L'Olivera: la delicadeza de Paco Pérez también está en Peralada
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L’Olivera: la delicadeza de Paco Pérez también está en Peralada

Cuando llegas al Hotel Peralada, en medio del campo de golf, te saluda un impresionante olivo de unos 1.500 años de antigüedad. Los 18 hoyos del recorrido también están salpicados de estos árboles. Así que estaba claro: el restaurante tenía que llamarse L’Olivera (el olivo, en castellano).

Hace unas semanas incluí L’Olivera en una lista de cuatro restaurantes de campos de golf donde comer de maravilla. Creo que me quedé corto con su texto, con la sensación de que su propuesta merecía más.

Calidad suprema

Primera cosa importante a destacar: lo dirige Paco Pérez (dos estrellas Michelin por Miramar, en Llançà, y otras dos por Enoteca, en el Hotel Arts de Barcelona), que también se encarga de Shiro, a los pies del castillo de Peralada. Y eso ya es una garantía de calidad suprema a todos los niveles: producto, ejecución, servicio

Otro detalle es que no resulta muy muy caro. Por ejemplo, el menú Sentits, su menú degustación, el que yo probé el día de mi visita, cuesta 55 pavos. Ojo, que si vas mal de pasta, siempre puedes cruzar la barra que hay en el centro de la sala y pedir algo en el bar 19th, con horario ininterrumpido y una carta mucho más informal.

Presentaciones que son poesía

Pero yo sinceramente recomiendo sentarse a comer o cenar en L’Olivera, y disfrutar de la vista y del gusto. Sí, sí, de la vista, y no solo del campo de golf que se divisa a través de los ventanales, sino de los platos, cuyas delicadas presentaciones son a menudo pura poesía.

 

Vayamos al tema: tres platazos a los que les pondría un piso. Uno: las navajas en escabeche con aire del encurtido de las propias navajas por encima, una maravilla cuya trabajo en cocina requiere las manos de un orfebre. Una joya, vamos.

Dos: los calamares rebozados ‘black and white’ (talla XXL, crujientes y a la vez tiernos, y con ese toque distinto que te arranca una sonrisa como es la mayonesa negra hecha con tinta de calamar).

Y tres: el filete de ternera con crema de múrgulas, cuya carne tierna-tierna (aquí, perdón por autocitarme) «me hizo llorar de emoción como el día que hice un eagle desde 150 metros en ese mismo campo». Es la foto que abre el post.

La lubina de L’Olivera.

Pero también disfruté de lo lindo con otros bocados, siempre con algún que otro toque propio de Paco Pérez, como los guisantes lágrima pelados sobre un lecho de butifarra blanca y negra y cebolla pochada y espuma de la piel del guisante (una cocción al dente ideal, frescura en la boca), los calçots a la brasa con romesco con un toque de trufa blanca (una versión sibarita de la calçotada para la que no hace falta babero ni guantes), la lubina marcada a la plancha y acabada en el horno que iba sobre una mantequilla de finas hierbas y papillote de verduras

Toda la carta de Vins i Caves Perelada

Por cierto, llamándose L’Olivera y estando rodeados de olivos, tampoco podían faltar los aceites, con los que mojas pan como un poseso desde el minuto 1. Y de vinos no van cortos, pues tienes disponible toda la carta de Vins i Caves Perelada porque los dueños de la bodega (por cierto, impresionante, recomiendo la visita) y del restaurante, y del golf son los mismos.

L’Olivera

Golf Club Peralada. Calle de Rocabertí, s/n. Peralada.

Teléfono: 972 538 830.

Abre de 13.30 a 15.30 y de 20.30 a 22.30 horas.

www.peraladaresort.com/gastronomia

Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en 'Cata Mayor', el canal especializado de 'El Periódico de Catalunya', y en 'On Barcelona', la sección de ocio del mismo diario. Antes, había sido responsable de la sección de Gente, donde ya contaba qué se cocía y qué se comía por ahí.

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