Gucci Osteria o la cocina de Bottura en Florencia

Lo que más puede interesar a una gastronomista del nuevo Gucci Garden de Florencia es su Osteria. Aunque muchos colegas de la moda no lo entiendan, se puede acceder a la Maison de la marca italiana y no pasar de su restaurante. Eso hice una vez sentada a una de sus pocas mesas. Tras ojear la carta junto a la entrada, anunciar mi reserva y lucir un ejemplar del Pan es Oro bajo el brazo adquirido en la misma tienda de la Casa comencé a sentirme cómoda.

Que no os puedan las ostentaciones del sector lujo ni las miradas condescendientes de algunos, dependientes o empleados incluidos. Aquí podéis desde tomar un té o café con pastas como hacen tantos turistas, a comer o cenar prontito a la carta. Ésta la firma el italianísimo Massimo Bottura y la defiende con solvencia la mexicana Karime López en una cocina de lo más cosmopolita.
Dadas las hordas de gente que recalan en la capital toscana y el alcance de la marca, el chef asegura el tiro con platos reconocibles en todos lados, a los que él otorga un giro para hacerlos suyos. Con eso me refiero tanto a la ensalada César como a los tortellini o el risotto. Recetas con las que hoy en día se atreve todo quisque, pero que bajo la incisiva mirada de Bottura recobran una nueva vida. No sé cómo sentará a según qué clientes eso de tener que participar del acabado de algún plato como os mostramos hoy en nuestro Instagram, pero eso forma parte del guión de una Osteria que mantiene las formas a la vez que sugiere o provoca como podría hacerlo un diseño de alta costura.
A propósito de la César, ésta no me pareció nada del otro jueves pese a degustarla en pequeño formato [me propusieron un menú de medias raciones para poder probar así más platos].
Ya me convenció más el bonito bien marinado y reposado sobre una tortita perfumada de cítricos donde se percibe el toque de Karime. Los tortellini en crema de parmesano resultaron mi particular boccone di cardinale. Aún mejores que los que Bottura quiso que probara en su Osteria Francescana, ganan enteros con trufa negra en temporada. Al dente, generosamente rellenos, cremosos… exquisitos. También la lengua con salsa verde me pareció deliciosa y sin duda el plato menos previsible de una carta con enunciados, si no calcados, sí sobados en medio mundo. Melosa tras una preparación de varias jornadas, entra mejor que el bun de cerdo y presumo que el hot dog o la burger.

La César de la Gucci Osteria. ©BelénParra

Los postres proporcionan el contrapunto dulce e incluso fantasioso que anda en sintonía con parte del imaginario de Gucci. Probé dos y quedó para otra ocasión el Charley Marley con el que Bottura homenajea a su hijo Charlie. Me decanté, cómo no, por el roll cake de tiramisù bien bañado en café si bien todavía prefiero la versión suflé de la Francescana porque permite ahondar bien la cuchara.

Tortillini con crema de parmesano y trufa. ©BelénParra

Más que un privilegio para paladares contados, esta otra Osteria de Bottura en la Toscana es un lujo asequible para muchos al cobijo de Gucci. La primera tenía que estar en Florencia por la mera Historia de la marca, pero a buen seguro que vendrán más porque la Casa es grande, está haciendo bien las cosas en comparación a otras que también coquetean con la gastronomía -léase Armani– y la colaboración con el chef se nota sincera y fluida. Por lo pronto hay coherencia entre lo que se vende y lo que se sirve, pero también, buen gusto.

 

Gucci Osteria. Piazza della Signoria, 10. Florencia.
+39 055 7592 7038.
Abre todos los días de la semana de mediodía a 23h.
Precio medio: 60 euros.

 

 

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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