Restaurante Pork: hasta el rabo... ¡todo es cerdo!

Pork: hasta el rabo… ¡todo es cerdo!

Tarareo la banda sonora de este post mientras lo escribo. Me salto el precepto y la norma de Javier Sánchez, pero aprovecho para decirle que así como leo el periódico comenzando por la contra, afronto sus posts por la última de sus líneas… Dicho lo cual: suena Animales, de Pereza. No se me ocurre mejor canción para entrar en ambiente y entonar cada bocado de Pork, local idóneo para perder la vergüenza (e incluso las vergüenzas) con la comida. Para ponerse como cerdos, hablando gastronomista. Iñaki Viñaspre ya nos tiene acostumbrados a auténticas bacanales gastronómicas en nombre del grupo Sagardi, pero cuando se junta con Oriol Rovira, de Els Casals…  Ay, cuando ambos se juntan, retozamos todos (en la mesa). A la propia experiencia me remito.

Costilla, espalda, panceta, cabeza de lomo...
Costilla, espalda, panceta, cabeza de lomo…

En Pork verás un cerdo (by Mikel Urmeneta) volando y ciento disfrutando. Porque customizando el clásico: donde hay grasa, hay alegría. Que aquí hasta el rabo, todo es cochino. O cochinillo, si sois ‘más finos’. Viñaspre y Rovira se declaran “locos” por el animal en una carta en la que lo dan todo. Todo lo que da de sí el animal, claro. Pierden incluso la cabeza y te sirven la del lechón entera para 3-4 personas por encargo. Pero también la cabeza de lomo, la espalda, la panceta, la costilla… Partes todas ellas que son carne de un enorme horno de brasa construido ex profeso para el local. El resto de la cocina no son más que 20 metros cuadrados (50 si contamos también la interior). Lo justo para que quepa la balanza vintage (comas lo que comas se te cobrará a peso), la plancha japonesa para las butifarras y otra chacina -espectacular el camaiot negro faixat menorquín- y un mostrador para ultimar el producto antes de que salga a la barra o la mesa.

Camaiot negro menorquín.
Surtido de cocidos.

Las piezas de la despensa apenas ocupan un metro de estante en el que al igual que en el buche de los clientes, cabe de todo: chorizos, longanizas y sobrasadas. Lástima que la mortadella reggiana, cocida y cosida con la propia piel del animal, no figure a la vista -el jamón ibérico puro de bellota de Maldonado, sí-. Aliñada como a mí y a los italianos nos gusta está para chuparse los dedos. Que digo yo que, al contrario que con el pan -el blando, especialmente-, los cubiertos en algunos platos no serían necesarios…

Rovira no sólo barre para casa en la carta sino que junto a Viñaspre ofrecen producto seleccionado y previamente catado de las manos de pequeños proveedores que a duras penas pueden surtir a Pork. Ahí radica también parte de su mérito.

Las propuestas de acompañamiento del cerdo en todas sus variantes resultan también ideales para guarrear. Por su contrapunto y la excelencia de la materia prima, hay que probar la mostaza en grano natural, el tomate en conserva con albahaca, las patatas al gratén (¡con grasa de cerdo!) y la pera al horno. Si sois más de cuchara recurrid al caldo de ibérico puro con verduritas o al guisado de pie y oreja de lechón con judía pocha. ¡Casi ná!

Si ya sentía debilidad por Sagàs, la bocadillería a dos pasos de Pork, que sepáis que ahora todo el excedente asado de esta casa -quiero decir, el poco excedente que queda a diario- se aprovecha en ese otro local para sellar un bocata que como avisa, no es traidor.

¿Queréis relameros? Pues ni se os ocurra obviar la piña al horno con helado de vainilla que tanto me recordó a la del Dinner londinense ni la coca de chicharrones de la casa. Sencillamente deliciosa.

La carta de vinos está integrada en la de las viandas y a la espera de que La Extraña Pareja materialice su apuesta por los vinos naturales, en Pork prevalecen los espumosos, la cerveza de Steve Huxley (from Liverpool) y la manzanilla. Pero también hay vino, gin tonics, buen café y mejor té.

Igual no es precisamente el día de Reyes, tras tanto exceso navideño, el más apropiado para aconsejaros un restaurante como éste pero ¿por qué no? No se me ocurre mejor lugar para rematar la faena, cerrar el círculo (en honor a Cal Rovira), comer o cenar un lunes festivo en Barcelona y sentirte cual George Clooney amando al cerdo (y no sólo al perro) por encima de todas las cosas…

 

Lo mejor: el jamón ‘a lo pobre’, el producto casero de Els Casals, el pan blando y la coca de chicharrones de la casa.

Lo mejorable: no estaría de más una propuesta única de surtido en la carta a partir de las diferentes especialidades de la misma.

 

Pork (boig per tu).
Consolat del Mar, 15. Barcelona
Teléfono: 902 520 522
Horario: abre todos los días de la semana de forma continuada y hasta las 1.30 am.
Precio medio: 25-30 euros.

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.