10 motivos para amar Pepa Tomate - Gastronomistas

10 motivos para amar Pepa Tomate

 Nos hemos ido hasta Gràcia, a la Plaza de la Revolució, para sentarnos en una de las mesas del jovencísimo Pepa Tomate y elaborar, ante un surtido de tapas, un listado de razones por las que es sencillamente imposible no caer rendido ante los encantos de este restaurante que lleva abierto apenas cuatro meses.

1- Una de sus mesas es un futbolín. Todos los que alguna vez han (hemos) hecho campana del instituto para plantarnos ante un futbolín sabemos que esta es razón suficiente para idolatrar un lugar. Para nosotros, que no teníamos remordimientos en gastarnos la semanada en esta (entonces) transgresora actividad extraescolar mientras nuestros compañeros se aprendían Sol, i de dol, bastaría este motivo para justificar nuestro amor. Pero para los que iban a clase, ellos, los otros, que vivían como si fuese suyo el desconsuelo de la Generación del 98, tenemos que dar nueve más. El futbolín está cubierto por un cristal y puedes echarte unas partidas cuando acabas de cenar sin temor a organizar un poco de jolgorio, que al fin y al cabo estamos cenando y esto de la cocina es (debe ser) una fiesta, o al menos así lo entienden aquí.

2- Tienen un plato que se llama patates amb gràcia i amb alegria, lo que dice mucho del espíritu de un local especializado en bautizar sus platos con nombres adorables: la milanesa de la marquesa; la russa de gràcia; xocolata, xocolata, xocolata, y croquetes de pollastre feliç, por ejemplo.

3-Bruno, su director, hace pan todos los días. Y lo hace porque le da la gana y se deja el alma en la tarea. Un pan riquísimo, casero, sin aditivos, con masa madre, perfecto para acompañar una cocina en la que manda el tapeo de toda la vida, un feliz regreso a lo tradicional con algún golpe de efecto que nos indica que su chef, Pau Corderas, sabe muy bien lo que se trae entre manos.

4-Bruno, su director, al igual que Pau, su chef, aman Pepa Tomate. Parece una perogrullada, sí, pero en el fondo no lo es: ellos están tan entusiasmados con lo que hacen que es difícil que no te contagien. Y la cocina es de estas cosas en la vida, como tantas otras, qué os vamos a contar, que cuando no se hace con amor se nota enseguida.

5-Pau Corderas, su chef, dice deber su filosofía ante los fogones «a sus abuelas». No obstante, siempre con su abuela presente, se formó durante dos años junto a Quim Marqués (alma mater del local, así como del recomendable Lalola de Las Arenas) en los fogones del Suquet de l’Almirall. De sus abuelas aprendió Pau a elaborar una cocina de mercado (y cuando decimos de mercado lo decimos de verdad: los ingredientes se adquieren a diario en el vecino Mercat de Gràcia) que apuesta por una recuperación de los platos tradicionales bien hechos, desde los macarrones de cine (otro nombre que nos cae bien) hasta los espárragos a la parrilla con foie, parmesano y rúcula o la popular ensaladilla rusa, con mucha atención al producto y sin olvidar nunca que en Pepa Tomate, defiende Pau, su máxima es «cocinar lo mismo que cocinaría en casa¨.

6- El vino de la casa se llama Viva la Pepa. Se elabora, tanto el tinto como el blanco, en una pequeña bodega y cuesta 15,90 € (el tinto) y 12 € (el rosado). Son caldos suaves, jóvenes, de personalidad discreta, perfectos para maridar con cualquiera de las tapas de la carta.

7- Tienen tapas que por sí solas merecen una visita. Los buñuelos de espinacas y alioli de miel, y los tomates verdes fritos con camembert son dos de ellas. Aunque conviene también echar un vistazo a la pizarra en la que figuran los platos del día.

8- El local debe su nombre a Pepa Farré, una ‘gracienca’ que vivió hace años en una casita del barrio y que era una apasionada de dos cosas: la cocina y los tomates, de ahí el mote de Pepa Tomate, que ahora presta su castizo nombre a este restaurante.

9- Su carta no suele superar los 20 €, un precio razonable para los tiempos que corren. Pero tienen otra opción aún más económica, el consistente Plat du Jour, con entrante, bebida y pan, a 10,50 €.

10- Porque Gràcia, tan puesta en cocina internacional y restaurantes a la última, necesitaba un Pepa Tomate que llegase para poner sobre aviso de que lo tradicional se está desvaneciendo en el barrio cuando ahora lo que toca, precisamente, es ponerlo de moda. Que diese a ‘graciencs’ y foráneos esa dosis de cocina tradicional, bien hecha y buenrollista en un local alegre y bonito, con hermosas lámparas rojas de aire industrial, con un chef con un ‘seny’ que no cabe por la puerta, una barra animada, un director que hace pan, un menú del día rico, sencillo y económico y una clientela que, como nosotros, tiene pocas cosas claras en la vida (la inseguridad existencial que provoca no haber leído a Foix en la adolescencia), pero una de ellas es que alguien que pone un futbolín como mesa solo puede ser muy pero que muy de fiar.

 

pepatomateLo mejor (después del futbolín): el equilibrio entre calidad-precio-satisfacción.

Lo mejorable: en horas punta está, entre la barra y las mesas, tal vez demasiado animado para el gusto de algunos.

 

Pepa Tomate
Plaza de la Revolució, 17.
Teléfono: 93 210 46 98.
Horario: de martes a domingo de 13 a 16 h y de 20 a 24 horas.
Precio medio: 20  €.

 

 

 

 

 

Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.