¿Quién no quisiera pasar el rato en un lugar llamado Isla Tortuga? Porque, reconozcámoslo, la cosa ya pinta bien cuando te llamas Isla Tortuga, históricamente un pedazo de tierra situado en el Caribe y que en otros tiempos era territorio de piratas. Una mezcla sonora que ofrece reminiscencias de exotismo y canallería, un paraíso, pues. Pero el Isla Tortuga del que hablamos –un restaurante, en este caso– no está en aguas lejanas, sino cerca, muy cerca, en pleno Barcelona. Eso sí, en otro tipo de islote, diferente, esta manzana de edificios históricos situada entre el barrio de la Barceloneta y el del Born, que muchos conocen por su reciente resurgir gastronómico. Una mezcla de lo más cool, con el pasado tradicional de Barcelona.

La decoración e interiorismo del local sigue la línea estética de los demás establecimientos con los que comparte grupo, En compañía de Lobos. Predominan la madera, el hierro y materiales naturales, con aspecto bruto, artesanal y un toque industrial. Aquí uno dejaría pasar el tiempo sin problema, y tanto las líneas rectas y el mobiliario bonito y depurado consiguen crear un ambiente zen y acogedor. En este decorado se ha instalado Isla tortuga, un concepto de taberna de toda la vida trasladada a nuestra época. Un recuerdo y homenaje actualizado a aquellos establecimientos que regentaba la inmigración andaluza en el barrio de pescadores de Barcelona allá por los sesenta. Y por ello aquí hay platos de siempre y de inspiración andaluza (con las frituras), con algún guiño a la fusión cultural gourmet. Porque eso también es otra característica propia de la Barceloneta, un puerto por el que ha transitado gente de todo el mundo. Un cruce multicultural y cosmopolita.

Y en esta taberna actualizada el servicio es informal y simpático, y se apuesta por la cultura de compartir, sea una copa, platos o tapas, siempre con predominio de los productos del mar, que tan cerca se encuentra. Por ello, en la pizarra encontramos platos del día a base de productos del mercado principalmente marineros con los que los comensales pueden disfrutar de sabores simples, sin artificios, pero que no dejan otra opción que chuparse los dedos. Hablamos de tallarines con bitxo, gambas al ajillo, mejillones con salsa de leche de coco y curry verde y pescados frescos cocinados o a la plancha. Lo dicho, para chuparse los dedos.

Mientras, la carta estable –que sí varía cada dos o tres meses– cuenta con una gran variedad de tapas de calidad y acertadas combinaciones (tataki de atún; empanadas al vapor de gambas y salmón; pulpo frito con ensalada de patatas y kalamata, por ejemplo), platos de cuchara (fricandó o judías blancas con almejas), arroces (de mar, vegetal o mar y montaña) y recetas más de temporada (al ser verano hay propuestas muy frescas y deliciosas como el gazpacho de cereza y tomates o la ensalada de tomates variados, queso manchego marinado y vinagre de Módena, entre otras). El toque más exótico lo trae un apartado de tacos bien buenos (especial hincapié al de solomillo y al de gambas). Y, finalmente, los encantos de Isla Tortuga llegan al postre. No os perdáis el lemon pie de la casa, a la altura de toda la oferta culinaria de esta taberna de puerto.
Precio medio: 25 euros
C/Llauder, 1 – Barcelona
Abierto cada día de 12 a 00h



