Los 10 mejores restaurantes abiertos en 2018 en Barcelona

Las 10 mejores aperturas de 2018 en Barcelona

Lo estabais esperando. Lo sabemos. Por eso puntuales a la cita antes de que cambiemos de año, aquí está el post con los 10 nuevos restaurantes de Barcelona que mejor sabor de boca nos han dejado este 2018. Cada uno en su formato o en su concepto gastronómico, todos comparten un mismo denominador común y ese es su corte gastronomista. Confiamos seguir disfrutándolos en 2019… ¡Feliz Año!

 

Barra Alta

“Nota alta para Barra alta“, escribimos en su día sobre este restaurante. Por eso aparece en esta lista. Trabajan con sentido común en los fogones, apuestan por el sabor en unos platos que miran más allá de nuestras fronteras, los sirven en un espacio agradable… En fin, uno de esos restaurantes que nunca fallan, con los que siempre acertarás cuando te piden una recomendación. Lo han creado gente que la toca: César GuillénDaniel Roca y Marco Arriaga, que han pasado por El Celler de Can Roca, Dos Cielos, Tickets, Niño ViejoComerç 24, Tapas 24La Taverna del Suculent

La lista de platos que nos encantaron en nuestra visita es interminable: buñuelos de bacalao con ajo negro y miel; nuggets de salmón ahumado con mayonesa de miso rojo; ensalada de bogavante con ajoblanco de coco, mango especiado y maracuyá; tartar de bogavante y vieira con mayonesa acevichada, cebolla morada, cilantro y sésamo sobre una tortita de maíz; guisantes del Maresme sofritos con tripa de bacalao, butifarra y cebolla, con cococha de calamar y carpaccio de bacalao soasado… Ah, los vinos de la carta te los puedes llevar a casa al precio de la tienda o tomarlos allí por 6 euros más por el descorche y el servicio en una copa Riedel.
Laforja, 11.

 

Direkte Boqueria


“Su propuesta gastronómica es directa como promete y sus platillos, de aires asiáticos (chinos, japoneses y coreanos) con acento catalán, elaborados mano a mano con su colega Shu Zhang, —a quién conoció de manera casual aunque nadie lo diría por su complicidad— son tan sabrosos y atractivos que te dejan con ganas de más”.

Así nos dejó Arnau Muñío tras nuestro paso por su pequeña gran barra, ubicada bajo los pórticos del mercado más famoso de la capital catalana. A nosotros y a muchos otros comensales, de la ciudad y más allá. La prueba irrefutable es el premio Cuiner de l’Any 2018, un reconocimiento que recogió emocionado en la última edición del Fòrum Gastronòmic Girona. Si aún no lo has hecho, toma asiento en este pequeño gran restaurante. Gozarás.
Mercat de La Boqueria. Pòrtics de la Boqueria, Locals 4-5.

 

Fismuler


Antes de recalar también en Barcelona, el concepto gastronómico más nórdico del Grupo La Ancha abrió primero en Madrid, donde se ha convertido en un reducto de la mejor cocina de producto y de temporada, con clásicos que ya se pueden degustar en una ciudad y otra.
Su tortilla babosa de bacalao, sus platos de legumbres o su pastel de queso de postre son hits que no deberías perderte en tu primera visita. Aunque también puedes dejarlos para una segunda porque créenos si te decimos que a Fismuler volverás. Además, es ya de esos pocos restaurantes del Born ambientado para el copeo y la música en vivo. Ideal grupos y ganas de pasarlo bien, vaya.
Rec Comtal, 17.

 

Gula Bar

“Hacemos lo que nos da la gana”. Toda una declaración de intenciones de su chef ejecutivo, Martín Marchese. Un tipo que seguimos desde los tiempos remotos del Speakeasy y que nunca nos ha defraudado. Dicho lo cual, su sentencia es la mejor descripción del trabajo que llevan a cabo en este local abierto en agosto que es el hermano pequeño del vecino Santa Gula. Si aquél se dedicaba a hacer cocina de mercado, Gula Bar es mucho más canalla, más cañero -sobre todo más cañero-, más urbano y la mar de viajado, a juzgar por sus exóticos y particularísimos bocados de finger food. No os perdáis ni su versión de las típicas y tópicas bravas ni sus albóndigas ni su postre de maíz al cubo. ¡Un hallazgo!
Doctor Rizal, 20. 

 

Saó

Sao_Barcelona
Nos sorprendió en su día y nos sigue gustando ahora que tiene cierto recorrido y la misma vocación que lo vio nacer hace unos meses: alta cocina elaborada íntegramente con productos de temporada y proximidad, que muestra el buen pulso de su chef, Juanen Benavent, curtido en plazas como el estrella Michelin Goust, en París.

La cocina de Saó es la combinación perfecta entre buen producto y una técnica precisa, sin alardes rocambolescos pero con mucho conocimiento tanto de los puntos de cocción como de la materia prima con la que se trabaja, que toma forma de tres menús que van cambiando semanalmente. Por un lado, el Llavor, más escueto, para los mediodías laborables; el Germinat, algo más largo; y Arrels, todo un menú degustación, el que mejor ejemplifica la esencia de un chef inteligente y hábil, que apuesta por combinaciones de ingredientes en muchos casos sui generis en platos siempre basados en el recetario tradicional mediterráneo. Al frente de la sala, Paloma Benavent, que trabajó con el chef en París y gestiona con maestría un comedor con pocas mesas, agradable y elegante, en el que disfrutar de una de las cocinas más interesantes que han llegado a la ciudad en los últimos tiempos.
Cesare Cantú, 2.

 

Slow & Low

Porque nos gusta la gente joven que se lanza al ruedo gastronómico sin pensárselo dos veces; porque nos gustan las cocinas abiertas de las que salen platos, pero también gritos de guerra y palabras cómplices; porque nos gusta poder elegir entre la barra que se asoma a los fogones y las mesas altas; porque Frank Beltri, Nicolás de la Vega y Alejandro Santafé vuelcan a diario su experiencia culinaria como sus viajes gastronómicos en menús de sabores lejanos con producto de proximidad.

Porque entre los tres atesoran un bagaje de aúpa que avala tanto la rotundidad como la chispa de sus platos. Porque hemos flipado con su aparentemente sencilla ensalada de tomate y queso; su sam vietnamita; su potente mollete de rabo de rubia gallega; y esos postres tan Espai Sucre. Platos que en una primera lectura igual no nos dijeron demasiado, pero al probarlos… ¡ay, al probarlos! Eso deberías hacer también vosotros si no lo habéis hecho ya. Descubrid Slow & Low con el firme propósito de dejaros llevar y veréis cómo fluye la degustación…
Comte Borrell, 119.

 

The Alchemix

Decir que el mundo de la coctelería barcelonesa entra a 2019 en plena ebullición, no es una novedad. Pero es de justicia incluir en este resumen del año que dejamos a The Alchemix, la apuesta valiente de Sergi Palacin, chef, e Ignacio Ussía, coctelero. Se conocieron en el Gaggan de Bangkok. Aviso para despistados: se le considera el mejor restaurante de Asia. Con ese bagaje y convencidos que el camino a recorrer juntos entre cocina y coctelería no ha hecho más que empezar, regresaron a su ciudad para abrir un establecimiento que los une como ningún otro.

A The Alchemix se entra por la barra de coctelería y, en el fondo, nos espera el restaurante. Cócteles y cocina se inspiran a la par en las cocinas asiáticas y en la catalana. Los referentes son claros, pero el resultado os va a sorprender (positivamente). En la copa, cócteles macerados de rabo de toro, o en un bacalao a baja temperatura con tempeh de alubias. En el plato, fusiones como las estupendas gyozas de sepia con albóndigas. Ellos lo llaman gastro-cocktail bar. Por su talento y su valentía, The Alchemix es una de nuestras propuestas favoritas.
València, 212.

 

Valmas


Es el terreno de juego, literalmente, de dos jóvenes mujeres autodidactas, Natalia Jokiel y Melissa Herrera, en la sala y la cocina respectivamente, y de los comensales que se van a encontrar en este establecimiento con una propuesta muy diferente a lo habitual. ¿En qué consiste? En sentarse y dejarse sorprender (no hay carta y no se puede saber lo que se va a comer hasta tenerlo delante de nuestras narices), sometiendose al ingenio de la chef.

Porque Herrera, en base a lo que encuentra por la mañana en el mercado (por lo que todos los productos son fresquísimos y en gran parte bio), preparará lo que se le antoje (tras un cuestionario al cliente para conocer sus gustos, posibles alergias… y adaptarse a ello). Una idea atrevida cuyo resultado son platos elegantes, sabroso y con inspiraciones y técnicas muy variadas. Para dejar boquiabierto, siempre.
Mallorca, 235.

 

Xavier Pellicer

Ya hace tiempo que el cocinero Xavier Pellicer encontró el equilibrio entre un estilo de vida saludable sin renunciar al placer de comer. La máxima expresión de su savoir faire es el restaurante que ha bautizado con su nombre y que gusta por igual a veganos, vegetarianos y a omnívoros como nosotros. Entre sus hits, la patata macaria con judía verde tierna (con rebozuelos el día de nuestra visita), la coliflor (como un puré) con huevo a 62º C y aceite ahumado y todos sus filetes vegetales, el céleri entre ellos.

Los materiales naturales utilizados en la decoración del lugar hacen de este un establecimiento confortable y cálido, en perfecta sintonía con los alimentos ecológicos y de proximidad que integran los platos de su oferta gastronómica y que tratan con el máximo respeto en los fogones. Tras tu visita, y si aún te resistías, amarás los vegetales.
Provença, 310.

 

Zero Patatero (cerrado)


Menuda sorpresa nos llevamos con la reconversión del Big Kokka —restaurante nikkei que nos encantó— en Zero Patatero, una propuesta gastronómica basada en la filosofía del Km0 que nos ha parecido de 10. Como en su antecesor, tras el proyecto encontramos el tándem formado por Grupo San Telmo y Derby Hotels Collection al que aquí se suma otra pareja, la formada por el chef Luca Marongiu y el jefe de sala Gonzalo Rivière, quienes han cerrado su propio restaurante (Els Garrofers, en la localidad de Alella), para mostrar su poderío en Barcelona.

Que el interiorismo del local no te engañe. Aquí el postureo no tiene cabida. Todo lo que sirven en la mesa, en los platos y en las copas, tiene un porqué y una historia detrás: huevos ecológicos del Niu d’Ous de Òrrius, quesos Vilatzara de Vilassar de Mar y verduras del Maresme; arroz Illa de Riu de L’Aldea (Baix Ebre, Tarragona), cordero de Cal Pauet (L’Espunyola, Berguedà), pescado de la lonja de la Barceloneta… Mínima intervención en origen, máxima potencia en el paladar. Loados sean los “productos con alma“, con sabor y calidad, de la tierra y del mar.
Passatge Mercantil, 1.

Gastronomistas

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