Una caña y una tapita de Arzak, por favor - Gastronomistas

Una caña y una tapita de Arzak, por favor

 

-Una caña y una tapa de Arzak, por favor.

(Pero, qué título tan raro para este post. ¿Cómo se les ocurre? ¡¡¡En gastronomistas!!! ¿Pero no hablaban de gastronomía popular? ¿Pero Arzak no era altísima cocina?)

-¿El pastel de cabracho con galleta de cáñamo?

-Sí, sí. ‘Flipa con el cannabis’, le llaman, ¿verdad? Ah, y póngame también la Burguerbull de Dani García.

(¿Dani García, el chef con dos estrellas Michelin? ¡¿Nos hemos vuelto locos?! ¿Cuánto nos va a costar la broma?)

-¿Cuánto es?

(Ahora sí que te vas a enterar, ahora te van a sacar un ojo de la cara por hacerte el gourmet chulito)

-Son 5,80 euros la Burguerbull, y el pastel de cabracho con galleta de cáñamo, 4,5.

-Pues entonces, póngame de postre la sopa mutante de intxaursalsa. Que también es de Arzak y no lo quiero dejar de probar.

-Sí, señor.

(Sí, señor, esto sí es un restaurante de perfil gastronomistas: divertido, asequible y popular. Quiero que me sigan explicando qué más sirven ahí)

 

La conversación es inventada pero bien podría haberse producido en este local de la calle Lleida de Barcelona, pegadito al Paral·lel más gourmet (en menos de 200 metros a la redonda están el Espai Kru, el Rías de Galicia, el Tickets, el 41 Experience, el Pakta, el Ikibana, la Lolita tapería y cae cerca del Sant Antoni más ‘gastrohipster’). Porque aquí puedes probar bocados estelares como los de Arzak y García a precios terrenales. Y disfrutar de tapas divertidas sin que se te agrie luego la cara a la hora de pagar la cuenta. Cañota mima el producto y la cartera del cliente. Es de agradecer.

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Anchoas de Lolín. Im-pecables.

Pero antes de explicaros de qué van las tapas de los supercocineros, os pondremos los dientes largos con varias propuestas de la carta que probamos la semana pasada. Por ejemplo, las anchoas de Lolín, un espectáculo por sí mismas que se engrandecen aún más con una salsa secreta de la que ningún camarero ni cocinero del restaurante quiere dar la fórmula.

Y las bravas, el ‘hit’ de la casa: son patatas gallegas hechas al horno, no fritas, de manera que se pueden comer sin remordimientos; llevan además una salsa hecha por Albert Adrià (socio de los dueños del local, los hermanos Iglesias, con los que lleva el Pakta, el 41º Experience y el Tickets) y un alioli ligero. El cuenco de aguacate con tomate picante y langostinos es otro ‘must’, tan alegre y picantón como las bravas.

Y la cajita de fritos (merluza, calamares, pulpo y gambitas) es, en dos palabras, im-pecable. La merluza está melosa-melosa, el pulpo lleva la fritura justa, igual que el calamar, y las gambitas son de vicio. Se recomienda probarlas con el pil pil hecho con gelatina de cola de rodaballo. Ah, y quien quiera diversión, que pida las alitas de pollo moleculares: ¡vienen servidas en una coctelera! (por cierto, una idea que tomó, con permiso, el 99% Moto Bar). Son picantes, pero quien quiera una o dos marchas más que pida las alitas atómicas. Y quien, al final de la comida o la cena, quiera sufrir más que reír, que se arriesgue a pedir la ruleta rusa de bombones de Escribà; uno de los ocho es como un petardo hecho a base de dinamita, amosal y nitroglicerina. La boca queda hecha pedacitos.

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La Burguerbull de Dani García. Te pringas los dedos y te los chupas con gusto.

Y ahora, lo prometido. La Burguerbull de Dani García se ha hecho un hueco en la carta porque su mezcla de rabo de toro y ternera aderezada con rúcula y queso havartí es para chuparse los dedos (porque hay que chupárselos de tan pringado que acabas).

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Pastel de cabracho con galleta de sésamo. Un clásico de Arzak en Barcelona.
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La sopa mutante de intxaursalsa, con unos colores de dibujos animados, también es obra de Arzak. Sobresaliente.

El pastel de cabracho con galleta de cáñamo (en Cañota este clásico de Arzak lo han bautizado como ‘Flipa con el cannabis’ ) es una buena mezcla entre lo pastoso del pastel y lo crujiente de la galleta. Pero acaso lo mejor es la sopa mutante de intxaursalsa del sabio donostiarra; nueces con crema de leche bañadas en una salsa de col lombarda y zumo de limón que le dan un color de dibujos animados. Excelente. Cuesta 6 euros.

Con tanto tapeo, casi olvido destacar que aquí tiran las cervezas como mandan los cánones, que el postre ‘Piña cocorrón’ (con ron y petazetas) merece un post por sí solo, que se han inventado el licor Gilimonges (tiene menos graduación que una birra) para los que pasan de los digestivos, y que hay que estar atentos a su actividad incesante, con los concursos de recetas y listas de las tapas más vendidas como destacados. Todo para alcanzar lo que los Iglesias llaman el ‘nirtapa’.

Cosa que consiguen, por cierto.

 

Lo mejor: el servicio, la calidad del producto y el sentido lúdico de la propuesta.

Lo mejorable: la carta es muy original y divertida, diseñada con gracias con dibujos propios de un cómic, pero un poquito caótica.

 

Cañota

Calle Lleida, 7. Barcelona.

Teléfono: 933 25 91 71.

Horario: de martes a sábados, de 13.00 a 16.00 horas y de 19.30 a 00.00. Domingos, de 13.00 a 16.00 horas. Domingos por la noche y lunes, cerrado.

Precio medio: de 20 a  30 euros.

 

Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en 'Cata Mayor', el canal especializado de 'El Periódico de Catalunya', y en 'On Barcelona', la sección de ocio del mismo diario. Antes, había sido responsable de la sección de Gente, donde ya contaba qué se cocía y qué se comía por ahí.