Por fin llegan las vacaciones. Da igual si son las de julio o las de agosto. La cuestión es que tu pareja, tu familia, se van a ir unos días, o unas semanas, y tú te vas a quedar de Rodríguez, lo que significa que si eres hombre podrás dejar los calzoncillos sucios en el suelo más de tres días, te hurgarás la nariz viendo canales deportivos hasta las tantas de la noche sin que te peguen codazos e incluso podrás sentirte liberado cuando dejes ir alguna que otra ventosidad. Y si eres mujer, por ejemplo, podrás encerrarte en el baño el tiempo que quieras para arrancarte los pelos de las cejas sin que al otro lado de la puerta haya nadie incordiándote porque quiere entrar después de tres horas esperando su turno.
Pero, ay amigos, chicos y chicas, tan deseada soledad tiene un problema. Un gran problema si no sois unos cocinillas. Que más allá de herviros la pasta o freíros un bistec, no tenéis ni idea de nada. Seguro que desconocéis algunos consejos que memoricé el mismo día que me los soplaron en el restaurante El Clandestino, en el barrio de Sarrià de Barcelona. Son nueve. Lo siento, no es un decálogo, pero mi culturilla como chef no da para más (igual de triste que la foto de la sartén sobre los fogones que acompaña este post, pero así de triste es la vida gastronómica de los Rodríguez que no pisan la cocina el resto del año). A ver si esto os ayuda un poco.
¿Qué hacer si se corta el allioli (en el caso de que seas un crack capaz de hacer un allioli)? Los ajos no pueden estar secos, deben estar hidratados. Para conseguir esto es suficiente con añadir unas gotas de agua al triturarlos.
Para que el pescado (sí, eso tan caro que venden en los mercados) no se pegue a la sartén, primero se tiene que secar el pescado y sacarle la humedad envolviéndolo unos segundos en papel de cocina. Fácil, ¿eh? Pues ahora ves al mercado.
A la hora de hervir el agua, la sal se debe lanzar una vez haya arrancado a hervir; si la ponemos antes empezará más tarde a hervir y gastarás más energía. Así podrás presumir de cuidar el consumo eléctrico cuando llegue tu pareja porque solo sabes hacer eso, hervir pasta. ¡Y de qué manera!
Si quieres hacer una crema que lleve leche o crema de leche, no uses aceite, usa mantequilla (nunca margarina). ¡Respeta los sabores, por Dios!
Cuando hacemos caldo de pescado no lo hiervas más de 30 minutos a fuego suave. Después de hervirlo por primera vez puede amargar. Y esa mala experiencia podría arruinar tu incipiente afición por los fogones.
¿Quieres pelar fácilmente los tomates? Haz una cruz en el culo del tomate, ponlo a hervir medio minuto y enfríalo con agua y hielo. Entonces parecerá que llevas años pelándolos. Si viene un amigo a casa a cenar, flipará con tu destreza.
Nunca cambies de marca de sal sin haberla probado antes. Cada marca tiene su grosor y te arriesgarás a que el plato te quede salado o insípido. El punto de sal es muy importante. Tira millas con la que tengas en casa si hasta ahora no te ha ido mal del todo.
Para caramelizar la cebolla es mejor usar brandy que no sea de muy buena calidad, ya que lleva un porcentaje más alto de caramelo para darle color que nos ayudará a caramelizarlo. Así que ya sabes, desentierra aquella botellita que te dieron en el último lote de Navidad, si es que fuiste de los pocos afortunados que recibieron uno.
Antes de freír las patatas y una vez estén cortadas, se deben lavar o el almidón que desprenden hará que se peguen entre ellas. A no ser que quieras inventar la megapatata frita y quieras ir de Ferran Adrià por la vida; en ese caso no hace falta que tengas en cuenta tan simple truco. Pero te aviso, no disfrutarás igual.