y compartirán además la gestión de una cafetería, una vermutería, una coctelería y una heladería.

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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