Mediamanga, sabores con imaginación

Domenico Ungaro la toca. No hablo de un futbolista, sino de un chef italiano que si estuviera en el calcio no sería defensa, sino un medio creativo, cosa rara en el país del catenaccio. Demuestra su arte con las manos (aunque visto su talento algo haría en la cocina con los pies) en Mont Bar y su hermano pequeño, Mediamanga, donde elabora una cocina más directa, algo menos creativa. Para que te hagas una idea, la guía le ha señalado con el Plato Michelin, un distintivo que reconoce “una cocina de calidad”.

Tenía ganas de ir a Mediamanga desde hacía tiempo, y la ocasión llegó con la presentación del reciente cambio de carta, que está muy pendiente de la estacionalidad de los productos. Un local pequeño, bien vestido, agradable, con guiños al modernismo y al art-déco, con mesas altas y bajas, y con la cocina abierta en el centro y una barra para sentarse y ver cómo trabajan los cocineros.

¿Un gastrobar? Digamos que sí. Esa croqueta con daditos de jamón de bellota tan cremosa y sabrosa dice mucho de cómo se trabaja allí… Y con una buena carta de vinos, que alcanza las 200 referencias (la mayoría locales), muchas de ellas disponibles a copas.

Se nota la mano de Ungaro en cada plato, donde no parece haber mucha técnica (pero la hay), donde mandan los sabores y la imaginación. Lo noté en muchos platos que desfilaron por la mesa.

La pizza que quiere recordar que aquello fue antes una pizzería, y que lleva una pasta brick a modo de masa: sardina ahumada, tomate seco (demasiada cantidad para mi gusto), mascarpone y albahaca.

El tartar de navaja con aguacate, curry verde y tomate seco es sensacional aunque te tengas que pelear con el molusco para cortarlo con el cuchillo.

El ceviche de dorada con boniato, granada, maíz y leche de tigre con pimientos del piquillo es otra creación memorable (nada ácido, por cierto), con una presentación original y nunca vista: a modo de montaditos.

La alcachofa a la plancha con crujiente de panceta y trufa, y caldo de rostit pegajoso y vicioso: todos los sabores bien integrados y al mismo tiempo todos distinguibles.

El mar y montaña que componen los guisantes con anguila ahumada, trufa laminada y panceta ibérica. Un plato de temporada que debería ser el platazo del mes.. Cómo petan en la boca los guisantes, cómo liberan ese dulce mentolado…

Son los platos de Mediamanga que más me gustaron, pero no hay que olvidar el fotogénico y simpático (aunque algo salado y demasiado ahumado) tartar de atún con seta sobre berenjena escalivada, que lleva también raifort rallado, huevas de trufa, espagueti de soja y de aceite de wasabi. Ni tampoco el taco de foie y espuma de parmesano con un punto cítrico, que recomiendo comer con cubiertos porque te pringarás los dedos de lo lindo.

La ostra con compota de manzana y lima que rebajan el sabor marino es otra de sus creaciones.

También hay que destacar el arroz meloso con crema de cebollino y gambitas con un fumet de centollo, galeras y gambas.

También probé los huevos con espardeñas -a base de claras fritas, yemas crudas, espardeña a la plancha, salsa de tendones- y el cordero lechal cocido 10 horas a 80 grados para que esté meloso, con berenjena escalivada, escarola y menta con salsa satay y caldo de cordero.

Todos ellos son ejemplos de que Ungaro la toca, y la toca bien. Reparte juego a diestra y siniestra, disfruta y nos hace disfrutar. ¡Olvidemos el catenaccio!

Mediamanga

Calle de Aribau, 13. Barcelona.
Teléfono: 93 832 56 94.
Horario: cada día, de 13.00 a 16.00 y de 19.30 a 23.30 horas.
Precio medio: 35-40 euros.

 

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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