Llevo años aceptando (o declinando) la invitación a la fiesta de inauguración de la temporada estival de La Terraza del Claris, la que marca el inicio oficioso del verano en Barcelona y a la que acude gente muy importante de la ciudad. Siempre se llena. A tope. Una locura. Y eso, por un lado, eso mola pero, por otro, tanta gente en un espacio que no es tan tan grande ralla un poco, la verdad.
Llevo años aceptando (o declinando) la invitación a la inauguración, pero nunca hasta hace unos días había ido a cenar allí. Al final, tanto hablar de La Terraza del Claris (con merecimiento porque fue la primera de un hotel que abrió al gran público en Barcelona, hace ya veintipico años) y no tenía más material gastronómico con que escribir que las tapitas que servían en la fiesta.


Y es una pena porque son pocas las terrazas de hotel en Barcelona con un restaurante–restaurante. En casi todas podrás comer algo (hemos visitado y explicado muchas de ellas aquí), pero en poquísimas podrás sentarte en una mesa y probar la carta que sale de la cocina instalada allí mismo.
Así que llegados a este punto, paso a relataros mi cena allí arriba, lugar con pedigrí donde los haya: en La Terraza del Claris igual te puedes encontrar a Miquel Roca Junyent cenando, como me pasó a mí la otra noche (a los Pujol ya es más difícil verlos, como le pasó a Laura Conde, que se cruzó con ellos en La Venta hace unos meses, antes de que la mierda que escondía el ‘expresident’ le explotara en la cara y en la de tooooooda su familia y los dejara apestando a caca por los siglos de los siglos).


En fin, dejemos las cosas desagradables a un lado. Hablemos de las agradables: la cena. El chef Víctor Ibáñez está al frente de una cocina de lo más variada, con toques creativos que se vieron en varios platos del menú degustación que caté. Ya fuera en el tartar de atún rojo con helado de vermut y encurtidos (gran combinación de sabores aunque el frío del helado los anuló un poco) o en el maravilloso, repito, maravilloso risotto de verduritas y trufa, graciosamente presentado con flores y con un grano al dente en su punto exacto.

Víctor Ibáñez juega vistiendo la corvina con una crosta de mostaza por encima, tomate seco y aceitunas negras, y unos ñoquis de calabaza, y todo ello con una divertida arena de salvia. Un divertido juego de contrastes y texturas.

A la terrina de cochinillo le puso un chutney de mango al lado para desengrasar y refrescar el bocado carnívoro, un poco salado en la parte exterior que pasó por la plancha.


A los postres llegué, sí, tanto al lemon pie al estilo del Claris, o sea, al estilo de Ibáñez (con jalea y crema de limón, bizcocho de mantequilla, merengue y piel de lima rallada), como al que jugaba con chocolate, cremoso de albahaca y limón con sorbete de fresas con vinagre y mermelada de fresas con vinagre, y al que unía chocolate con toffee y helado de whisky.
Me faltó la música de fondo, pero no fui entre jueves y sábado, que es cuando tocan en directo y cuando hay sesión de DJ. Iré otro día, cuando quiera tomarme un cóctel con pedigrí.
La Terraza del Claris
Calle Pau Claris, 150. Barcelona.
Teléfono: 93 487 62 62.
Horarios: cada día, de 13.00 a 16.00 y de 20.00 a 00.00 horas.
Precio medio: 50 euros. Hay menú degustación sin bebidas por 57 (el maridaje cuesta 17) y un menú de mediodía por 26 con bebida y café.
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2 comentarios
Ferrán, no es «sentarse en la mesa» sino «a la mesa». Importante matiz y crítico error para un escritor público.
Porque no pretenderás decirnos q comes sentado sobre la mesa…
Saludos y buena mesa
Sobran tus comentarios de mierda sobre la familia Pujol, ¿apestando a caca dices, cuando hay muchos mas en la politica de Madrid con ese tema? … vaya comentario mas fuera de lugar en una critica de hosteleria.
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