¿Recuerdas la historia de los kamikazes, aquellos pilotos japoneses que en la segunda guerra mundial se lanzaban sobre los barcos americanos para estrellarse en ellos? Viene a cuento el tema porque he visitado Taberna Kamikaze, un restaurante que merece que te tires de cabeza sobre él. Ojo, sin inmolarse, eh. Y si tienes que morir, que sea de gusto.
(Por cierto, al final de esta crónica te explico qué significa realmente kamikaze).
Este restaurante es un proyecto de Enric Buendía y Arístides Ribalta, que ocupan el espacio que dejó La Soperie (¿y ahora dónde vamos a tomar sopas divertidas y originales?) para proponer una cocina de fusión japomediterránea bien pensada, bien ejecutada, con buen producto y a unos precios más bien contenidos.
Y en un espacio súper agradable, con madera y piedra por doquier. Así que olé por ellos. O mejor decir ‘¡banzai!’, que en japonés significa ‘¡10.000 años!’ y que allí se usa como un ‘¡viva!’.
Sabores profundos y largos
Vayamos a lo que importa, que es la jala. Los chefs de Taberna Kamikaze, que se conocieron currando en Disfrutar, han sabido encontrar la fórmula para fusionar la cocina japonesa con la mediterránea un pelín afrancesada. Bueno, cocina japonesa y cada vez más asiática (coreana, indonesia…), aunque la base es la nipona. Sabores profundos, largos, en muchas ocasiones gracias a unas salsas muy trabajadas. Y platos que se entienden perfectamente porque parten de nuestros referentes gastronómicos.
Así fue la degustación que hice tras lanzarme a la calle del Rosselló, 197, donde está Kamikaze.
¿Cómo se dice en japonés ‘qué rico está este mar y montaña?
Empezó con unas hojas de sisho en tempura rellenas de mejillones en escabeche. Una combinación sorprendente y divertida que sabe jugar con el crujiente de la albahaca japonesa y la ternura del molusco. ¡Príngate los dedos!
Luego llegó este milhojas con ou de reig o con ceps y con caballa, y todo ello aderezado con una meunière… de dashi. ¿Cómo se dice en japonés ‘qué rico está este mar y montaña’?
Tres nigiris flipantes
Secuencia de nigiris: uno con una lasca de vaca rubia gallega, tan flipante como el de melossssssso atún salvaje con salsa coreana y el de anguila ahumada que me dejó el paladar flipando durante minutos después de echar un trago a una cerveza super bien tirada, una Turia, que es tostadita.
Luego aparecieron unas almejas a la brasa con beurre blanc… al estilo del país del sol naciente. O sea, con sake y yuzu. Salsa espesa, contundente.
El cabracho, el plato estrella (y con razón)
Las kokotxas de bacalao en pilpil de codorniz también son un plato más contundente de lo que parece. El rábano encurtido al final para limpiar la boca es un buen y gastronómico detalle.
Y para el final, el que ellos catalogan como plato estrella, y con razón: el cabracho a la plancha con mantequilla de ponzu. El toque de brasa, la cocción perfecta, el puntito ácido y picante que le da la salsa… Te entretienes en cada rincón sacando cada gramo de su tierna carne. Ni los gatos hacen mejor trabajo.
Un menú degustación con ocho pases
Para enero tienen intención de ofrecer un menú degustación de ocho pases por 80 euros y con opción de maridaje de sakes. Si no, aquí puedes comer perfectamente por unos 40.
(Lo prometido es deuda: kamikaze significa ‘viento divino’).
Taberna Kamikaze. Rosselló, 197. Teléfono: 93 181 35 70.



