Hoteles rurales de ensueño en el interior de Menorca

Cinco agroturismos donde comer y alojarse en Menorca

Quien haya conocido Menorca en octubre convendrá conmigo en que es el momento propicio para volver sobre ella. Por su clima, su naturaleza tranquila, su conciencia sostenible y su firme compromiso con la producción local.
Porque resulta el destino ideal para perderse y encontrarse incluso con uno mismo. Porque facilita el aislamiento deseado.

Hacerlo en cualquiera de los “llocs” de este artículo ofrece una visión real de lo que es y supone Menorca, también para el que la trabaja. Una experiencia siempre única para quien la repite.

Los agroturismos son por lo general alojamientos rurales del interior de la isla, donde el lujo pasa por su apuesta por el descanso y la desconexión más absolutos.
Por el aprovechamiento y la explotación de la tierra como vía para el disfrute, pero también para el enriquecimiento de cada propiedad o negocio.
Por el servicio exquisito que se dispensa al cliente o huésped.
Este 2020, con mayor motivo.

 

Sant Joan de Binissaida.

El tiempo se para aquí entre olivos, ovejas, buganvillas, palmeras y esos primeros rayos de sol que iluminan luego al resto de la isla. Pero también durante su desayuno a la carta -con embutidos menorquines, panes de Es Llonguet y bollería casera-, y las clases de yoga de Neus Urbina.
Puedes recorrer la propiedad y explorar sus límites, abrazar la naturaleza, y reseguir los caminos que desde aquí te llevan a dos calas tan bonitas como contrapuestas.
La nota gastronómica la pone el equipo de Ses Forquilles. Garantía de buen producto y aún mejor servicio.
Como el que ofrecen Roberta, la directora, junto a todo su equipo. Cercano, diligente y siempre-siempre con una sonrisa.

 

Torralbenc.

Sobre una loma custodiada por 17 hectáreas de viñedos recuperados, es el refugiado indicado para el enoturismo. En sus dominios puedes llegar a probar hasta cinco referencias distintas: blanco coupage, malvasía, chardonnay, rosado de 2019 y tinto de 2017.
Esas mismas son las que armonizaron el menú degustación que el chef mexicano Luis Loza preparó en mi última visita. Con sabrosos guiños a su patria natal y todo el jugo del producto local.
El restaurante acostumbra a llenarse especialmente de noche e incluso durante el último agosto, cuando el hotel amplió su oferta gastronómica con un pop up de Kabuki.
Esa diversidad culinaria seguro que volverá en el futuro. Todo suma.
En cuanto al descanso, nada mejor que las terrazas privadas de sus habitaciones, su piscina al atardecer y su espacio wellness.
Muy a favor incluso de su política «anti plásticos».

Torre Vella.

En el mismo camino que lleva a la talayótica Torre d’en Galmés se extiende luego esta fabulosa propiedad, pretendidamente alejada de todo. A primera vista verás que merece tanto lo de «vella» como lo de «bella».
Despertarás entre balidos de oveja, desayunarás km.0, bollería de Ferreries y te sentirás libre de verdad en su entorno natural. A tus anchas. A gusto.
Tomarás conciencia del placer de la soledad, de las alturas con vistas y de s’hora baixa. También de cada detalle Relais&Chateaux, que para eso es éste el más nuevo de Menorca.
De la gastronomía de autor responde el chef Albert Riera, quien desliza su trazo en recetas de siempre hasta hacerlas suyas.
Sugerentes, vistosas y más que correctas. Con producto de temporada Made in Menorca y en preciosos espacios abiertos.

Hort de Sant Patrici.

Cuando quieras experimentar ese «poc a poc» que en Menorca es filosofía de vida, acuérdate que también guía el día a día de este agroturismo de Ferreries. Entre frondosos jardines, da gusto ver cómo preservan y divulgan aquí las tradiciones durante todo el año entre viñedos –merlot, cabernet sauvignon y sirah– y pasturas.

Transmitiendo también a los huéspedes de Ca Na Xini cómo hacen sus quesos y sus vinos. Éstos cuentan, por cierto, con el aval de la DOP -Hort de Sant Patrici y «Vi de la Terra Illa de Menorca», respectivamente-. La visita con cata debería ser obligada.

Se nota la pasión que la propiedad imprime en cada tarea. También en la cocina menorquina de su restaurante, donde apenas emplean producto de proximidad y a poder ser, incluso propio.

 

Son Felip.

Esta casa de campo (y de lujo) cuenta con huerto orgánico, impresionantes vistas y un paseo que lleva a calas de aguas cristalinas, ahora menos concurridas.
Para la inmersión completa, nada como quedarse en la propiedad y disfrutar in situ de todos sus atractivos. Como el servicio de cocina, que no está incluido en el alojamiento pero que facilita comer de quien tú quieras. Esto es, tú eliges chef o restaurante de la isla y ahí lo tendrás cocinando para ti y los tuyos. Porque lo ideal ante semejante finca es compartir sus espacios.
Tambie´n sus frutos, ya que todo lo que se consume en Son Felip proviene de la misma finca, de 1.000 hectáreas dirigida por el ingeniero agrónomo Francesc Font. Volcado como está en la agricultura regenerativa, aquí sólo encontrarás producto local de temporada y de calidad excepcional. Huevos de gallinas felices, AOVE ecológico y orgánico, miel de zulla… Un paraíso slow y a la vez, high level.

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.