Leemos con credulidad un estudio reciente que señala a Francia como el destino extranjero favorito de los españoles.
Será por su proximidad geográfica, por sus múltiples atractivos turísticos, por su inconfundible savoir faire y, obviamente, por su gastronomía.
Lo hemos comprobado una vez más en una ruta tan breve como cercana a la Catalunya francesa, la región que queda nada más cruzar la frontera.
La que ofrece tanto mar como montaña, un clima envidiable especialmente en verano, costumbres que resultan familiares y enclaves para quedarse.
En tren queda a poco más de 4h desde Madrid e incluso tardas la mitad del tiempo en llegar si lo haces desde Barcelona.
Hasta el 3 de septiembre, SNCF suma una nueva frecuencia diaria a su alta velocidad entre España y Francia para facilitar la movilidad en tren durante las vacaciones.
En nuestra ruta llegamos a Perpignan para visitar luego uno a uno por carretera, los distintos puntos de interés previstos en la Catalunya francesa.
La primera parada y fonda es en Le Domaine de Rombeau, una preciosa propiedad familiar con 113 hectáreas de viñedo y un bucólico restaurante en el que parece que se detenga el tiempo.
Un lugar donde la séptima generación de la familia La Fabrègue sigue descorchando sus aclamados vinos de Languedoc-Roussillon, ya sean orgánicos, dulces o espumosos.
Encontramos un momento para cada uno a lo largo del menú que degustamos aquí, a partir de una carta de clara influencia catalana.
Ni que decir tiene que optamos por una buena ración de escargots…
Comer y dormir entre depredadores
Sin tiempo para la siesta proseguimos nuestra ruta con ganas de conocer Ecozonia, experiencia para la que hay que estar bien despierto.
Es ahora mismo la más sugerente, asombrosa y excitante que proporciona esta región del sur de Francia.
Aunque no sea precisamente por su gastronomía, que te pasará más bien desapercibida…
Lo bonito de este parque de 26 hectáreas dividido en «ecozonas» es que campan a sus anchas los animales más temidos del planeta: panteras del amor, osos pardo, tigres siberianos, linces…
Depredadores y símbolos de la naturaleza salvaje que en este también «centro de conservación, investigación y sensibilización», conviven con el ser humano.
Una iniciativa por el respeto entre especies que debe ir a más año tras año.
Una alternativa de ocio para la desconexión, si bien te sentirás cuidado y protegido en todo momento.
Puedes optar por una visita diurna -mejor, guiada- y abandonar el parque durante la misma jornada.
Pero lo que hace de veras inolvidable Ecozonia es dormir en uno de sus distintos alojamientos, tan bien acondicionados, y aguardar a lo que surja en torno a ti en plena noche.
Tienes desde el típico vivac en una tienda de campaña fuera de lo común bajo las estrellas; o bien un ecolodge, una especie de cabaña casi ‘acorazada’ con decoración de época y todas las comodidades posibles.
Están todas tan bien recreadas que te costará decantarte por una u otra.
Dependerá también de con quién compartas la experiencia.
Única, de veras.
Y asumible en términos de relación calidad precio, media pensión incluida.
Poética Collioure
En la misma y vecina región francesa, la localidad de Collioure es de visita obligada.
Ya no sólo porque en su cementerio sigue enterrado el poeta Antonio Machado, sino por el puntillismo que ‘delinea’ sus calles en tonos pastel, por la melancolía que despierta su mirador; por sus anchoas, por los vinos de bodegas tan emblemáticas como el Celler des Domincains, por las terrazas para brindar al fresco, como la de Le Jardin…
También por la excelente pastelería de Olivier Bajard y por un restaurante que nos quedamos sin probar y del que todo el mundo habla: Le 5ème Péché.
Para nuestra suerte sí encontramos abierto -abre incluso en invierno- el restaurante de Les Roches Brunes, el hotel boutique más bonito y mejor ubicado de Collioure.
Tanto es así que dormimos aquí una noche.
Abocado al mar, cuyo oleaje se adentra tanto en las habitaciones como en el comedor principal, este alojamiento es un lujo para los sentidos.
Porque todo entra por los ojos a primera vista y el buen gusto se advierte a cada paso.
Transita por el camino rocoso que va a dar al mar, de acceso sólo para clientes y salpicado de vegetación natural, y posa tu mirada en el horizonte.
Verás qué paz desde esa plataforma donde descansan sus hamacas…
Lo mismo que si decides pegarte un baño a los pies del hotel, alejado lo justo del bullicio de la recóndita cala que queda también al lado.
Retoma el apetito en Mamma, el restaurante de cocina italiana del hotel.
Entre el más que obvio influjo mediterráneo y los orígenes del chef, Antoine Cormoretto; la apuesta nos parece acertada.
La verdad es que cumplió nuestras expectativas con una fórmula de degustación a precio cerrado, tan surtida de propuestas como bien resueltas éstas sobre el plato.
Con producto fresco de temporada, más de una receta de pasta, muy buen pan, y postres tan elaborados como el resto de opciones saladas.
Echa un ojo al listado de vinos por sus referencias locales y déjate aconsejar por el atentísimo maître.
De noche, la sala luce aún más romántica.
Y al amanecer, ya puedes imaginarte la estampa…
El check-out cuesta.
Como cuesta dejar atrás ‘Le Pays Catalan’.
Pero queda francamente tan cerca, que ya volverás!



