Hoy toca hablar de restaurantes que llevan a rajatabla el concepto de cocina de mercado, tan reivindicado, por fin, en los últimos tiempos. Cuines Santa Caterina, Pinotxo y Casa Blanca son tres establecimientos que frecuentamos a menudo. Los tres son un valor seguro, cada uno a su manera, si queremos encontrar una materia prima buena y fresquísima, precios contenidos, cocina casera y ese ambientillo particular que se da siempre en los mercados, tan difícil de encontrar en otros lugares.
Así pues, es habitual que nos acerquemos a la Boqueria para ocupar uno de los taburetes de Pinotxo. La incomodidad de comer en una barra, ligeramente apretujados y rodeados del típico griterío del mercado son parte del juego de un restaurante que nos traslada a aquella Barcelona del Chino, de Casa Leopoldo, de la absenta y los prostíbulos: de aquellos bajos fondos que la historia ha mitificado no sabemos bien por qué. O sí: seguramente porque la escribieron, como siempre, aquellos que que tuvieron la suerte de poder frecuentarlos solo de paso.
Si la Boqueria y el Pinotxo representan el pasado, basta caminar unos pasos hasta el vecino Mercat de Santa Caterina para encontrarnos con el presente e incluso el futuro: la Barcelona de Miralles y Tagliabue, la del techo instagrameable, la del turismo de masas y la cocina ligera y saludable. En su interior encontramos Cuines Santa Caterina, un local de aire contemporáneo y cosmopolita que presume de una impecable cocina mediterránea con algún toquecito asiático.
Si de ahí nos dirigimos al flamante Mercat de Sant Antoni, epicentro de un barrio en auge, no podemos dejar de ocupar mesa en uno de nuestros imprescindibles de la zona, que visitamos a menudo: el inefable Casa Blanca, ambiente de mercado, una clientela que se las sabe todas y buenos precios con algún plato que nos tiene robado el corazón.
Empezamos la ruta:
Pinotxo, en la Boqueria
Siempre es un buen momento para reivindicar Pinotxo, un lugar de sobras conocido pero que conviene recordar de vez en cuando para que no se pierda entre la avalancha de restaurantes nuevos. Este bar de batalla ha recibido a personalidades ilustres a lo largo de sus varias décadas de vida (los hermanos Adrià, sin ir más lejos, son asiduos del local y amiguetes de su dueño, el simpatiquísimo Juanito Bayén) y nos recuerda que hay algunos platos que saben mejor si se degustan en la barra de un mercado como el que nos ocupa.
Porque aunque muchas personas lleven años sin pisar la Boqueria porque –aseguran– se ha convertido en un reducto guiri, los que visitamos con frecuencia este mercado emblemático sabemos que el que tuvo retuvo, y que sigue siendo pese a todo uno de los lugares en los que mejor se compra (y se come) en Barcelona.
Así, Pinotxo es ese bar no apto para aburridos ni psicorrígidos donde reina la algarabía, se come con las manos y puede que nos manchemos la ropa. Pero y qué. La tortilla es obligatoria y podemos combinarla con unos callos, un cap i pota, garbanzos, chipirones con judías y algunos pescados fresquísimos recién llegados de las paradas vecinas. El bacalao lo bordan, igual que los pimientos del Padrón y, como colofón, tienen el icónico «cortado de Juanito» que merece la pena probar. Juan Bayén ya no está, pues se ha jubilado recientemente, y aunque se nota su ausencia, Pinotxo sigue siendo mucho Pinotxo. Imprescindible.
Cuines, en Santa Caterina
Si Pinotxo representa la vieja Barcelona, la de la cocina tradicional y el ambiente de barrio, Cuines resume como pocos el espíritu de la Barcelona contemporánea. Este local diáfano y sofisticado con vistas a la calle, ubicado en el Mercat de Santa Caterina, ofrece una cocina de mercado de raíz mediterránea que de vez en cuando se permite mirar a las cocinas del mundo. Aquí los productos de mercado brillan en platos que van desde unas croquetas de pollo y jamón ibérico a un hummus con pan de sartén, una crema de patatas con trufa y setas, una fideuá de pescado de roca y mariscos y una selección de pescados y carnes, con opción de brasa (solo por su rape merece la pena volver y volver).
Nada nuevo bajo el sol, es cierto, y esta es precisamente la carta de presentación de un local donde podemos comer unas verduras salteadas con setas o un morro de bacalao con muselina de ajos, un fricandó o una hamburguesa americana. Como ocurre siempre en los restaurantes del Grupo Tragaluz, la materia prima es de una calidad excelente, las cocciones sencillas y precisas y las raciones generosas. Además, el interiorismo nunca falla. En esta ocasión se ha conseguido crear una especie de jardín urbano, íntimo pero a la vez informal, que abre durante todo el día y va cambiando de aire a medida que pasan las horas, desde el ajetreo de los desayunos a la sofisticación de las cenas.
Ahora que se acerca San Valentín, es una buena opción romántica para comer muy bien sin gastar en exceso, sin sorpresas y en un entorno que invita a las confidencias.
Casa Blanca, en Sant Antoni
Nuestro restaurante preferido de la zona de Sant Antoni se llama Casa Blanca, está dentro del mercado y nos lanza ya desde el principio una serie de pistas que solo el comensal avispado sabrá interpretar. Se encuentra en pleno meollo del mercado, junto al pescado, y sus mesas están en su mayoría ocupadas por personas de mediana edad para arriba con aspecto de saber muy bien lo que se hace. Porque Casa Blanca no es instagrameable ni cool (en el sentido ortodoxo de la palabra) y su clientela parece a primera vista felizmente alejada de las modas pero, a todas luces, con un paladar exigente, convenientemente enfrascada en lo que se trae entre manos.
Casa Blanca hace bandera de la cocina de mercado, del de Sant Antoni en este caso, donde cada mediodía se convierte en un bastión por el que circulan platos como su tortilla a la cazuela, sin cuajar, de las mejores que hemos probado en Barcelona. También nos gustan sus bandejitas de pescado y marisco perfectas para compartir y a buen precio, donde nos encontraremos algún que otro percebe, entre otros bocados delicatessen. Por lo demás, platos tradicionales de mercado como el picantón, el fricandó, la zarzuela de merluza y rape y así una larga lista de propuestas que nos recuerdan por qué no podemos permitir que la cocina tradicional se diluya en esta ciudad entre un aluvión de modas gastronómicas en ocasiones incomprensibles.




2 comentarios
Thank you, your article surprised me, there is such an excellent point of view. Thank you for sharing, I learned a lot.
Can you be more specific about the content of your article? After reading it, I still have some doubts. Hope you can help me.
Comentarios no permitidos.