Eres madre (o padre, que luego nos llaman feministas. O machistas), pero no eres maleni (¿paleni?). No eres como Javier Sánchez, ‘paleni’ donde los haya, que pese a que nos engaña con su look malasañero, damos fe que echa la tarde del domingo cocinando ‘muffins’ (que no magdalenas) o complejos pasteles en diferentes capas y texturas, recién salidos de su Biblia Barbie cocina para fiestas. Eres madre porque un día sentiste la llamada de la naturaleza, o porque tuviste un accidente, y pese a que has interiorizado a la perfección algunos de los ‘highlights’ maternos (las dos horas de digestión, decir Bruce Espríncel) no sabes hacer pasteles. Y además recurres de vez en cuando a ese bendito ‘pause’ llamado Angry Birds, e incluso, malandrina, te echas unas partidas mano a mano con tus cachorros.
Podrías ser catalogada de mala madre ipso-facto. Y con razón. No pretenderás que Javier Sánchez y sus adláteres, con la de horas que echan pateándose las calles en busca de crema pastelera de huevos de mosca tras haber hecho un taller familiar de cerámica creativa en casa, vayan a permitir que estés a su nivel en el ranking de buenos padres. Pero no estás sola. Gastronomistas, velando siempre por el más débil, ha querido solidarizarse con el colectivo milfster con esta sencillísima y resultona receta de un pastel ‘Bad Piggies‘, que quedará estupenda en cualquier celebración, gustará a todo el mundo y causará sensación entre los más pequeños. Mi amiga Sylvia fue la que me plantó delante este maravilloso pastel ‘Bad Piggies‘ en uno de esas legendarias fiestas en casa que comienzan a las seis de la tarde y transcurren con gran intensidad entre risas, abrazos, lágrimas y grandes dosis de violencia física y verbal hasta las siete y media aproximadamente para después dar paso a un legendario descanso del guerrero por parte de pequeños y adultos. Así se hace su pastel ‘Bad Piggies’.
Hemos querido utilizar la clásica fórmula del bizcocho de yogur cuyo envase se utiliza como medidor. O lo que es lo mismo: «el de los vasitos».
- 3 huevos
- 1 yogur natural
- aceite de oliva (1 medida del yogur)
- azúcar (2 medidas de yogur)
- harina (3 medidas de yogur)
- 1 sobre de levadura
- 1 limón
- harina y mantequilla para untar el molde
Separamos claras y yemas, y batimos muy bien siempre con varilla (este utensilio debe utilizarse durante todo el proceso, porque permite que la masa se vaya oxigenando). Apartamos las claras y añadimos el azúcar, la harina y la levadura (tamizamos, es decir las pasamos por un colador para que se oxigenen). Añadimos el yogur y el aceite y una ralladura de limón (solo la cáscara, de lo contrario el bizcocho nos quedará amargo). Por último añadimos las claras y revolvemos la mezcla.
Dejamos reposar la masa treinta minutos antes de meterla en el horno, para que el bizcocho quede más esponjoso.
Untamos un molde con mantequilla, precalentamos el horno a 180ºC y horneamos durante unos 40 minutos sin abrir el horno.
La mejor manera de hacer la esfera perfecta para el rechoncho rostro del Bad Piggie es utilizar papel de cocina y hacer la circunferencia con un compás. Recortamos la circunferencia y cortamos el pastel a la perfección. Si no, puede hacerse a ojo, por algo estamos en un post para padres chapuzas. Con el hocico del Bad Piggie ocurre lo mismo: papel de cocina y circunferencia, o a la brava. Recortamos las orejas, montamos los trozos y procedemos a chocolatear. Para las órbitas de los ojos cortamos dos esferas más o menos iguales.
Calentamos el chocolate al baño María, mezclado con una pizca de mantequilla, tanto el negro como el blanco. Aplicamos y dejamos enfriar varias horas a temperatura ambiente (nunca se debe meter en la nevera, pues el chocolate se agrieta).
Ya tendremos nuestro apañado pastel ‘Bad Piggies‘, fácil, simpático y capaz de enloquecer a la chiquillería.
