Gastromasa es el congreso de referencia en Turquía.
El más ambicioso y el de mayor repercusión dentro y fuera del país.
Lo demuestra cada año con un cartel de ponentes y actividades que este 2022, enfocado en la sostenibilidad, ha ido incluso a más.
La representación española siempre es tan numerosa como significativa.
Prácticamente ningún chef o pastelero de los nuestros se pierde este congreso anual en Estambul, donde la gastronomía despierta ahora mismo muchísimo interés.
En esta edición se dieron cita Albert Adrià, tan crítico como honesto a la hora de hablar de sostenibilidad-; Joan Roca, que detalló los continuos homenajes del Celler a Turquía; Andoni L. Aduriz con su última jefa sumilleres, Haemin Song en un fantástico Vis à Vis; Diego Guerrero, que también repetía escenario; Javier y Sergio Torres, que contaron lo mismo que escuchamos durante el Gastronomic Forum 2022 acerca de sus prácticas sostenibles; Elena Arzak, brillante y única de esta ‘delegación’ al exponer su ponencia en Inglés; Ignacio Echapresto, que debutaba por estas tierras; el maestro Paco Torreblanca y el chef pastelero, David Gil.
Dos generaciones, estas últimas, tan dispares como necesarias para entender la excelencia de la Pastelería española.
Gastromasa siempre ha otorgado casi el mismo protagonismo a la cocina a secas como a la dulce.
E incluso a la líquida en un escenario aparte del principal.
El crecimiento y la proyección de este congreso es ya imparable.
En buena medida porque su organización se aplica con ganas para atraer a profesionales que tengan algo (o mucho) que contar sobre el tema de cada congreso.
No es fácil hacerlo en apenas en 20 minutos…
Este año, las que más se ciñeron al tema previsto son las que protagonizaron chefs que más allá de hablar de sí mismos o de sus restaurantes, presentaron acciones reales con actores reales.
Como fue el caso de Ana Rôs, Riccardo Camanini o Dan Barber, quien por fin viajó lejos de su Blue Hill Farm para exponer su trabajo en uno de los mejores y más sostenibles restaurantes del mundo.
Sus discursos, lejos de caer en el buenismo que tanto envuelve la palabra sostenibilidad, demostraron que sí hay otra manera de hacer las cosas por el bien del planeta.
Incluso ante los más reacios o descreídos.
Implicar a jefes de Estado como en el caso de la Rôs en Eslovenia, o cúpulas de multinacionales y desafiar al sistema con según qué cocinas, tal y como se expuso en este Gastromasa, resultó ejemplarizante.
Es también para lo que deberían de servir congresos de esta envergadura.

