Bye-bye pancakes, huevos Benedict, tostadas de aguacate y bowls con superpoderes variopintos. El nuevo it de las mañanas son los quesos, ensaladas, encurtidos, pita y shakshuka. Es decir un mix and match muy heterogéneo de productos frescos y platos de gran sabor llegados directamente de la tradición culinaria israelí, donde el desayuno es algo así como un sacrosanto ritual o, si no, la comida más importante del día. Delicioso, sin duda; contundente, a saco; potente nutritivamente hablando y muy saludable de por sus combinaciones de ingredientes naturales y beneficiosos muy similares a los que encontramos en nuestra dieta mediterránea. Otro valor propio que nos hace suspirar: las verduras llegan ya a primera hora del día. Desciframos, a continuación, los básicos de un auténtico festín mañanero al estilo de Israel que todo apunta será la próxima tendencia foodie.
No hay hora para desayunar
Si viajas a Israel, te darás rápidamente cuenta que los fines de semana puedes pedir un desayuno desde primera hora de la mañana hasta finales de tarde. Buena muestra de la importancia de este ritual gastronómico. Sin embargo, cabe subrayar que la hora más común para disfrutarlo es de 11 h a 15 h, horario compartido con el anglosajón brunch.
En la variedad está el gusto y… ¡la energía!
El desayuno tiene como objetivo alimentar adecuadamente para estar a tope el resto del día. Por este motivo, es muy, muy, completo. En la mesa hay dulce y salado, frutas y verduras, grasas, lácteos, carbohidratos… ¡qué no falte de nada! Otro valor a tener en cuenta, y condición sine qua non de su etiqueta saludable, es que la mayoría de los ingredientes deben ser frescos. Más concretamente, ¿qué encontramos en un desayuno tradicional de este país de Oriente Próximo? Pan, quesos de pasta dura, fruta fresca, olivas, mermelada, mantequilla, huevos, ensaladas, guisos, humus, Labneh (algo así como un yogur que se suele servir con aceite de oliva y zaatar)…
¿Para beber?
En cuanto a las bebidas que acompañan este festín, nada original, sino lo típico en materia de desayuno. Café o té, y zumos naturales frescos para el chute de vitaminas. Pero, con la globalización, cóctel Mimosa y Bloody Mary también se apuntan cada vez más a la party.
Recetas con elaboración
Entre tanta variedad de productos presentadas en bruto a la hora de esta comida, cabe resaltar dos recetas típicas que requieren elaboración y son indispensables. Por un lado está la ensalada israelí compuesta, principalmente, de tomate, pepino, cebolla, especias y hierbas frescas como el perejil y cilantro, que… ¡se sirve sin salsa! Como mucho, os podréis añadir un chorrito de aceite de oliva para aportar textura y sabor, aunque no es habitual. Otro must del recetario nacional es, sin duda, el shakshuka. Algo así como un delicioso sofrito de tomate bien condimentado preparado en una cazuela y en el que, al final, se echan huevos.
Raciones gigantescas
En Israel, las raciones son grandes. Así que si decidís montar este desayuno en casa, ya podéis prever cantidad.
Nada de carne ni embutidos
Si la idea es degustar un menú tradicional, olvidaros de carne y embutidos. Por motivos culturales y religiosos, se suelen respetar las reglas Kosher. Así que deben quedar separados productos lácteos y cualquier tipo de carne, ave o embutidos.
Sí al pescado
Lo que sí se puede encontrar en algunas composiciones de menús es atún, salmón, caballa o arenque…
Para imprescindibles, los huevos
Un ingrediente básico que se puede servir duro, frito, en tortilla, pochado, en salsa, revueltos… Vamos, al gusto de cada uno.
No nos olvidemos de los complementos
Muy importantes, porque vienen a redondear la experiencia culinaria, no pueden faltar en la mesa pan de pita y pan tostado, olivas, mantequilla, miel y mermelada, algún dulce de repostería a modo de postre, y, por supuesto, los ultrapopulares bagels israelíes. El pan es una delicia en Israel, y lo encontramos en cualquier lugar y de todas las maneras posibles. Su pan trenzado, el challah, es ya una delicatessen por sí mismo, sin necesidad de acompañamiento.
Solo os quedar tomaros el tiempo de disfrutar, largo y tendido, de una festín en toda regla. No se nos ocurre mejor manera de empezar el día.


