Vinos para no perder la memoria histórica

Se me ocurren pocos homenajes menos especiales que dedicarle un vino a alguien. Un vino no se improvisa, ni nunca resulta fácil para quien lo elabora. En el momento de catarlo, siempre es una sorpresa. Y, de un modo u otro, siempre nos cuenta algo de su vinicultor. El sumiller Xavi Nolla —mutado parcialmente en enólogo— ha experimentado este proceso con una extrema sensibilidad. El resultado son los cuatro primeros vinos de la colección Vins de la Memòria, que recientemente presentó en Barcelona. Cada uno de ellos rememora un episodio diferente del periplo que su abuelo Agustín Pérez –un almeriense emigrado a Catalunya en busca de una vida mejor— sufrió durante la guerra civil como combatiente del bando republicano.

Xavi durante su presentación en el espacio CityZen, al lado del mercado de Santa Caterina de Barcelona, el 14 de marzp pasado.

Podría haber sido una superficialidad, una simple etiqueta, una foto y un recuerdo circunscrito al entorno familiar de Xavi Nolla. Pero Xavi se lo tomó en serio, necesitaba homenajear a su abuelo, quien siempre deseó haber escrito sus memorias, aún sin saber escribir. Su nieto ha resuelto ahora este empeño de la manera que mejor sabe expresarse, con el vino. Aún así, antes investigó a fondo la ruta que, en el año 1938, desplazó su abuelo desde Badalona hasta la Terra Alta y, de allí, su huida hasta llegar al Rosellón previo a un regreso, con el estigma de perdedor, otra vez a Badalona.

Todos los Vinos de la Memoria son ecológicos y de variedades autóctonas.

En cada punto principal de la ruta que Xavi descubrió hurgando en archivos, el nieto ha encontrado alguna viña de la que ha podido comprar la cosecha para elaborar un vino que cuenta, dentro de la botella, ese momento de la vida de su abuelo. Han aparecido ya cuatro de los siete vinos que conformarán la colección, cada uno con una personalidad propia, pero con el común denominador de trabajar con métodos y variedades como las que la generación de su abuelo habría encontrado en los viñedos y las bodegas de su tiempo. Todos ellos, por ejemplo, se producen bajo los criterios de la agricultura ecológica, con levaduras salvajes y fermentación espontánea. La vendimia es, por supuesto, siempre manual.

Las cuatro primera referencias de una colección que va a tener siete.

Los primeros vinos que presentó Xavi son:

La Bruixa: el 6 de agosto de 1938, Agustín y sus compañeros de la 27a Divisón llegaron a Vilalba dels Arcs (Terra Alta). Esa división se convirtió en una leyenda por su habilidad en aparecer y desaparecer ante el enemigo. Xavi encontró un viñedo en Vilalba, justo en la zona donde se produjeron la batallas. Y de allí nace un blanco brisado, 80% garnacha blanca y 20% macabeo, con sello de la DO Terra Alta. Es el vino más fresco, quizá el más vibrante, de la colección. De la añada 2018 se han embotellado 2.787 botellas.

Lo Ebre: no hay batalla de la Guerra Civil española que haya generado más leyendas ni más literatura que la del Ebro. A ellas se añade ahora este vino, quizá la propuesta más compleja e inesperada de la colección. Un homenaje a los protagonistas de un hecho histórico que les marcaría para siempre. Salvando todas las distancias posibles, este vino tampoco va a pasar desapercibido. De las variedades crusilló (que es como se denominaba la cariñena por aquel entonces en esas zonas) y garnacha tinta cosechadas a orillas del río, es un blanc de noirs elaborado casi sin ninguna intervención. Un vino luchador del que se han producido unas escasas 1.185 botellas.

El logotipo que distingue a todos los Vinos de la Memoria.

Pólvora: ya de retirada, Agsutín y sus compañeros se tuvieron que alejar de la Terra Alta i se instalaron una corta temporada en l‘Espluga de Francolí, ya dentro de los límites de la actual DO Conca de Barberà. Muy cerca de allí, en Montblanc, Xavi ha comprado la cosecha de un viñedo de trepat, su variedad tinta autóctona, para producir 1266 botellas de un vino que nos habla de los bosques ásperos y fríos de la zona, paisajes que en aquellos días quedaron salpicados del hierro y la pólvora de las bombas.

La Memòria; con esta etiqueta se distingue el, por el momento, más raro de estos vinos de la memoria, aunque solo sea porque apenas se dispone de 866 botellas. Es un monovarietals de garnacha blanca (etiquetada como vernatxa, según la denominación popular en la DO Terra Alta) cosechada cerca de La Fatarella, en el valle de la Novena, donde, como recuerda Xavi, “cada muro de piedra seca se convirtió en una trinchera”. Xavi también recuerda que en 1938 no pudo haber cosecha. Y con La Memòria quiere contribuir a que no se olvide el porqué no la pudo haber.

Xavi ante uno de los paisajes que hace 80 años pisó su abuelo y que le han inspirado este particular homenaje vinícola.

En el periplo de Agustín todavía hay tres paradas más que han inspirado su reflejo vinícola: el Priorat, Badalona (sí, Xavi ha localizado una viña en esta ciudad vecina de la DO Alella) y en el Rosellón. Probablemente aparecerán en el 2020 y el homenaje a su abuelo quedará completado.

Y cuando abramos esas botellas, cuando alcemos la copa, quizá volvamos a darnos cuenta de lo absurdo que es enzarzarse en batallas estériles que conducen al desastre. Porque en marzo de 2019 parece que haya quien quiera borrar esta memoria. Pero los vinos de Xavi se apuntan a la lucha para que esto no suceda.

www.vinsdelamemoria.com

 

Josep Sucarrats
Josep Sucarrats

Lo más fácil es que os lo encontréis comiendo, escribiendo o hablando, tres de las actividades que más le gustan practicar. Director de la revista gastronómica Cuina, también es colaborador habitual de Catalunya Ràdio, de la revista Time Out Barcelona y de varios medios más. Es coautor del libro ‘Històries de la Barcelona Gormanda’ (Angle Editorial, 2014) y de 'Teoria y práctica del vermut' (Now Books, 2015).

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