Mamá, te invito a comer fuera - Gastronomistas

Mamá, te invito a comer fuera

«Hoy puede ser un gran díaaaaa, plantéatelo asíííí…». Ya lo cantaba Serrat; te lo recordamos ahora, hoy, cuando hemos colgado este post: es el Día de la Madre. Y aunque madre solo hay una, las hay de muchas ‘clases’. Te sugerimos una selección de nueve restaurantes de Barcelona y Madrid a los que llevarla. Los hay para dejarse los ahorrillos de unos cuantos meses y los hay para bolsillos más modestos. A ver qué plan te encaja más. Y si el problema es francamente de presupuesto, en vez de salir a comer o a cenar, siempre puedes llevártela a tomar un cóctel. Hay locales, como el Dry Martini, en Barcelona, que ha dedicado tres combinados a todas las madres. Buen provecho, ‘mami’.

 

En el Moments viviríamos un gran Moment.
En el Moments, con mi madre viviríamos un gran ‘moment’.

No es que mi madre sea sofisticada ni se mueva entre el lujo, pero me encantaría sacarla de la humildad de su pequeño pueblo para que viera que «ese mundo» existe y que, ni que sea por un día, ella puede disfrutarlo. Así que la llevaría al dos estrellas Michelin de Carme Ruscalleda y su hijo Raül Balam, el Moments, en Barcelona. Sólo entrar en el hotel Mandarin Oriental tras admirar el escaparate de Tiffany’s ya la veo diciendo: «¡Qué bien vive alguna gente!».

Nueve razones más por las que la llevaría allí:

1. Porque es un sitio especial, como ella.

2. Porque, como Carme Ruscalleda, mi madre es una mujer hecha a sí misma, luchadora y una grandiosísima cocinera.

3. Porque mi madre, con todos los respetos que merece Ferran Adrià, no entiende de deconstrucciones ni de esferificaciones, por lo que debería apostar con un estilo más tradicional, aunque lleve el toque innovador que la haga sorprendente.

4. Porque tiene la cocina a la vista, y eso es un espectáculo extra, que a mi madre fascinaría.

5. Porque ella odia lo ‘viejuno’ y adora lo contemporáneo, así que le gustaría una decoración como la del Moments.

6. Porque una vez en la vida hay que probar el arroz de Carme Ruscalleda.

7. Porque si la llevara a comer podría probar el menú antiaging (antiedad, vamos) elaborado por Ruscalleda y el doctor Manuel Sánchez, de la Clínica Planas, por lo que la posibilidad de salir con una arruga menos la haría feliz (aunque es evidente que no saldría con esa arruga menos).

8. Porque si la llevara a cenar pediríamos un menú degustación (117 €) que evitara indecisiones innecesarias.

9. Porque mi madre es la persona más generosa y bondadosa que nunca conocí; porque mi madre, como su hermana (mi tía Palmira, la de la tarta cuajada), es amor, y eso no se paga ni con un menú degustación en un dos estrellas en un hotel de lujo en pleno Paseo de Gràcia. Eso, solo se puede pagar con amor. El mismo que ella pone en su cocina cada día y que tantos seguidores le da. Ella no quiere lujos, para ella el lujo es que le cocinen. Pero mamá, un día es un día. Por Isabel Loscertales.

Moments. Paseo de Gràcia, 38. Teléfono, 93 151 87 81.

 

 

La Balsa (nos) proporciona refugio y buenos alimentos.
La Balsa (nos) proporciona refugio y buenos alimentos.

Ya lo dicen los que nos conocen a ambas: «Os parecéis mucho». Yo sonrío y asiento, aunque ya me gustaría parecerme a ella cuando tenía mi edad, ya… He salido a mi madre, sí. A las dos nos gusta comer, y comer bien. Nos pirra que nos seduzcan por el estómago. Y que nos sorprendan. Que nos lleven tanto a ese restaurante que aún no conocemos como al que nunca nos cansaríamos de dar a conocer. Aún recuerdo cuando de pequeña mi padre me proponía ir a comer fuera tras recoger mis notas de final de curso y casi siempre acabábamos en La Balsa, donde compartíamos platos, risas y confidencias. Sin mi madre, que nunca podía escaquearse del curro. Y mira que sé cómo le gusta este sitio, premio FAD de arquitectura en 1979…

Por eso hoy quiero llevármela a este perfecto oasis del ‘Upper Barcelona‘, para que la sirvan como durante tantos años ella nos ha servido a mí y a mis hermanos. Para optar por el picoteo Balsámico (platillos de producto a muy buen precio), adorar la cocina de matriarcado que siempre ha distinguido al local, saltarse su dieta con el ‘inesquivable’ carro de postres, confesarnos al aire libre lo que aún no sabemos la una de la otra, brindar con medida, prometernos que repetiremos otro día y decirle que aún no he encontrado quien (me) cocine como (mi) ‘Mam’. Por Belén Parra.

La Balsa (Infanta Isabel, 4. Teléfono: 93 211 50 48).

 

 

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El Avalon, para mammas que se consideran modernas sin serlo tanto.

A mi ‘mamma’ la llevo (casi) siempre al Avalon. Por muchos motivos. Primero: la mano que mece los fogones pertenece a todo un biestrellado, Ramon Freixa. El cocinero triunfa en Madrid con su restaurante homónimo, donde los oropeles van y vienen, igual que cata el éxito en Barcelona con un establecimiento que se ubica en los bajos del Grand Hotel Central, en plena Via Laietana. Segundo: tiene nivel gastronomista; hasta hace poco había un menú que apenas sobrepasaba los 20 euros incluso en noches y festivos . Ahora, la carta sale por entre 25 y 30. Tercero: ella va de moderna, aunque no lo sea tanto, así que en el Avalon, con su tranquila y cálida decoración contemporánea, se siente a gusto. Cuarto: como va de moderna, le gustan propuestas que se salen de lo típico sin ser transgresoras, porque aquí la carta es mediterránea, con platos reconocibles; hay ensaladas, croquetas, hamburguesas, pescado de lonja… Y cuarto: está céntrico, y como le encanta caminar, luego salimos a dar una vuelta, ya sea por el Born o por el Gòtic relamiéndonos con esos canelones que, por mucho que se esfuerce, en casa no le salen ni a tiros. Que conste que lo confiesa ella misma. Por Ferran Imedio.

Avalon (Pare Gallifa, 3. Teléfono: 93 295 79 05).

 

 

La tortilla. Está buena, pero hoy no es tu día, nena.

A mi madre le gusta picar, lo que viene siendo comer de raciones y de tipos. Y si hablamos de cocina en miniatura en Madrid, hay que mencionar Txirimiri. Con cuatro establecimientos en la capital, su éxito ha sido fulgurante. Aunque el gran clásico sea el pincho de tortilla con cebolla caramelizada, ése no lo pediría porque para tortilla, la de mi madre. Pero seguro que nos podríamos apañar con el de bacalao en tempura o con el bikini de rabo de toro… cocina de toda la vida, pero con un punto imaginativo. Elegiría el de la calle Castillo, en pleno Chamberí, para aportar una mayor dosis de casticismo, algo que a los que somos de fuera siempre nos gusta. Además, la parroquia es joven y ligerísimamente moderna, con lo que suele estar animado, que los padres, por ser padres, no tienen por qué ir a sitios coñazo. Por Javier Sánchez.

Txirimiri (Castillo, 16. Teléfono: 91 866 40 30).

 

 

La Freiduría de Pauli
La agradable terraza de La freiduría de Pauli, simple y buena cocina gallega tradicional.

Hace 30 años que oigo hablar de aquel ‘roadtrip’ a Galicia que mi madre y su gran amiga se pegaron en su juventud rebelde. Por lo visto, estas vacaciones aguardan secretos inolvidables. Precisamente para que me suelte alguno, la llevaría a La Freiduría de Pauli. Situado en la calle Bisbe Sivilla, 46 (teléfono, 93 211 14 94) de Barcelona, ofrece cocina gallega tradicional (menú: 11€ y carta: 20-40€ ). Simple pero acogedor, y con una agradable terraza. Y, como las mamis se merecen una celebración todo el año, me guardo otra dirección a la que prometo llevarla algún día, sin razón impuesta por el calendario: Pepa Tomate . La gastronomista Laura Conde me lo recomienda por su deliciosa ensaladilla rusa, uno de los platos favoritos de mi mamá.  Por Laia Zieger.

La Freiduría de Pauli (Bisbe Sivilla, 46. Teléfono, 93 211 14 94). Pepa Tomate (plaza de la Revolució, 17. Teléfono 93 210 46 98).

 

 

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Buenas Migas, en pleno barrio gótico de Barcelona.

A mi madre le encantaba todo tipo de cocina, tanto china (de la auténtica), como cocina de mercado catalana, o lo que se tercie. Últimamente se había aficionado a la cocina japonesa y le encantaban los sara udon de La Cuina de l’Uribou. Por desgracia, este Día de la Madre no podré llevarla a comer a ningún sitio porque nos dejó hace un año. Pero lo que sí puedo deciros es dónde la llevé un día en el que, tras muchos meses de aislamiento, pudo salir del hospital y tenía unas ganas enormes de volver a pisar las calles de Barcelona y empaparse de su esencia. Quería llevarse un buen recuerdo de despedida y, como hacía un día precioso, se me ocurrió llevarla en coche hasta el barrio gótico. Podía dejar el coche en el parking de la Catedral y hacer un breve paseo por las callejuelas hasta el Buenas Migas de la Baixada de Santa Clara 2; teléfono 93 319 13 80). Las focaccias, pasteles y los cafés eran lo de menos. Lo que yo buscaba era un sitio resguardado, con amplios ventanales, desde el cual pudiéramos contemplar el marco incomparable de la catedral y sus aledaños mientras nos tomábamos una taza de rooibos con leche, su infusión favorita. Por Roger Ortuño.

Buenas Migas (Baixada de Santa Clara 2. Teléfono 93 319 13 80).

 

 

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Las siempre acogedoras hermanas Rexach, en un comedor del Hispània.

Nos compinchamos con mi padre y mi pareja para que fuese una sorpresa. Pero ella, que siempre ha tenido un sexto sentido muy acusado, adivinó dónde la llevábamos pocos minutos después de dejar Barcelona. «No iremos al Hispània, ¿verdad?» ¡Mama, así no hay manera! Y es que habíamos hablado tanto de este restaurante en casa… Sabía que le gustaría porque sus platos mantienen la tradición de la vieja cocina catalana, son suculentos, sabrosos, fáciles de comer y de reconocer. Y también porque Paquita y Lolita Rexach, las almas de esta gran casa de comidas de Arenys de Mar, comparten nombre con mi madre y mi tía. ¡No sabéis la gracia que nos hace esta coincidencia! Las dos hermanas, tan bien avenidas, tan acogedoras, tan cercanas, tan amables con la clientela. Tendríamos que volver un día de estos, mamá. Tú te lo mereces. Por Carme Gasull.

Hispània (Carretera Reial, 54. Arenys de Mar-Caldetes. Teléfono: 93 791 04 57).

 

 

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Carles Gaig, cocinero tradicional y vanguardista a la vez,

La volvería a llevar allí, aunque ya estuvo hace poco junto con mi padre: les invitamos a celebrar —los dos, a solas— la friolera de 40 años de casados (sí, son de las parejas que se quieren todavía al cabo de tantas guerras). No queríamos incomodarles con sofisticaciones que les complicaran el momento, pero tampoco era plan pasarse de caseros. Y les llevamos a la Fonda Gaig. La elección resultó un éxito: recordarán siempre esos canelones, ese pato con peras, esa crema catalana a lo Gaig, porque todo les podía parecer como siempre, pero en realidad lo disfrutaron más que siempre. Hay algo que contribuyó defintivamente a sublimar la fiesta: el amabilísimo trato que les dispensó Fina Navarro y la sonrisa familiar de Carles Gaig tras los fogones. Ahora que, desde hace algunas semanas, en el local de la Fonda Gaig tradicional convive el Gaig creativo (recién trasladado del hotel Cram), puede que, confiada por el recuerdo del primer ágape, Maria se animara esta vez a probar la versión vanguardista de su restaurante favorito. Por Josep Sucarrats.

Fonda Gaig (Còrsega, 200. Teléfono: 93 453 20 20).

 

 

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Yo a Élida la llevaría a Chicoa. Es más, tengo que llevarla a Chicoa próximamente a instancias de Joan Llobet, su anfitrión y alma mater, que la última vez que pasé por allí (cuando el cuerpo me pide bacalao lo tengo clarísimo) me dijo ‘a la próxima te traes a tu madre’, y se dedicó a darme de comer como si no hubiese un mañana, exactamente igual que hace Élida cuando voy a su casa. Y voy a dejar la elección de los platos en manos de Joan, que seguro nos sacará un buen pica pica de primero (croquetas, escalibada, calamares…) y de segundo nos pondrá una de las sugerencias de bacalao de su carta, porque si alguien tiene mano para trabajar este pescado en Barcelona ese es Joan, que cuenta entre sus admiradores con personajes tan ilustres como los hermanos Adrià.

Joan empezó a cocinar bacalao hace más de treinta años porque era ‘lo que veía en casa’, y siguió en sus trece pese a que algunos le decían que era ‘comida de pobres’. Y así, a base de buen hacer, buen humor, sencillez y pocos humos (‘cómo os gusta a los periodistas esto de los eventos y la parafernalia’. Y qué razón tienes, Joan), Chicoa se ha convertido en el lugar de Barcelona al que dirigir nuestros pasos si queremos comer bacalao, pese a que su carta ofrece, claro, otras opciones. Su interiorismo al estilo masía y su estucado en las paredes enamorarán a mi madre, que no entiende mi casa porque no tengo mueble de comedor ni vajilla de festivos, y su coulant de chocolate le robará el corazón para siempre. Lástima que Élida y yo vivimos a cientos de kilómetros y no vamos a poder compartir una mesa en Chicoa hoy, Día de la Madre, porque no se me ocurre mejor plan que juntar ante un bacalao al pil pil a dos personas que me caen tan y tan bien como Joan Llobet y Élida Seijas. Por Laura Conde.

 

Chicoa (Aribau, 73. Teléfono: 93 453 11 23).

Gastronomistas

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