Spicy, el restaurante más garajero y picante de Sant Antoni

Spicy, en inglés, significa picante. Y en ‘barcelonés’ significa, desde hace pocas semanas, taberna asiática y garajera de Sant Antoni. Porque así se llama el restaurante que han parido junto al mercado los hermanos Òscar Manresa (Torre d’alta mar, Casa Guinart, Casa Leopoldo, Kauai, Joël’s Oyster Bar, Chef’s Table) y Carlos Manresa (Taberna Tío Carlos). Un lugar que muchos dirían que tiene rock’n’roll, porque allí siempre hay ambientazo, propio de cualquier taberna que se precie de serlo.

Ya lo percibes en cuanto entras. Poca luz, música cañera, neones, grafittis, camareros tatuados… La cocina está a la vista, bajo una pantalla que proyecta combates de sumo en blanco y negro, y justo enfrente está la barra donde versionan cócteles clásicos con productos asiáticos. En fin, una propuesta que encaja como un guante en Sant Antoni.

En el centro de la sala, mesas en las que compartes platillos con otros comensales (si quieres más intimidad, debes sentarte en las barras pegadas a la pared). Y cuando pides la comida, te la sirven casi de golpe, como hacen en las tabernas asiáticas (eso me dijeron porque no he frecuentado tabernas en Asia).

China, Indonesia, Corea, Tailandia, Japón… Por la mesa desfilan propuestas potentes, muchas de ellas son spicy (avisad@s quedáis) y bien ejecutadas. Salvando las distancias, en cierto modo la atmósfera y la manera de cocinar me recuerda a Hawker45.

La bienvenida llegó con el Ebi-chili, unos langostinos salteados con salsa de chile, que pica que da gusto, porque da gusto. Sudor y placer también se pueden compartir una mesa.

El pollo frito llamado Tori Karage es uno de los must de la casa. Tierno y adictivo, está macerado con soja, ajo y jengibre, y tiene un puntito crujiente gracias al rebozado con fécula de patata. Picoteas los trozos con los palillos como si fueras tú el pollo que come pienso.

También adictivas son las batayaki, o para que nos entendamos mejor, las setas asiáticas (shiitake, shimeshi y oreja de Judas), que han sido salteadas con sake y mantequilla antes de llegar a la mesa. Sabor largo. Ejemplo de buena cocina.

La brocheta de salmón con sésamo y cebollino (yaki sake) hecha en la robata (sí, también tienen robata) es jugosa y esponjosa, y el costillar de cerdo cocido a baja temperatura (paigu) y aderezado con salsa barbacoa thai con una base de zumo de piña natural debería formar parte de los grandes éxitos de Spicy. Lástima que los palillos no sean herramientas adecuadas para atacar las piezas. Pero están tan buenas que se lo perdonarías todo. Hasta comerlas con las manos. Al fin y al cabo, esto es una taberna.

Lo mismo hay que decir de la lubina (lúyú) al estilo chino, hecha al vapor y aderezada con jengibre, cebolla tierna y guindilla confitadas, una nueva de demostración que la cocina puede garajera no está reñida con la cocina de nivel.

Lleno a reventar como estaba, acabé la cena como pude con el Chili Crab Bao, un bao de cangrejo con salsa de chile que también triunfa entre los habituales de Spicy. Rebozado con fécula de patata, lleva salsa de tomate ahumada con chile, mayonesa, encurtido y rúcula.

Volveré. Es lo que tiene el picante, que crea adicción.

 

Spicy

Calle del comte Borrell, 41. Barcelona.
Teléfono: 93 750 55 11.
Horarios: de lunes a sábados, de 20.00 a 1.00 horas.
Precio medio: 20-25 euros.

 

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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