Conquistar por el estómago parece fácil pero, en realidad, acaba siendo una batalla que ríete tú de la de las Termópilas. No solo se libra en la cocina, sino que hay que mantener el tipo durante la cena y cuidar todos los detalles para evitar que la otra persona desconecte y tu cuadro de la comunión se lleve todas las miradas.
La mesa
Las mesas con velas de las películas románticas han hecho mucho daño a la humanidad: tienes que andar esquivándolas, acaban calentando el vino y dejan manchurrones de cera en el mantel. Apuesta por algo más creativo y sorprendente para dar un toque a la cena. ¿Le gusta la música? Pues pon unos vinilos antiguos como bajoplatos. ¿La cultura oriental le pirra? Cúrrate unas figuritas de papel con algún tutorial de Origami. Para evitar el frente a frente de la mesa, opta por el finger food y traslada la acción a unos taburetes en la cocina. Eso sí, procura que la escena del crimen esté como una patena. Para que no te pille el toro, trabaja con previsión.

El ambiente. Con las luces hay que buscar el término medio: si están muy altas, parecerá que cenáis en un quirófano; si están muy bajas, acabaréis teniendo que adivinar la cara de la otra persona… y aún no os conocéis tanto. Utilizar las luces indirectas y encender la de una estancia contigua puede ser la clave. Si vais a poner música, nada de pinchar canciones llenas de “loves” y cursilerías similares. Lo mejor, jazz o música electrónica (suavecita, claro) instrumental. ¡Que tenéis que hablar!
El menú
Huye de recetas descaradamente afrodisiacas y cursilerías en plan «Codornices con pétalos de rosas». La despensa de Como agua para chocolate funciona muy bien en el cine, pero puede aportar demasiado almíbar a la vida real. Evita la ostentación gratuita y olvida los afrodisiacos tópicos: ¿champán, ostras, fresones fuera de temporada? Hay opciones más low cost y sostenibles, como una ensalada con aguacate (sutil y delicioso estimulante erótico), un pollo al jengibre (que despierta la libido) y un postre de canela y cacao (la primera es un excitante natural y el segundo favorece la hormona del placer). ¡Y no te pases con el picante! Un toque de pimienta negra o de ají puede estar bien, pero no te la juegues si no quieres que un exceso de calor corporal haga huir a tu cita en busca de otros aires…. más frescos.
El vino
Olvídate de quitarle el polvo a ese tinto gran reserva que atesoras en la bodega. Esta no es su noche. Mejor decántate por un vino joven o un crianza, que aquí no hay ningún estofado de caza sobre la mesa. Para empezar puede estar bien descorchar un blanco, mientras se rompe el hielo: se sirve fresquito y ayudará a refrescar un poco las ideas. Una vez en la mesa, saca el tinto o incluso un rosado en un arranque de personalidad. Si optas por este último no estaría mal tener un enfriador a mano para mantenerlo en su temperatura óptima. No lo sirvas en chatos, demuestra que eres detallista sacando tus mejores copas XXL. Luego, cruza los dedos, deja que la otra persona lo pruebe primero y no reprimas un brindis con el muy cinematográfico “¡Por nosotros!”.

La post-cena. Llega la hora de cambiar de ambiente. Si en tu salón tienes sofá y mesa baja, ha llegado su turno. ¿Os habéis animado con el vino? Es el momento de seguir con unos licores ligeros o, por qué no, con un gin tónic o un cóctel bien preparado. ¿Os habéis animado demasiado? Aprovecha para cortar el nivel alcohólico con un café que mitigue la modorra de la madrugada y haga fluir la conversación. ¿Os habéis animado incluso aún más? Olvídate de todo lo anterior, saca el champán y las fresas y déjate llevar.
Banda sonora. Marvin Gaye – Sexual healing.