Los encantos (y no solo gastronómicos) de Sète y alrededores

Los encantos (y no solo gastronómicos) de Sète y alrededores

Hay muchos motivos para tomar un tren de Renfe SNCF a Sète, la capital del Archipiélago de Thaus, que se encuentra a menos de 3 horas de Barcelona. Este lugar, capital de la región francesa de L’Occitane, mediterráneo hasta la médula, está formado por 14 localidades, cada una de ellas con encantos de sobra para diferenciarse del resto y para atrapar al viajero que llega a Sète desprevenido, sin tener ni idea de que ha ido a parar a un lugar alegre y efervescente, donde sus habitantes viven las calles como si no hubiera un mañana y se disfruta de una actividad cultural frenética durante todo el año. 

Porque tanto Sète como el resto de localidades, con sus playas inmensas, sus grandes platos de ostras, esas tiendecitas gourmet que solo encontramos en Francia, sus cafés, sus mercados, su vida en las calles y una oferta cultural imparable son una auténtica sorpresa, felizmente alejada todavía de los precios desorbitados y el turismo de masas de la Costa Azul.

Situada a apenas media hora de Montpellier y a una hora de Marsella, en Sète se respira enseguida ese ambiente inconfundible de las ciudades con puerto y sus canales, que hacen que el barco sea el medio de transporte preferido de sus habitantes, le han valido el sobrenombre de “la Venecia del Languedoc”. 

¿Qué hacer el Sète y alrededores? Desde disfrutar del atardecer en uno de sus chiringuitos playeros con los pies hundidos en la arena a recorrer en bici los 12 km de paseo marítimo o, simplemente, dejarse caer por el mercado y departir con sus habitantes, que nos sorprenderán desde el principio por una amabilidad tan alejada del estereotipo del parisino estirado que habita en nuestro imaginario colectivo. Hay mil planes para apuntar en la agenda si nos escapamos a Sète (diversos festivales musicales, teatrales y de remo que cambian por completo la fisonomía de la ciudad).

Estos son algunos de los imprescindibles: 

Ostras y mejillones en Degus Thau

Incluso a aquellos sibaritas cansados de viajar por el mundo en busca de experiencias gastronómicas únicas se les va a encoger  el corazón cuando se planten en la terraza de Degus Thau, el hermoso puesto de ostras y mejillones en que Quentin y Emilline, los jóvenes anfitriones, nos sirven las ostras que se crían a pocos metros de allí, en pleno mar.

Es un lugar deliciosamente destartalado, al que se llega en coche por una bonita carretera que nos conduce a esta caseta con encanto a raudales donde la oferta es tan escueta como tentadora: ostras (crudas y cocidas), mejillones, tielle (una empanada de pulpo típica de la zona) y unos deliciosos helados artesanales para poner fin a un ágape inolvidable que, probablemente, repetiremos si nos quedamos unos días. Los precios son un escándalo: 7€ por 6 ostras y 6€ por tres de las Medalla de Oro. Saldremos felices y saciados por un precio medio de unos 20-25 €.

Una visita al mercado y una parada en Comptoir The Marcel

Atención a este espacio imprescindible llamado Comptoir The Marcel, una barra situada en el Mercado de Les Halles, un lugar siempre animado y repleto de productos gourmet (los pescados frescos son todo un reclamo). En los fogones encontramos a Denise Martin, una celebrity en la zona gracias a su restaurante con estrella Michelin, The Marcel, y al bristronómico ubicado en un cine, Rio.

La barra del mercado es su propuesta más desenfadada pero no por ello menos solvente, un ejercicio perfecto de cocina de producto elaborada, sobre todo, con ingredientes frescos  del mercado, en su mayoría pescados. Uno de los pescados estrella de la zona es el atún, que Martin cocina a la perfección, del mismo modo que elabora un ceviche de dorada, una tempura de pulpo y gambas, una ensalada tibia del huerto y una selección de postres caseros en que, pese a lo informal de la propuesta, se nota el sello Michelin de un chef que sabe sacar lo mejor de la materia prima que trabaja, siempre con la sencillez por bandera. Imprescindible. 

Descubriendo el vermut de la zona: Noilly Prat

Tenemos que desplazarnos a la localidad de Marseillan para disfrutar de una zona más tranquila y menos concurrida que Sète, que tiene en la bodega Noilly Prat, desde hace unos años propiedad del grupo Bacardi, una de las joyas de la corona. A partir de 9 € podremos disfrutar de una visita completa a la bodega, donde nos explicarán los detalles de la elaboración de su vermú gourmet y acabaremos con una cata de sus diferentes especialidades. Nada mejor que acabar en sus hermosos jardines disfrutando de un cóctel con vermú Ambar (nuestro preferido) y Prosecco. La experiencia no tiene precio y podremos incluso echarnos una partida de petanca en sus instalaciones. 

De shopping (gastro) por Sète

Sète tiene solo 44.000 habitantes, pero su profusa oferta cultural, gastronómica y la vida que se respira en sus calles a todas horas (sobre todo los miércoles, el día en que se celebra el mercado callejero de ropa y comida) hace que parezca mucho más concurrida. Si somos amantes de los productos gourmet, podemos empezar comprando una tielle en Paradiso, un obrador especializado en este manjar donde se elaboran las empanadas in situ, y seguir con Maison Janicot, una bonita tienda con todo tipo de sofisticados productos gourmet, para después hacer una parada en la inefable Maison Politi. Este último es uno de nuestros sitios preferidos de Sète, una gran tienda de productos delicatessen con un obrador y un espacio de degustación en el que podremos disfrutar de una amplia selección de productos, unos dulces deliciosos (atención a su tiramisú) y alguno de sus zumos naturales. Atención porque muy pronto van a desembarcar en Barcelona. 

Es imprescindible, como decíamos, pasarse por el Mercado de Les Halles y, si tenemos un rato, parar a comprar unos huevos en Chez La Miss (sí, sí, a una huevería), un pequeño rincón del mercado que constituye una muestra fehaciente de ese savoir faire que siempre encontramos en Francia. ¿Queremos queso? Les fromages de Julie tiene más de 70 referencias.

Maison Janicot

Y más shopping

Todo el centro de Sète está repleto de tiendas que parecen de postal, de manera que lo mejor es perderse por sus callejuelas e ir descubriendo sus encantos a nuestro ritmo. Algunas de las paradas imprescindibles son Twenty Uno, una concept store singular que combina el diseño y la artesanía, o La Boutique de Barbara, una tienda en que predomina la ropa de diseño pero encontramos también objetos y complementos. Simone & Lucette es un imprescindible para los amantes de la moda vintage, un paraíso de vestidos de colores y complementos bonitos a rabiar. 

Dónde comer en Sète

Si tenemos en Sète nuestro centro de operaciones, dos buenas direcciones para parar a comer son Fritto, un pequeño restaurante que hace bandera de ese estilo destartalado chic tan sumamente francés, con una acogedora terracita en la que degustar frituras de pescado fresquísimo del vecino mercado a precios ajustadísimos. Otro de los chefs estrella de la ciudad es Stéphane Sarpedon, a quien encontraremos tras los fogones del inefable L’Ananas, que ofrece una voluptuosa cocina de la isla de Reunión.

Tampoco hay que hacer demasiado caso a este listado: pasearse por el centro de Sète o por los chiringuitos dispersos a lo largo y ancho de todo el archipiélago es siempre un sinónimo de ostras frescas, gambas recién salidas del mar, un atún que se deshace en la boca y todo tipo de delicias marineras. Hay que dejar siempre sitio para los postres: los zazette (una especie de galleta de forma alargada muy típica) o la ille flotant (un postre de vainilla muy típico).

La deliciosa tielle
La deliciosa tielle

Ruta de los murales: MaCO

Sète es todo un museo al aire libre en el que encontramos murales en todos los rincones, que podemos visitar en una ruta guiada en que los iremos descubriendo poco a poco. El llamado Musee a Ciel Ouvert (MaCO) cuenta con más de 30 obras de arte urbano dispersas por la localidad, que podemos recorrer por nuestra cuenta (descargando este mapa) o contratando una ruta guiada en la Oficina de Turismo. 

Balaruc-Les-Bains, destino termal

Pese a que el verano es una época ideal para viajar al archipiélago de Thaus y repartir nuestro tiempo entre la playa, la naturaleza y el buen comer, en temporada baja tiene también numerosos atractivos. Balaruc-Les-Bains es el principal resort termal en Francia y uno de los secretos mejor guardados del archipiélago de Thau. Para el otoño, nada como escapar un fin de semana al prestigioso O’Balia, un imponente balneario con una carta de tratamientos a precios muy ajustados y un auténtico oasis de paz. 

Senderismo y más

Coger la bici para recorrer un paseo marítimo de 12 km o tomar alguno de los caminos que parten de Mèze para hacer senderismo junto al mar son algunas de las propuestas que no debemos perdernos si la vida nos lleva al archipiélago de Thau. Encontraremos excursiones largas y otras de unos 10-12 km, apenas un par de horitas recorriendo su vegetación para acabar tirándonos de cabeza en las aguas mediterráneas.

Festivales y más

Toda la zona es, sin duda, un buen ejemplo de esa Europa bienestante que se dedica a disfrutar de los placeres de la vida con una copa de buen vino entre las manos. Así lo demuestra la incesante vida cultural que encontramos en Sète durante todo el año, que hace que la ciudad se llene de flow y alegría, aparentemente ajena a cualquier tragedia que afecte al mundo. Los hay a patadas: el Imagesingulières, de fotografía; el K-Live, un festival multidisciplinar que combina el arte experimental y las tendencias musicales más contemporáneas; o el Jazz à Sète, un festival de jazz en el que la ciudad entera cambia y se convierte en una especie de escenario musical y teatral donde todo gira alrededor de este estilo musical. El Voix Vives, de poesía, tiene lugar en julio, también en Sète, y así una larga lista de eventos culturales y artísticos que reflejan bien el talante de un lugar abierto al mundo, que aún se resiste a caer definitivamente en brazos del turismo de masas. 

Transporte y alojamiento

Renfe-SNCF dispone de trenes a Sète, todos los días a las 9.10 y a las 14 h desde Barcelona, con vuelta desde Sète a las 14.04 y 19.04. 

Dónde alojarse
Nosotros lo hicimos en el Gran Hotel Central, un tres estrellas majestuoso con vistas al canal, un lugar chic a rabiar de aspecto colonial con vistas a los canales y sin ninguna nota discordante (como suele ocurrir en Francia). Un espacio que nos recuerda a aquella ciudad de antaño a la que llegaron numerosos pescadores italianos huyendo de la crisis para construir el puerto.

 

Más destinos a los que viajar con Renfe-SNCF

 

 

Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.