Las verduras y los niños son, en la mayor parte de los casos, como el agua y el aceite: no se llevan bien. El sabor amargo, la fibrosidad, la ausencia de grasas… todo eso influye, sin duda. Ojo, que siempre hay testimonios de niños que dicen “me encantan las judías verdes, pero no puedo con la pizza”. Son casos similares a esos en los que, en lugar de jugar a Fortnite, leen Tom Sawyer en 2020. Existir, existen: pero no son la norma.

La clave, según mi experiencia personal de padre de dos criaturas, es practicar el efecto Caballo de Troya. Es decir, “colar” las verduras en otra receta que a ellos les puede gustar más e ir aumentando la proporción verduril y rebajando la del resto de ingredientes. En mi caso, esto ha funcionado con la pasta.

No pasa nada por comer pasta. Al fin y al cabo, es un hidrato de carbono. Vamos a pensar en qué tal nos parecería que se comieran un bocadillo de berenjena a la plancha. Molaría, ¿no? Pues en esto mismo se basa esta receta de pasta con verduras que os voy a dar a continuación.

Los ingredientes son muy sencillos: 80 gramos de pasta por cada niño que se siente a la mesa, una buena salsa de tomate casera, verduras y un poco de queso rallado de calidad (si tenemos una cuña de parmesano o de manchego curado en la nevera, puede ser el toque ideal).

La clave, claro, está en las verduras. Yo confío en una trilogía que hasta ahora no me ha fallado: calabacín, zanahoria y cebolla. Para dos niños suele ser suficiente con una cebolla hermosa, dos zanahorias medianas y medio calabacín. Pelo las zanahorias (el calabacín no hace falta) y corto las verduras en una brunoise diminuta. Hay que estar un rato con el cuchillo para obtener daditos de la mitad del tamaño de la uña del dedo meñique. O sea, toca currar.

Una vez picado todo a saco, ponemos un chorro de aceite de oliva en un sartén y calentamos. Echamos la verdura, damos un par de vueltas, bajamos el fuego a tope y tapamos. Ahí van a estar las verduras una media hora, sudando, pochándose con su propio calor y ablandándose. Cada 5 minutos, podemos destapar y dar una vuelta, pero hay que tener paciencia. Al final del proceso salpimentamos y reservamos.

Yo suelo estar haciendo la salsa de tomate en otra sartén mientras tanto. Cuando la termino, lo junto todo en la sartén de la verdura y le doy unas vueltas a fuego lento. Mientras, en una olla hago la pasta. Cuando esta lista, la escurro y la vuelco en la salsa de tomate con las verduras. Ya está preparado el plato con el que se van a zampar, al menos, un cuarto de calabacín, una zanahoria y media cebolla por cabeza.

Por supuesto, esta receta admite variaciones, pero a mí esta es la combinación que mejor me ha funcionado hasta ahora. Si queremos gratinar la pasta con un poco de queso, podemos hacerlo y, si no, el colofón del queso rallado sobre la mesa para que se sirvan un poco también es una buena opción. No es una receta revolucionaria ni complicada ni mordeniqui, pero como capitulo piloto a la introducción de verduras a mí me parece fenomenal. Y a ellos les encanta.

Banda sonora. Bright Eyes – Pageturners Rag

 

Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

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