La hora de los agricultores

Han protestado muchas, demasiadas veces. Pero ahora, sorprendentemente y sin saber muy bien por qué, es cuando están siendo escuchados. Las manifestaciones de los agricultores se están haciendo eco en los medios de comunicación como nunca: artículos de opinión sobre el valor de la agricultura, debates sobre cómo solucionar los bajos precios de origen cuando el canal de distribución los multiplica hasta por 700 al llegar al lineal, entrevistas a todos los agentes implicados…

Los whats app de grupo de mi pueblo se hacen eco tímidamente. Uno envía algún artículo interesante, otra manda un lazo verde para pedir su difusión por las redes, a lo que una señora contesta “¡Y los terratenientes solo con la PAC ya pueden comer! Es una gran injusticia lo que pagan por los productos del campo y los grandes beneficios de comerciantes e intermediarios!” Empiezan a quejarse, pero tampoco demasiado. Son gente de campo, trabajadora, humilde y, a menudo, resignada. Pero quizás ha llegado el momento de cambiar y de hacerse escuchar. Y de que los escuchemos.

Mi pueblo se llama Castelflorite, está en la comarca oscense de Los Monegros y en su día a día apenas cuenta con un centenar de habitantes, en su práctica totalidad dedicados a la agricultura y a la ganadería. Es un municipio de esa denominada España vacía y, sin embargo, está muy vivo: tienen bar social que sirve unas 40 comidas diarias a trabajadores de la zona, piscina, gimnasio, clases de spinning y de yoga, parque, internet con fibra óptica, una quincena de jóvenes que han apostado por quedarse allí (la gran mayoría nos fuimos)… y, sobre todo, muchas ganas de hacer cosas.

Con el ánimo de convertirme en el altavoz de una comunidad de trabajadores del campo les pregunto sobre su situación, sus inquietudes y sus reivindicaciones. Y no, el problema no se limita al aumento de precios del canal de distribución.

Cómo viven los agricultores

Santi Mur nos ofrece una primera información bastante reveladora: «La explotación media de Castelflorite debe estar en unas 50 hectáreas y, a día de hoy, el 90% no vivimos exclusivamente de la agricultura. Todos tenemos una segunda actividad, ya sean granjas de porcino o de ovino, trabajos con el tractor a terceros… un complemento a la explotación. Penurias no pasamos, pero en nuestro negocio un año puedes ganar 100 y, con el mismo trabajo, al año siguiente puedes perder 10, sacando la misma producción, porque bajan los precios o porque lo que gastas en producir ha subido”

Santi Mur en uno de sus campos.

La vergüenza de los precios

Los precios de los productos agrícolas los marca una lonja, y en ellos se basan todos los compradores. «Los que nos compran los cereales, maíz, alfalfa… son los que van a la lonja a marcar los precios y, claro, caros no los pondrán», explica Santi. Esos precios son igual de bajos o menores que hace 25 años. «En el 96, la cebada rondaba las 0,18 euros y, este 2019, no hemos llegado a ese precio. Sin embargo, el gasóleo del tractor, en el 96 costaba 0,24 euros/litro y ahora está sobre 0,72 €/litro (y ha habido épocas que ha subido a 0,90 €/litro). Haz cuentas», remata.

En el cuadro siguiente se puede apreciar la diferencia de precios entre el origen y el destino. El récord se lo lleva la patata, que tiene un aumento de precio del 700% entre el campo y la venta al público.

La ganadería, igual de mal

A 5 kilómetros de Castelflorite, en la aldea de Lamasadera, José Juan Naya cuenta con un rebaño de 800 ovejas que cuida con un cariño extraordinario. Es de los pocos pastores que practica la trashumancia. Eso se traslada en una carne que ya quisieran para sí los mejores restaurantes. Sin embargo, confiesa que lo suyo es pura vocación. «La situación del ovino es parecida a la de la agricultura. Los precios, excepto en Navidad que crece el consumo, están a unos 60 euros el cordero: lo mismo que hace 40 años, mientras que la vida no deja de subir. La carne llega al consumidor con un precio triplicado. El consumo es bajo a causa de ese precio final y también porque traen carne de fuera de muy mala calidad. La gente compra porque son más baratas, no les gusta y ya no quieren comer más cordero».

Nada es fácil para ellos. «Ahora los animalistas -se queja- quieren reintroducir el lobo en los Monegros. Desaparecieron hace cien años y es la fiera más carnívora y lo peor para las ovejas. No vamos a estar como hace cien años, quedándonos a dormir por la noche en el campo. ¿Rentabilidad? Tenemos para vivir pero con la cantidad de horas que hacemos, sin vacaciones, no salen las cuentas… Los que aguantamos es porque nos gusta. Criamos calidad pero no llega al consumidor», se lamenta José Juan.

 

José Juan Naya con su rebaño de ovejas Xisqueta frente a su pueblo, Lamasadera.

La importancia de proteger a nuestros apicultores

Pedro Manuel Loscertales (ese apellido es mayoritario en el pueblo) es el alcalde de Castelflorite desde hace 13 años. También es apicultor y elaborador de la Miel del Tío Perico. Pedro Manuel reivindica la valor del apicultor en el mundo rural, al ayudar a mantener los ecosistemas a través de la polinización, y reivindica la lucha del sector por un etiquetado justo: «Queremos que Europa legisle a favor de los apicultores, queremos que en la etiqueta se informe del país de procedencia de la miel. Actualmente, con un 1% de miel española y un 99% de miel china, ya se pueden etiquetar como miel dentro de la UE. Lo justo sería que el consumidor tenga la información real, el porcentaje de cada país, y que decida si quiere consumir miel de España o de su región, si quiere consumir miel de productor».

Pedro Manuel Loscertales, apicultor y alcalde de Castelflorite.

El verdadero problema

José Juan Naya ya apuntaba a la importación de cordero extranjero de mala calidad como uno de sus problemas. En el caso de la apicultura, no es menos grave. Pedro Manuel denuncia con más vehemencia este factor: «Nuestro principal problema es que entra miel china con una composición bastante dudosa. Mientras nuestra miel, artesana y natural, ha estado a 4 euros, la miel china entra en puerto a 1,50 o a 1,30. Por esta causa, nuestra miel se vende a precios por debajo del coste de producción. Nuestro coste de producción son 2,60 euros y estamos vendiendo entre 2,20 y 2,50 euros en función de si la miel es multifloral o monofloral».

El alcalde de Castelflorite lo puede decir más alto pero no más claro: «Hay una cuestión que se llama globalización y que es nuestro principal problema actual. La globalización no entiende de políticas. La globalización ha llegado para quedarse, no hay más, y es por ello que estamos en la situación en la que estamos».

Precios bajos, muchas inversiones

Para quien no conozca la región, Los Monegros es una zona desértica, lo que ha acarreado verdaderas dificultades a los agricultores de la zona. Especialmente en los 80, una década muy dura. Los 90 mejoraron gracias a la llegada de la PAC, pero no era suficiente. Había que modernizar el sistema de regadío para mejorar la agricultura y luchar contra la despoblación. Alberto Loscertales fue uno de sus impulsores a través de la Comunidad de Regantes de San Pedro. «Fue complicado -recuerda- pero al final lo conseguimos y la vida nos mejoró bastante: no teníamos que salir por la noche a cambiar el agua, podíamos controlar el riego desde el teléfono… También nos permitió hacer nuevos cultivos, y, los que teníamos, hacerlos más rentables, además de aprovechar el agua hasta la última gota».

Este dato es fundamental para entender que la inversión es importantísima para evitar la despoblación, pero a la vez supone unos gastos altos para los agricultores. Adela Hernández, ingeniera agrónoma, explica que «los gastos de producción (los costes energéticos se han visto incrementados un cien por cien desde la liberación del mercado eléctrico) y las cuotas de amortización de las inversiones (principalmente de la modernización de regadíos) no son compensados con los ingresos derivados de la producción».

A eso habrá que añadir, nos sigue contando Adela, «las exigencias derivadas de las políticas europeas en cuanto a medidas para mitigar el cambio climático. Sin duda, provocarán de nuevo costes adicionales. Por no hablar, de las consecuencias mismas del cambio climático, que probablemente generarán falta de recursos hídricos». Por poner un ejemplo, los fitosanitarios menos contaminantes son también menos efectivos, por lo que generan más gastos al agricultor.

La modernización del riego ha sido clave para mejorar la rentabilidad y el estilo de vida de los agricultores de Castelflorite.

PAC sí o PAC no

La PAC es una ayuda a los agricultores que nació como compensación a las pérdidas de renta y para favorecer el desarrollo social. Que luego se considerara una subvención hizo que con el tiempo muchos tuvieran una imagen negativa de la misma. «El público en general comenzó a tener la percepción de que somos unos parásitos», dice un duro whats app anónimo que corre entre los agricultores.

«Si tu haces una encuesta entre todos los agricultores -cree Santi Mur-, los que trabajamos realmente la tierra y nos esforzamos por el máximo rendimiento no querríamos una PAC, sino que simplemente los productos que vendemos tuvieran el coste que tienen que tener y que se valorara el esfuerzo. No queremos un dinero para que algunas explotaciones tengan suficiente como para escasamente cultivar la tierra. La PAC es una ayuda a la producción, a los precios bajos y, claro, está cambiando la opinión pública pensando que somos unos subvencionados y que no trabajamos, cuando solo queremos unos precios razonables».

Cómo mejorar la situación

Alberto Loscertales opina que están en un sector muy mal estructurado en cuanto a comercialización. «Tendríamos que estar mejor agrupados y organizados para comprar los productos (gasoil, maquinaria, abonos…) y para la venta, no sabemos vender bien. Estamos en manos de especuladores y eso ocasiona unos precios muy bajos, el abandono de explotaciones y la despoblación».

Santi cree que mejorar los precios es muy difícil: «no depende de nosotros. las comercializadoras lo que quieren es comprar barato, aplican sus márgenes como quieren en el producto final… No sé si tiene que intervenir el estado y establecer unos precios mínimos. La opinión pública protesta cuando sube el precio de la leche o el pan pero luego se compran móviles de 600 euros, es así como está la sociedad».

¡A ver si todo este ruido sirve para mejorar vuestra situación! le digo a José Juan Naya. «Ya estamos acostumbrados», contesta resignado.

La responsabilidad de los consumidores

Muchos consumidores estamos en la actualidad interesados por las materias primas de calidad, por ir a restaurantes kilómetro cero que ofrezcan buen producto de la manera más sostenible, nos esforzamos por seguir una dieta saludable y leemos las etiquetas antes de comprar, muchos somos los que también las pasamos por el filtro de la app Yuka o similar. Estamos en el siglo de la comida saludable, de la información clara al consumidor, del compromiso con el medio ambiente y de la conciencia social y ética. Y, sin embargo, ¿por qué seguimos comprando productos de mala calidad venidos de no se sabe dónde y cómo? Si hablamos de una familia que no pase penurias, ¿de verdad esa diferencia de precio compensa? Seguramente al paladar y a la salud, no. Y a nuestros agricultores y ganaderos, tampoco.

“Europa se distingue de las políticas americanas en la calidad. Pero eso hay que pagarlo -considera Adela Hernández– Nos podemos fijar en las Denominaciones de Origen, que es una fórmula europea, en las Indicaciones Geográficas Protegidas, en la política antitransgénicos de la Unión Europea… Todo eso nos diferencia, es la única forma de preservar precios. Ante la cantidad, calidad».

La responsabilidad de los políticos

Los políticos no dejan de llenarse la boca en los últimos tiempos hablando y mostrándose al lado de la España vacía. Pero los apoyos se demuestran. El alcalde de Castelflorite considera importantísimo unos precios justos para el campo, «es como la gente podemos seguir invirtiendo (en tu localidad, en tu casa, en tu vida personal…) y progresando». Pero las reivindicaciones de la España vacía no se acaban ahí: «carreteras, son un pilar fuerte para transportar nuestros productos y para asentar población. Telefonía móvil, estamos en un agujero negro y no tenemos buena cobertura de móvil. Viviendas, estamos trabajando en un plan de construcción de viviendas, sin especular, para revitalizar el pueblo… Yo percibo que hoy día Castelflorite es un pueblo vivo. Me gustaría que los vecinos que se han marchado volviesen, aunque es difícil, y que nuevas familias puedan venir para seguir siendo ese pueblo vivo».

 

Foto de apertura: campo de maíz en Castelflorite, cortesía de David Loscertales.

Isabel Loscertales
Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.

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