¡Volvemos a los restaurantes! Volvemos a comer fuera después de tantas semanas de encierro y comprobamos en nuestras propias carnes cómo nos sentará eso de la “nueva normalidad“. ¿Frotarte las manos con gel hidroalcohólico al llegar y volver a frotártelas pero de gusto cuando te sirvan el plato? ¿Ir al baño con mascarilla? ¿Mirar la carta con el móvil? Es extraño, sí, pero los locales se han puesto las pilas para que nuestra seguridad sea máxima y disfrutemos tan ricamente como hace meses. Esta ha sido nuestra experiencia en tres establecimientos para que te hagas una idea de cómo se come en los restaurantes tras el confinamiento.

Tunateca Balfegó

Entrar en Tunateca (reabre el 22 de junio) será lo más parecido a un encuentro en la tercera fase, pero la de la película. Déjate de nueva normalidad y mandangas varias. Aquí te abrirán la puerta para que no la toques, te desinfectarás las manos con un gel hidroalcohólico que pulsarás con un pedal y a la vez una cámara térmica controlará que no tengas fiebre (en la foto de aquí abajo ves una simulación de lo que te espera). Eso, nada más poner los pies en el restaurante, que también te recibirá con dos alfombrillas: una de desinfección de los zapatos y otra de secado. Eso será en la puerta de Diagonal, la de entrada, porque al irte deberás salir por la de Muntaner.

A medida que vayan llegando los clientes, se irán colocando en las mesas del fondo del local, para que se crucen lo mínimo entre ellos y de esta manera quien antes haya llegado antes se irá. “Hemos hecho un diagrama de flujos”, explica el chef, Ekaitz Apraiz. La expresión parece sacada de un libro de Stephen Hawking, pero se entiende cuando te lo cuenta. Dicho para los de letras: “Queremos crear una relación de confianza con los clientes”. Por eso tienen protocolos como los explicados y detalles como que el sumiller no olerá el corcho de la botella de vino o que los camareros te ofrecerán una cajita donde desinfectar el móvil con luz ultravioleta. De puertas adentro, han extremado las medidas sanitarias con los trabajadores y los proveedores.

Y la comida será, si cabe, aún más excelsa, porque Apraitz y su equipo han estado probando todas las técnicas conocidas a cada parte del atún (sí, también los ojos) durante casi tres meses. De ahí que los platos de la carta, disponible en código QR, hayan aumentado. De hecho, habrá dos cartas, además de dos menús degustación (de 69 y 91 euros, sin bebidas). La fija, que vendría a ser la que se puede esperar de Tunateca, y la rotatoria, con platos fuera de carta y algo más “desmelenados”, con toques más occidentales, menos puristas.

En nuestra visita a puerta cerrada a Tunateca hemos probado algunas de las novedades de la carta y hemos flipado con el nivel. Sensacional el salpicón de centolla marinado con sake (se nota un puntito de alcohol) y coronado con lomo de atun con un punto picante (en la foto sobre estas líneas); rico el sunomono, una especie ceviche de caballa y akami con caldo dashi y vinagre de arroz; sobresaliente el morrillo a la plancha con cebolla tierna y ajo negro; casi cárnico el arroz con atún encebollado y trufa de verano; artístico el tartar de lubina y chu toro (lomo graso de atún) con una guindilla rellena de huevas de salmón… Como para no volver de este encuentro en la tercera fase. Por Ferran Imedio

Tunateca Balfegó. Diagonal, 439. Teléfono: 937 97 64 60.

 

El Jardí de l’Abadessa

De acuerdo, aquí juegan con ventaja. Tener una terraza con espacio para 150 personas es un lujo incluso al 50%, que es el aforo que permitía la normativa el día de nuestra visita (fase 2). Sabedores de que el virus se transmite más difícilmente al aire libre, el cuerpo pide cielo abierto. Pero aún así en El Jardí de l’Abadessa no se han relajado lo más mínimo para convertirse en un fortín contra el covid-19.

Llegas y te reciben con gel hidroalcohólico. No te obligan a aplicarte el ‘matacoronavirus’ en las manos pero te lo recomiendan. Además de la entrada, tienes dispensadores en la barra, en los baños y en la caja. Tu mesa, que has debido reservar previamente, ya está preparada. Eso significa que la han desinfectado a fondo. También las sillas.

Tú no lo ves, pero el personal, que luce mascarilla todo el rato, se lava las manos con el gel cada 20 minutos. Y se encarga de que las sillas de cada mesa se mantengan a un mínimo de 1,5 metros de las mesas vecinas. No dejan que los niños correteen solos por el local y llaman la atención a los adultos que tocan otras mesas o a quienes van al lavabo en grupo. Tampoco cambian los cubiertos tras cada plato para que haya menos contacto con los objetos. Y a pesar de cuidar de la clientela con tanto mimo, “a la gente le cuesta entenderlo”, se lamenta Pau Badiella, jefe de sala del restaurante.

Luego, una vez en la mesa, la cosa no cambia para el comensal, salvo lo de tener que usar los mismos cubiertos y ver a los camareros con mascarilla. Y eso significa que la carta, que ahora hace de salvamanteles, sigue ofreciendo los platos de éxito que gustan a todo el mundo, como el steak tartar con mantequilla de mostaza y el tataki de atún rojo con cremoso de aguacate con esferificaciones de aceite picante (¡qué bueno está!), las redondas y ‘redensas’ croquetas de jamón y ceps, los viciosos langostinos con guacamole y crudités de zanahoria y calabacín, el divertido carpaccio de calabacín asado con tomates a la miel, crudités de jamón y queso feta… Hay menú de mediodía que cambia cada día (dos platos, pan, media agua, postre y café por 21 euros) y entre horas puedes ir a comer un cóctel. Por Ferran Imedio

El Jardí de l’Abadessa. Calle de la Abadessa Olzet, 26. Teléfono: 93 280 37 54.

 

1881 per Sagardi

También escogimos 1881 per Sagardi para salir del desconfinamiento y pisar, al fin, un restaurante por varios motivos que convierten a este local tan y tan bonito en un caballo ganador en cualquier circunstancia. Por un lado, el paseíto hasta la Barceloneta (eso de poder ver el mar de camino a la cena después de semanas de encierro es un plus). También por la espectacular terraza, que además ahora tiene una parte abierta y otra cubierta para usar una u otra en función de la temperatura exterior (nuestra opción fue tomar una copa previa al fresco y entrar a la terraza cubierta cuando empezó a hacer frío, en una de estas rarísimas noches de junio).

Luego, claro, las vistas al puerto, el placer de poder ver al fin más allá de la pared de tu cocina. Y después, claro, la brasa, la idea de que ya puestos a salir de casa qué mejor que hacerlo disfrutando de platos que no has podido catar durante meses. Íbamos con la idea de un chuletón, pero luego ocurrió que era de noche y que la oferta era tan tentadora que nos dejamos seducir por sus gambas fresquísimas, los mejillones que nos sugirió el personal y por un San Pedro fresco cocinado también a la brasa. En cuanto a los postres, dejaos aconsejar: son todos caseros y muy pero que muy ricos.

Para garantizar la seguridad sanitaria, 1881 per Sagardi ha tomado muchas medidas. La primera, debes hacer una reserva previa. Te reciben a pie de calle (el restaurante está en la cuarta planta del Museu d’Història de Catalunya) y te dan gel hidroalcohólico. Cuando arriba les dan el ok, los clientes suben de dos en dos en el ascensor. Al salir de él, otra persona te estará esperando para llevarte a tu mesa, sea en la sala o en la terraza. Debes llevar la mascarilla puesta hasta que te sientas en la mesa. Cuando te vayas del restaurante, otra vez mascarilla, pero saliendo por una puerta distinta a la de entrada.

1881_per_Sagardi

La terraza es tan amplia y las mesas están tan separadas que en ningún momento tenemos la sensación de aglomeración. Lo mismo sucede en la sala. Las mesas, faltaría más, se desinfectan tras cada servicio. ¿Has de ir al baño? Tranquil@, porque hay una persona que se encarga de tenerlo como los chorros del oro en todo momento.

Los camareros, todos con mascarilla, cuidan al máximo las distancias pero suplen esta evidente carencia con una calidez extra que tanto se agradece en estos momentos. Por cierto, tanto a ellos como al resto de los empleados del restaurante les toman la temperatura tres veces durante su jornada laboral. Así, todo sabe igual de bueno… y más seguro.

1881 per Sagardi. Plaza de Pau Vila, 3. Teléfono: 93 221 00 50.

Gastronomistas
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Somos gastrónomos y periodistas. En una palabra: gastronomistas. Escribimos sobre gastronomía popular con lenguaje popular. Trabajamos en periódicos, en revistas de cocina y de tendencias, en plataformas digitales, en editoriales gastronómicas, en agencias de comunicación... Escribimos sobre restaurantes, cocineros, coctelerías, vinos, libros, recetas, exposiciones, rutas, viajes, hoteles con mesa y mantel… Nos gusta tanto comer y beber como contarlo.

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