Entre tanto cierre o cese de actividad, todavía hay motivos para el optimismo. Al menos para el gastronómico. Así como hay quien preferiría pasar página de este 2020 cuanto antes, tambíén hay quien lo ha hecho su año.
Me refiero a los chefs que son asimismo gestores de proyectos que han visto la luz antes y después del confinamiento.
 Aventuras ilusionantes que les mantienen en vilo, pero a la vez esperanzados.

Porque sus respectivos locales son buenos, bonitos e incluso económicos, en la mayoría de casos.

Sólo en Barcelona cuento ya cuatro. Justo los que ahora detallo tras haberlos pisado y probado:

Bodega Pasaje 1986

Se hace un tanto extraño encontrar a Xavi Alba, anfitrión y jefe de sala -de lujo- del Barri, en otro barrio. Pero el de La Bordeta, en el distrito de Sants-Montjuïc, es también su casa. Aquí ha recuperado el maître un viejo local de dos plantas para impulsar su proyecto más personal.
En esta Bodega se sirven desayunos de tenedor o bien dulces con el sello de L’Atelier; tapas de toda la vida como croquetas, ensaladilla “muy” rusa o pimientos -de Padrón o del piquillo-; y guisos ‘de tapa dura’ que llegan a la mesa en su correspondiente cazuelita.
Platillos que recuperan sabores de siempre, nostalgias latentes y costumbres que nos parecían olvidadas. Empezando por la de la cervecita bien tirada y consumida en terraza.
Las frituras, por cierto, no pueden ser más finas. Suya es justamente la “cajita de fritos” que ilustra la portada de este post.
Gran Via de les Corts Catalanes, 162. 937 764 491

 

©SebastiánMaturana

Arigato

Ya citamos por aquí a este Café para recomendar sus helados, todos artesanos y de sabores inusuales. Pero quería referirme ahora a esa cocina directa y eminentemente fresca que ejecuta Sebastián Mazzola prácticamente a diario. La que caracteriza, vaya, al tándem ‘Cooking in Motion’ que forma con su pareja, la sumiller Sussie Villarico.
Lo hacen a la vista del comensal, según la mesa escogida, y bajo un criterio estético tan acusado como efectivo.
Quédate con el gusto de todo, que nunca se podrá decir que en Arigato no cocinen sabroso.
Con ingenio, producto de temporada y la influencia de otras culturas culinarias. De ahí también su waffle y su bombolone caseros.
Ensaladas diferentes, bocatas de masa madre, bocados vuelta-y-vuelta, y bebidas de elaboración propia son otros de sus alicientes.
Roger de Llúria, 114. 931 054 903

 

©TabernaNoroeste

Taberna Noroeste

Un coruñés y un salmantino coinciden en varias cocinas de Barcelona antes de decidir cruzar sus caminos. De la suma de raíces y estilos respectivos nace un Noroeste la mar de sugestivo.
Es el que juntos exploran en recetas tradicionales que ellos hacen incluso pasar por el tamiz de la vanguardia. Pide sino la bomba de cocido o la tarta de Santiago más atípica que habrás probado hasta la fecha.
Pese a las justitas raciones, todo está muy rico. Desde la empanada casera que apenas da para dos mordiscos a los callos. De los mejillones al lechazo. Del explosivo tocinillo de cielo al pan, necesario para el disfrute completo.
Luego está el plus de la cocina vista, por lo que da mejor la cara a la pareja de cocineros sin tampoco darles la tabarra.
Radas, 67. 931 150 911

©PaloVerde

Palo Verde

El francés Ludwig Amiable tiene la cocina de este restaurante para él solo. Él ‘se lo guisa’ y el resto nos lo comemos. Todo. Porque su reducida carta convence y fideliza.
El chef ni siquiera lidia con la mirada del comensal, al que la barra le queda un tanto distante mientras la Covid aguante. Una lástima. Porque su cocina del fuego es virtuosa. Las cocciones están siempre en su punto, ya sea una pasta como un simple puerro o un bacalao que se deshace en la boca.

Amiable sabe cómo complementar cada platillo de producto con guarniciones o aderezos de contrapunto. Cuando no es un salsa es una crema o un mero aliño.

La jugosidad de sus propuestas, que pueden cambiar de una semana a la otra, se manifiesta también en fondos de calado. Por ello el pan del vecino Turris se hace aquí también necesario.
Un restaurante para alargar luego la sobremesa en el Dry Martini.
Còrsega, 232. 932 376 998

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

PARTNER

imagen

Partner
imagen
Suscríbete a nuestra newsletter