Las obras más apetecibles del Museo Thyssen

Entre los libros gastro editados en 2018 que han pasado por mis manos siento especial predilección por El Thyssen en el plato, un recetario ilustrado y diría que incluso ilustre, dado el cartel de chefs que participan en esta obra del Museo madrileño. Fue descubrir su portada y tener la pulsión de querer hojearlo. Sin siquiera saber qué cocineros habían prestado su reflexión y su talento al proyecto editorial, enseguida supe que quería devorarlo. No sé explicar muy bien porqué… Es único.

Ya no son sólo los 25 cuadros elegidos por 25 profesionales de la cocina y la pastelería que ejercen en España sino sus respectivas interpretaciones sobre el plato, así como sus argumentaciones. Me las he creído, aún a sabiendas de lo que les cuesta a algunos cocineros -diría con esto más a ellos que a ellas- expresarse con la palabra.

El valor de la inspiración es incuestionable en el terreno creativo, ya sea uno pintor, escritor, chef o pastelero, como bien demostró incluso Josep Maria Rodríguez en su magnífica Sweetology. El motivo que sugiere o provoca la acción resulta por tanto igual de poderoso frente al lienzo en blanco que ante el plato vacío. Y así es como el espectador de esta colección se relame -vale, ahora hablo por mí- con la elección de cada chef, pero también con su traslación de la pintura del museo al emplatado culinario. A mí un trabajo y otro me parecen ambos puro Arte.

Vuelvo a pasar las páginas del Thyssen en el plato y entiendo que Carme Ruscalleda prefiriera optar por otro autor en lugar de ‘repetir’ con Mondrian, elegido en este caso por Elena y Juan Mari Arzak; que Martín Berasategui se decantara por un cuadro donde la mujer, como en su historia vital, tiene una presencia destacada; que Ángel León optara por la lisa en un bodegón marino para enmarcar; o que Andrea Dopico sirviera con áurea lo que podría ser una corona de espinas. Los cuadros sugieren, pero es que las creaciones de estos también artistas, inquieren cuando no conmueven.


Me ha gustado el relato de Manuel Urbano al argumentar su embobamiento por un cuadro de Mark Rothko que a mí me lleva a otro de Monet colgado en las paredes del Instituto de Arte de Chicago. También le diría al chef que comparte gusto con la gran Fina Puigdevall y ella sabe a lo que me refiero… Me ha sorprendido la belleza abstracta del plato de Sacha Hormaechea; al igual que la indecisión de Albert Raurich, la concisión de Ricardo Sanz, y el trazo magistral de Paco Torreblanca en ‘su’ Kandinski.

En este 2019 me propongo ‘atreverme’ con la Sopa de cocido y morcilla de Jesús Sánchez; y con las Flores raras de Quique Dacosta. No lo tendré fácil, pero El Thyssen en el plato será mi mejor apoyo. Y si no, siempre me quedará el restaurante de cada uno para probar igualmente sus obras.

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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