Sète, Marsella y Lyon: dónde comer en estos destinos gourmet franceses
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Sète, Marsella y Lyon: dónde comer en estas ciudades gourmet

Desde hace unos cuantos meses solemos escaparnos a Francia para disfrutar de su gastronomía. Como vecinos de los galos y como gourmets que somos, sería imperdonable dejar pasar la ocasión de hacer una escapada gastro. Y más aún cuando tenemos una línea de alta velocidad como es la que tienen montada Renfe-Sncf, que te deja en cualquier ciudad francesa en un pispás. En este post recogemos tres destinos donde disfrutar plato a plato en sus restaurantes más recomendables: Sète, Marsella y Lyon.

Sète

Qué cerquita está Sète de grandes ciudades como Barcelona, y qué gran descubrimiento fue su pescado y su marisco. Una meca a la que hay que ir alguna vez en la vida si lo tuyo, por ejemplo, son las ostras, el atún, el pulpo, la dorada. Hay tanto a probar en la Venecia del sur (así la llaman por su canales)…

Empezando por la tielle. Es una especie de empanada (la masa en este caso es más esponjosa) con pulpo, pimentón, sofrito de tomate y cebolla, es el bocado ‘nacional’ de Sète, una ciudad con restaurantes tan destacables como estos que te recomendamos a continuación.

Halles et Manger. Es uno de los dos únicos restaurantes del mercado, llamado Les Halles (rue Gambetta), donde te sirven en la mesa. Te preparan los platos en funcíón de lo que encuentran en el mercado. La ‘lamelle de seiche au chorizo et ses légumes de saison’ es su hit: fríen un choricito y luego pasan por esa sartén la sepia. Otra curiosidad interesante es el ‘halles et retour’: compras la carne en el mercado y te la preparan por 7,5 €.

The Marcel. El segundo restaurante de Les Halles es este, con una barra y un pequeño espacio para degustar la ‘cuisine de chef’ Fabien Fage, con una estrella Michelin por otro restaurante homónimo en Sète (también tiene un tercero llamado The Rio, del que te cuento más adelante). Puedes comer sus platos elaborados allí o llevártelos contigo.

Giulietta. Referencia en la ciudad por sus tielles. También tienen un local en el barrio de Petit Paris, solo para llevar, donde lo petan con  la tradicional y con la de berenjena, tomate y queso parmesano.

La Poulperie. En una calle adyacente a Les Halles está terraza nuevo cuya carta está consagrada al pulpo: carpaccio, a la gallega, en un arroz, a la parrilla… Solo abre de abril a septiembre. 2, Ter rue Alsace-Lorraine.

Le Barajo. Bar de ostras con una concurrida terraza frente al mercado. Un sitio con ambientazo para sentarse y ver la vida pasar mientras comes unas ostras y unas navajas y unos mejillones gratinados o una tapenade de anchoas. La carta de bebidas extensa. 2, rue Gambetta.

Leelou Bistrot et Gourmandises. Restaurante de cocina de mercado creativa con productos frescos donde solo puedes comer porque no sirven cenas. Hacen brunch los sábados. Su coqueta sala tiene dos ventanas que dan al canal Royal. Y si te gusta su decoración, que sepas que puedes comprar cualquier accesorio. 29, Grande Rue Mario Roustan.

Fritto. Restaurante diminuto especializado en pescaditos fritos, siempre adquirido ese mismo día en la lonja. 11 rue André Portes.

La Prohibition. Cocina ‘gourmande’ con especialidades de Sète. Es tan popular que hay que reservar mesa con antelación. 14 rue André Portes.

Chez Boule. Cada miércoles prepara macaronade, uno de los platos típicos de Sète, a base de pasta con carne y salsa de tomate. Vende el copioso plato con una copa de vino por menos de 10 €. 18 rue Paul Valéry.

Oh Gobie. Gobie es el pescado de descarte. Su terraza, adornada con redes de pescadores y cañas a modo de pérgola le da un aire de taberna marinera. Puedes tapear en las mesas altas o sentarte a comer o cenar platos más elaborados y tomar cócteles. El chef de Oh Gobiérnales había sido cocinero de barcos de lujo y tiene pescadores amigos que le llevan el género directamente al restaurante. Aquí, tienes que pedir, sí o sí, el carpaccio de rape con fresa y rúcula que te dejará el alma tan melosa como los cortes del pescado.

Ojito también al espectacular lomo de atún, que se corta como si fuera mantequilla y que va aderezado con crema de estragón y cebollas confitadas. Y no hay que olvidar las sardinas en escabeche, que se deshacen en la boca de tal manera que te comes hasta las espinas. Tremendo. Un consejo: reserva con antelación. 9 quai Maximin Licciardi.

The Rio. El restaurante de moda de Sète desde que abrió en 2018. Fue un antiguo cine y ahora, además de dar de comer, de cenar y de beber, organiza exposiciones, proyecciones, conciertos… El chef Fabien Fage, que tiene otros dos restaurantes en la ciudad (uno de ellos es The Marcel, con una estrella Michelin), firma una carta en la que sobresalen ‘l’ardoise de la mer’ (pizarra de pescados ahumados), las ostras, el pulpo roc, los arancini de gamba, el pulpo rebozado y la mayonesa cítrica. Mi recomendación es dar cuenta de tragos y bocados en las mesitas que tienen frente al canal. Ah, y mejor reservar. 7 quai Léopold Suquet.

Chez Espagne. Este restaurante clandestino que conocen todos los ‘sétoises’ ocupa una de las barracas sobre el agua. Allí te darán ostras, macaronade (uno de los platos típicos de Sète, a base de pasta y carne) y les moules farcies (mejillones rellenos de carne). Dique George Brassens.

Café Social. El alma del quartier Haut, sede de la asociación de justas náuticas del barrio. Si ves en la cara tantos platos españoles (pan con tomate con jamón, anchoas de L’Escala, pulpo a la gallega, crema catalana, mel i mató…) es porque su dueño, Olivier Virosta, es hijo de un asturiano que huyó de la guerra civil. A Café Social se va a tapear, rebañar con pan el platillo de cambembert al horno con pan, a probar el tartar de ostra (una ostra hecha añicos aderezada con cebolla, soja, jengibre y piñones), a chupar las tallarinas, a rascar el tuétano hasta no dejar un ápice de chicha… 35 rue Villaret Joyeuse.

La Coquerie. ‘Coquerie’ viene a significar la cocina en un barco o de un puerto para los marineros. Y más o menos es lo que ofrece este caro restaurante, famoso por sus pescados hechos a baja temperatura y sus pescados ahumados. Te preparan, si quieres, el llamado menú Ojos cerrados: solo dices si tienes alergias o intolerancias alimentarias, del resto se encargan ellos. Sus vistas sobre el mar son inolvidables. 1 chemin du Cimetière Marin.

La Ola. Un chiringuito de playa (en la zona de Ville Roy) tan popular que incluso llamando para reservar te costará encontrar sitio. Hasta el alcalde come allí (lo he visto con mis propios ojos). Puedes probar platos del sur de Francia y tapas porque tiene cocineros españoles que hacen croquetas de jamón, salmorejo cordobés. También tiene tumbonas sobre la arena en las que puedes comer cualquier cosa de la carta y sirven cócteles hasta la noche. Sensacional y adictiva la sepia a la plancha con aceitunas negras sobre un fondo de pisto y pimienta de Espelette, y a partir de ahí te dejo elegir: ensalada de pulpo, sardinas en escabeche, navajas con ajo y perejil, atún rojo a la plancha, tahine de atún, bacalao al horno con allioli, pasta con almejas… Abre de abril a septiembre. Accès 17, 201 Promenade du Lido.


Marsella

Seguimos con la lista de restaurantes recomendables de Sète, Marsella y Lyon. Lo que más nos gusta de la alegre y cosmopolita Marsella es la bullabesa, emblema de la gastronomía provenzal que consiste en un guiso de pescados y mariscos de roca que se sirven enteros como acompañamiento, mientras que en el caldo se echan rebanadas de pan untadas con la famosa salsa ‘rouille’ (una especie de mayonesa elaborada con aceite de oliva, miga de pan, ajo, pimentón y azafrán). Estos son los cinco restaurantes de Marsella donde acertarás si la pides.



Chez Fonfon. Auténtico ‘hotspot’ de la bullabesa, esta ‘cabañita’ de pescadores se encuentra en el Vallon des Auffes, un puertecillo del distrito 7 de la ciudad provenzal. Lleva abierto desde el año 1952, y ya son tres las generaciones que se han dedicado a mover y remover la cuchara de madera en el guiso marinero. Incluso se permiten el lujo de darle un toque contemporáneo a la presentación de su excelente bullabesa. Por cierto, la vista al Vallon corta el aliento. 140, rue du Vallon-des-Auffes.

Le Miramar. En pleno Vieux-Port (el puerto antiguo de la ciudad) es toda una institución local en cuanto a bullabesa se refiere, que se disfruta en un decorado digno de palacio. Este restaurante gastronómico es miembro fundador del ‘Manifiesto de la Bullabesa’, y eso es mucho decir: vela por el estricto respecto de la tradición en los ingredientes, el nivel de calidad y la aplicación de la técnica de este buque insignia de la gastronomía local. Además, el propietario del restaurante se formó en las cocinas del prestigioso chef Paul Bocuse. En fin, garantía TOTAL de calidad. 12, quai du Port.

 

L’Esplaï. L’Esplaï significa, en provenzal, «el buen lugar para pescar» . Dirección imprescindible en la carretera que lleva a los Goudes, una cala maravillosa a las afueras de Marsella, lleva más de 60 años en manos de una de las familias de pescadores más antiguas de la zona. El ambiente es propio de una cantina popular y el recibimiento tan cálido e informal como si fuéramos a comer un domingo a casa de la yaya. En cuanto a la bullabesa, lo peta con producto recién pescado servido en porciones generosas, y las vistas al Mediterráneo no hacen más que añadir caché a un lugar que de por sí ya enamora. 28, rue Désirée Pellaprat.

Chez MichelUn restaurante con carta dedicada a la elaboración de recetas tradicionales locales de pescados y mariscos, y con la bullabesa como especialidad destacada. Otra institución de larga trayectoria en la ciudad costera, ya que lleva abierta desde el año 1946. El restaurante es de estilo clásico y la presentación del plato estrella, 100% tradicional. Un lugar ideal para descubrir la gastronomía regional. 6, rue des Catalans.
Le RhulAquí se va en plan ‘deluxe’. Le Rhul, de estética mediterránea con su decoración blanquiazul (perfecto para los hinchas del equipo de fútbol de la ciudad, el Olympique de Marsella), se alza en la Cornisa Kennedy en un hotel-restaurante de tres estrellas. La bullabesa es exquisita (también sigue los escrupulosos condicionantes del ‘Manifiesto’ de este plato) y se sirve al estilo tradicional mientras la vista se pierde en la inmensidad del mar. 269, corniche Kennedy.


Lyon

Y acabamos con la selección de restaurantes de Sète, Marsella y Lyon. La última ciudad gourmet es Lyon es una de nuestras localidades fetiche, que hemos visitado en muchísimas ocasiones porque es uno de los epicentros de la gastronomía francesa. Aquí hacemos un mini resumen de los muchos y muchos restaurantes que hemos visitado en esta bella ciudad francesa.

Bouchons lyonnais. Son una veintena los establecimientos certificados como tales que ponen en valor la tradición culinaria de la ciudad con productos km.0 de los que también podrás conocer su procedencia. Destacamos: Daniel et Denise (8 rue de Cuire), en lo más alto de la ciudad, que destaca por la calidez de su interiorismo, el bullicio durante las horas de servicio, sus guisos, en especial, el de pollo y cangrejo de río flambeados con coñac, y sus tartas caseras (la foto que abre el post); Les Lyonnais (19 rue de la Bombarde) sirve el mítico Pâté croûte de conejo con foie gras y trompetas de la muerte; Le Café du Peintre (50 Boulevard des Brotteaux), con fotos de comensales tan célebres como sus enormes caracoles en salsa de vino tinto, que aquí sirven incluso con tostaditas, champiñones y beicon; y La Cuisinière Lyonnaise (37 rue Saint-Ferdinand), de Fabrice Brossard, principal valedor de que todo cuanto llega a las mesas es de proximidad y de la máxima calidad. Así es la materia prima que trabaja en cocina, de donde salen unos pies de cerdo estofados y acompañados con trufa negra en temporada y buenísimas patatas.

Café Hotel Dieu. Un bistrot en el centro de la ciudad de lo más animado gracias a su joven clientela.  Vale la pena la visita a este restaurante de dos plantas que ocupa un edificio de 1620, aunque solo sea para ver las escaleras y el suelo del piso superior, que se mantienen como el primer día. El contraste entre el rollo viejuno y el ambiente juvenil mola. Para rematarlo, un colorido mural de Nicolas Perrot preside la sala. Sus platos, algunos muy lioneses (recuerda a un bouchon), y otros más propios de cualquier bistrot, están bien presentados y ejecutados, sin complicaciones y con buen producto. Se nota que quien manda en la casa es alguien como Lionel Badier, que durante muchos años fue responsable de los restaurantes de Lyon del grupo de Paul Bocuse. El pâté en croûte (la ‘croûtre’ es la ‘costra’, una masa de hojaldre horneada), la cervelle de canut (salsa a base de queso blanco, crème fraîche, vinagre, cebollino y otras hierbas) con la que untar las crudités de zanahoria y coliflor, el saucisson brioché con salsa chalota al vino tinto (una salchicha metida en un brioche), la mozzarella de búfala con legumbres marinadas, la tabla de tres quesos… 2 place de l’Hôpital.

La Mère Brazier. Si tienes pasta y morro fino, este es tu lugar. La pularda demi-deuil es algo así como una orgía de lo mejor. Imagina esa ave, criada en las mejores granjas de alrededor de Bresse, al aire libre, bien alimentada, carnosa y de textura melosa  contagiada por el sabor y el aroma de la trufa auténtica. Sí, porque la receta consiste en rellenar con láminas de trufa el espacio entre la piel y la carne de la pularda. Hay que ser goloso, pero ¡benditos golosos! Un dato: en este dos estrellas Michelin se forjó Paul Bocuse. 12 rue Royale.

@Les Apothicaires

Les Apothicaires. Una chef brasileña carne de Top Chef y un cocinero francés se conocen en Lyon y deciden montar juntos este coqueto bistró de alma hipster, ambiente acogedor y cocina de pocos ingredientes y mucho sabor. Producto de primera, cocina vista y menús económicos. 23 rue de Sèze.

Gastronomistas

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