Primero fue un taller de coches -de ahí su nombre-, luego el malogrado restaurante Lando y, ahora, este preciado local en el corazón del barrio de moda de Sant Antoni, se ha convertido en Benzina, uno de los restaurantes italianos más a tener en cuenta en Barcelona. Sobre todo, si te tiran los ambientes cuidados y cool.
Benzina es el proyecto de Badr Bennis, un trotamundos de sangre inglesa y marroquí que ha vivido en numerosos países gracias a su trabajo en hoteles de lujo. Dos ciudades le marcaron especialmente: Barcelona, que ha elegido para vivir, y Roma, en cuya gastronomía se centra el restaurante. Deberíamos añadir una tercera: Nueva York, donde asegura que ha probado algunos de los mejores restaurantes italianos del mundo. La estética de Benzina -que el estudio de diseño Motel Studio rehizo de arriba a abajo- es cien por cien ‘newyorker’, con sus techos industriales, su mobiliario con piezas meticulosamente escogidas y una atmósfera cool a morir. También su coctelería -a la que se da mucha importancia- es de inspiración neoyorquina.
Tras los fogones (que quedan a la vista a través de una ventana), el chef Daniele Moretti sirve algunas de las mejores especialidades romanas. «No es un restaurante italiano -subraya Badr– sino romano; con tanta oferta culinaria creemos que la especialización regional marca la diferencia y nos da valor».
Entre sus entrantes cabe destacar un bacalao frito riquísimo, crujiente pero nada aceitoso por fuera y jugoso por dentro. El timbal de berenjena (con mozzarella) es otro hit. Refrescante su ensalada de pulpo, patatas y oliva. Y en la próxima visita probaremos su prometedora stracciata con cigala & bottaga y el vitello tonnato.
Especialmente si vas al mediodía, vale la pena probar sus pastas. Las frescas las hacen allí mismo. Su carbonara es, sencillamente, espectacular. Otras opciones: fettucine al ragout blanco, spaghetti alle vongole o los gnocchi pulpo & pecorino. Si por la noche no eres muy partidario de la pasta, siempre tienen en carta dos platos de carne y dos de pescado. ¿El postre? Ni que decirlo; se impone el tiramisú.
En la carta de vinos también se imponen las denominaciones italianas. Probamos el tinto Maru, un monovarietal Negroamaro, y el dulce Zibibbo, muy recomendables ambos.
El ambiente es fantástico: relajado, lleno de gente moderna y con una ambientación musical a destacar. Aquí escucharás sobre todo hits de los años 70 y 80 en vinilo original. Más soul por el día y cien por cien rock clásico por la noche. El remate: tiene una terraza muy agradable.
Passatge Pere Calders, 6. Barcelona
Tel. 93 659 55 83
Horario: de miércoles a viernes, de 18 a 2 horas. Sábado y domingo, de 13 a 2 horas.
Precio medio: 25 €.
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