Ein Prosit o el evento ‘gastro’ de nunca acabar

Por mucho que te hablen o leas sobre Ein Prosit; nada se parecerá a lo que supone vivirlo in situ. Imagina toda una región y su capital volcadas en darse a conocer a través de la enogastronomía. De la propia y de la que resulta del intercambio culinario entre culturas tan diversas como la eslovena y la peruana; la brasileña y la rusa; o la japonesa y la turca. Casi de manera tan natural y sincera como aparentemente desinteresada; algo muy difícil de conseguir en eventos gastro, donde el exceso de marketing difumina el verdadero sentido de cada propósito.

Todas las culturas citadas se reunieron en el último Ein Prosit durante una semana, con sus comidas y sus cenas; ejerciendo la italiana de anfitriona. No faltaron por ello los chefs más reconocidos -por la Michelin, la Gault Millau y la Fifty– de la Bota, que además cocinaron todos juntos en Agli Amici. Dónde mejor en Udine

Niko Romito, Massimiliano Alajmo, Mauro Uliassi, Riccardo Camanini, Norbert Niederkofler y el bueno de Emanuele Scarello dignificaron a su patria en la mesa sin olvidarse de la pasta ni del tartufo, el panettone, el café o la grapa; Nonino, claro. El Friuli emplatado por Scarello me pareció uno de los platos más atinados y oportunos del conjunto. Como también el cacio e pepe del Lido 84, uno de los mejores restaurantes que he visitado este año.

Ein Prosit engloba menús, degustaciones, catas y demostraciones en plena calle o en edificios emblemáticos que no hacen más que sumar para la causa. Todos suman en Ein Prosit: los chefs, las bodegas, las aziende de producto, las instituciones, los locales y los turistas. Mediante encuentros en restaurantes de Udine, Tarvisio y Valbruna, pero también en espectaculares casas privadas. Ahí se llevaron a cabo precisamente las cenas de Yoji Tokuyoshi con ‘sus’ abuelas italianas.

Todo está pensado, organizado y cuidado al milímetro para resultar una fiesta enogastronómica sin precedentes en la zona. Me atrevo a decir que incluso en el extranjero. La inmersión en Ein Prosit vale mucho la pena, aunque se haga siempre corta. Corts, pero intensa. Lo digo por experiencia propia. 

Disfruté especialmente de A cuatro manos donde pude reafirmar mi debilidad por la cocina italiana tradicional, así como volver sobre otros culinarios lejanos. De la mano de Virgilio Martínez recorrimos su cocina de altura y esencia amazónica en propuestas que se intercalaban con las de Antonia Klugmann. Para nota, su polenta roja con mariscos o los ravioli de castaña. Del peruano, en cambio, me quedé con su magistral secuencia sobre el cacao.

El ‘combo entre Diego Rossi y Federico Sisti demostró que la casquería tiene su público y también su lugar en la gastronomía actual. Juntos prepararon unos ravioli de vísceras y unos caracoles con espuma de setas deliciosos.

A partir de menús en torno a los 100€ por persona, maridaje incluido, cualquier aficionado a la enogastronomía podía darse un homenaje en nombre del chef o la cocinera que le viniese en gana. Hubo hasta 50 donde elegir; por no hablar de los distintos espacios; las citas a dúo y los tríos, como el de Eugenio Boer-Joris Bijdendijk-Christophe Hardiquest; quizá el de mayor alarde creativo sobre el plato. Lástima que al final no pude probarlo… Cosas del sold out en un Ein Prosit lleno hasta los topes.

El listón está muy alto, pero hay evento para rato.

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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